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La Habana. 22 de julio de 2003

 El campesinado en los últimos 50 años
De parias a diputados

POR RAISA PAGES –de Granma Internacional--

4 de enero de 1953.— Los niños miran triste desde un camastro. Tres hembras y un varón son acostados por la hermana mayor después de cenar yuca. En la zona rural de Las Cañas, en Pinar del Río, un periodista de la revista Bohemia, capta el drama de los campesinos sin tierra. Luis Camacho Perdigón si logra arar, guataquear o tumbar millo los 30 días del mes, sólo gana 40 pesos.





En otra finca del occidente cubano, Rosa Ledesma, una viuda que vive de la caridad pública, vio morir a uno de sus tres hijos en sus brazos mientras pedía limosna. La locura de la pérdida del menor le hizo mostrar el cadáver en los brazos, hasta que un hombre la detuvo.

2 de febrero de 1953.— Un guajiro, que tiene una sola vaca, vende hasta la última gota de leche, sin dejar nada para sus hijos. El reportaje de Bohemia muestra a otro hombre que carga agua por un plato de harina. Luis, un niño de 11 años, rastroja un campo de malanga, para sacar algo mientras baja la vista avergonzado.

12 de abril de 1953.— Un curandero se aprovecha de la ausencia de servicio médico en los campos. Para las lombrices que abultan los vientres de los niños, recomienda el apasote, pero su uso abusivo causó la muerte de dos niños de la zona de Jiguaní, al oriente de la Isla. A los asmáticos les recetaba entrañas de aura tiñosa frita y cocimientos de lana de carnero. Los desesperados acuden a sus remedios, por no contar con un médico. En otra foto, varios hombres cargan una parihuela. Es el entierro de un niño, víctima de los falsos tratamientos del astuto e insensible "sanador".

"Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los 500 mil obreros del campo que habitan en bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto, compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra (...) a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla ni mejorarla ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse... (Fidel Castro, en La Historia me Absolverá, su alegato de autodefensa en el juicio que se le hizo por haber organizado el ataque al cuartel Moncada contra la tiranía de Batista, el 26 de Julio de 1953)

Un Censo Agrícola realizado en 1943, reveló la existencia de 143 000 campesinos, de los cuales un 64% no era dueño de la tierra que trabajaban. A finales de la década del 1950, se calculó que los desposeídos de terrenos constituían el 70% del campesinado cubano. Laboraban la tierra como en los tiempos feudales, pagando una renta en dinero o especie sólo por el derecho de trabajar en una finca que no era suya.

La tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada mil nacidos vivos. Las enfermedades por gastroenteritis les arrancaban la vida a 86 personas por cada 100 000 habitantes.

Una encuesta realizada por la Agrupación Católica en 1954 reveló que sólo el 4% de los campesinos cubanos consumía carne habitualmente; el 2,2% se alimentaba de huevo esporádicamente; sólo el 11,2% tomaba leche con regularidad; y el uno por ciento consumía pescado en ocasiones.

Un estudio realizado sobre la participación del capital norteamericano en la industria azucarera de la Isla, antes del triunfo de la Revolución en 1959, indica que los mayores propietarios eran la Cuban Atlantic Sugar, con 284 401 hectáreas; la American Cuban Refining (136 546 ha), la Cuban American Sugar Comp. (143 648 ha). Los latifundistas cubanos Julio Lobo y Falla Gutiérrez eran dueños de 164 297 ha y 144 050 ha, respectivamente.

 

" (...) el 85% de los pequeños agricultores cubanos están pagando renta, y vive bajo la amenaza perenne del desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras en producción están en manos extranjeras. En Oriente que es la tierra más ancha, las tierras de la United Fruti y la West Indian unen las costas Norte y Sur. Hay 200 mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos, en cambio permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses (...) (Fidel Castro, en La Historia me Absolverá)

SEIS AÑOS DESPUES....

17 de mayo de 1959.— "Se proscribe el latifundio", dijo el doctor Fidel Castro, en La Plata, tras firmar la Primera Ley de Reforma Agraria. El lugar para ese histórico acto fue el mismo donde estableció su comandancia, durante la lucha insurreccional contra Fulgencio Batista, hasta que en la madrugada del primero de enero de 1959, el tirano huyó a la República Dominicana.

Con esta legislación, 5 600 000 de hectáreas de tierra fueron entregadas a los campesinos. La revista del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) publicó un reportaje titulado: Una nueva Cuba entra en escena. Ventura Chirino, un campesino de Jovellanos, en la occidental provincia de Matanzas, recibió terrenos de la otrora hacienda de un ex ministro de Batista, cuando el Gobierno revolucionario expropió las fortunas malhabidas.

Jamás llegó allí ni un médico ni una escuela. Los campesinos trabajaban sólo cuatro meses al año. Ahora se creaba la cooperativa cañera Cuba Libre. Ventura Chirino expresó: "Hermano, ésta es la primera vez en mi vida que, en el tiempo muerto, tengo unos pesos en el bolsillo", mientras el tintineo de monedas servía de eco a sus palabras. Luego vendría la construcción de viviendas, la asistencia médica y las escuelas.

24 de diciembre de 1959.— Los carboneros Rogelio y Carlos, de la finca Santa Teresa, cerca del poblado de Soplillar, planean comprar víveres y ropa, con el dinero recibido por su trabajo en la cooperativa. Por la noche ven un ave nocturna posarse en el suelo. Era el helicóptero en que viajaba Fidel Castro, que había aterrizado en una pista construida por el INRA. El líder de la Revolución cenaría con los campesinos de la Ciénaga de Zapata. José Caballero le contó a Fidel que, en la Nochebuena de 1958, un soldado de Batista le había matado a un sobrino, sin conocer nunca dónde lo enterraron.

40 AÑOS DESPUES ...

10 de febrero de 1999.— En una finca del Sur de La Habana, Evelio Vega recuerda cómo aprendió a poner su nombre durante la campaña de alfabetización en 1961. Con 66 años de edad, el campesino asegura estar vivo por los servicios médicos que no le costaron "ni un centavo". Primero, un derrame cerebral, luego una hernia, pero ahí está para hacer el cuento a esta reportera, 40 años después de la promulgación de la Primera Ley de Reforma Agraria.

Johana, la nieta de Evelio, permanece atenta desde su sillón de ruedas, al relato del abuelo. De pronto, la niña revela que tiene un maestro que viene a darle clases a ella sola, en su hogar. Su madre, Míriam Vega, explica que a Johana le detectaron un tumor renal. Se lo extirparon en el hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, pero las ramificaciones tumorales le habían dañado la médula ósea. La niña recibe chequeos médicos sistemáticos.

Cerca de allí, Daniel Capote, un campesino que calzó su primer par de zapatos a los 15 años, señala que tienen una ambulancia para sacar a los enfermos de urgencia de esa lejana zona costera. Ejerció como delegado del Poder Popular en su circunscripción.

 

1 de marzo de 1999.— En Las Martinas, una finca del municipio más occidental de Cuba, Sandino, viven aún dos de los primeros campesinos que recibieron sus títulos de propietarios de tierra, aún antes de que se firmara la Ley de Reforma Agraria.

La historia de lo que sucedió allí la cuenta el historiador municipal de Guane. Unos lotes de terreno, con 10 000 hectáreas, habían sido adquiridos por el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (BANFAIC) a la Cuban Land and Tobacco Leaf Company y a los hermanos Pérez Villate por un monto de 200 000 dólares. Cuando triunfó la Revolución, el BANFAIC le cobró al Estado cubano unos 430 000 dólares por esas tierras. El dinero provino del presupuesto asignado a la Cámara de Representantes del antiguo Gobierno de Batista para el primer semestre de 1959.

En esa antigua hacienda de Las Martinas, se organizaron 20 cooperativas de créditos y servicios. Hoy existen 23 escuelas para los niños y jóvenes de la zona. Tienen médicos de la familia, un hospital, hogar materno para las embarazadas que viven distantes, y un jardín de la infancia donde se cuidan a los más pequeños mientras las madres trabajan.

Se eliminaron enfermedades como la tosferina, sarampión, fiebre tifoidea. "Las enfermeras, apunta el veguero José Manuel Acosta, vienen a vacunar a tus hijos en tu propio hogar".

"La Ley de Reforma Agraria se convirtió en todo un símbolo de lo que ha sido la Revolución" (Fidel Castro en el acto central por el 40 aniversario de la Primera Ley de Reforma Agraria, efectuado el 17 de mayo de 1999 en la sala universal del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias).

 

Julio del 2003 — La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños cuenta con unos 270 mil asociados. El sector cooperativo-campesino posee el 25% de las tierras cultivables y recibe por igual los beneficios científico-técnicos. Son los principales aportadores de tabaco, café, miel, para la exportación.

El 93% de las cooperativas están electrificadas; el 100% disponen de la cobertura de los médicos de la familia; se han construido cerca de 100 000 viviendas para cooperativistas y campesinos.

El promedio de nivel de enseñanza de ese campesinado supera el noveno grado. Más de 12 000 socios son jóvenes graduados como técnicos de nivel medio en agronomía, veterinaria, mecanización, economía, riego... Con nivel universitario existen 2 410 socios de cooperativas, quienes están graduados como ingenieros agrónomos, pecuarios, médicos veterinarios, licenciados en Economía…

Pero lo más importante que la Revolución le ha aportado al campesinado, es su dignificación dentro de la sociedad. Ya no son los parias de los campos cubanos. Ocupan cargos como Diputados a la Asamblea Nacional. Descendientes de campesinos han sido designados ministros, dirigentes del Partido y de otras organizaciones sociales.

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