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El campesinado
en los últimos 50 años
De parias a
diputados
POR
RAISA PAGES –de Granma Internacional--
4 de
enero de 1953.—
Los niños miran triste desde un camastro. Tres
hembras y un varón son acostados por la hermana
mayor después de cenar yuca. En la zona rural de
Las Cañas, en Pinar del Río, un periodista de la
revista Bohemia, capta el drama de los
campesinos sin tierra. Luis Camacho Perdigón si
logra arar, guataquear o tumbar millo los 30 días
del mes, sólo gana 40 pesos.
En
otra finca del occidente cubano, Rosa Ledesma, una
viuda que vive de la caridad pública, vio morir a
uno de sus tres hijos en sus brazos mientras pedía
limosna. La locura de la pérdida del menor le hizo
mostrar el cadáver en los brazos, hasta que un
hombre la detuvo.
2
de febrero de 1953.— Un guajiro, que tiene una
sola vaca, vende hasta la última gota de leche, sin
dejar nada para sus hijos. El reportaje de Bohemia
muestra a otro hombre que carga agua por un plato de
harina. Luis, un niño de 11 años, rastroja un
campo de malanga, para sacar algo mientras baja la
vista avergonzado.
12 de
abril de 1953.—
Un curandero se aprovecha de la ausencia de servicio
médico en los campos. Para las lombrices que
abultan los vientres de los niños, recomienda el
apasote, pero su uso abusivo causó la muerte de dos
niños de la zona de Jiguaní, al oriente de la
Isla. A los asmáticos les recetaba entrañas de
aura tiñosa frita y cocimientos de lana de carnero.
Los desesperados acuden a sus remedios, por no
contar con un médico. En otra foto, varios hombres
cargan una parihuela. Es el entierro de un niño,
víctima de los falsos tratamientos del astuto e
insensible "sanador".
"Nosotros
llamamos pueblo si de lucha se trata, a los
seiscientos mil cubanos que están sin trabajo
deseando ganarse el pan honradamente sin tener que
emigrar de su patria en busca de sustento; a los 500
mil obreros del campo que habitan en bohíos
miserables, que trabajan cuatro meses al año y
pasan hambre el resto, compartiendo con sus hijos la
miseria, que no tienen una pulgada de tierra para
sembrar y cuya existencia debiera mover más a
compasión si no hubiera tantos corazones de piedra
(...) a los cien mil agricultores pequeños, que
viven y mueren trabajando una tierra que no es suya,
contemplándola siempre tristemente como Moisés a
la tierra prometida, para morirse sin llegar a
poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como
siervos feudales una parte de sus productos, que no
pueden amarla ni mejorarla ni embellecerla, plantar
un cedro o un naranjo porque ignoran el día que
vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles
que tienen que irse... (Fidel
Castro, en La Historia me Absolverá, su alegato de
autodefensa en el juicio que se le hizo por haber
organizado el ataque al cuartel Moncada contra la
tiranía de Batista, el 26 de Julio de 1953)
Un
Censo Agrícola realizado en 1943, reveló la
existencia de 143 000 campesinos, de los cuales un
64% no era dueño de la tierra que trabajaban. A
finales de la década del 1950, se calculó que los
desposeídos de terrenos constituían el 70% del
campesinado cubano. Laboraban la tierra como en los
tiempos feudales, pagando una renta en dinero o
especie sólo por el derecho de trabajar en una
finca que no era suya.
La
tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada mil
nacidos vivos. Las enfermedades por gastroenteritis
les arrancaban la vida a 86 personas por cada 100
000 habitantes.
Una
encuesta realizada por la Agrupación Católica en
1954 reveló que sólo el 4% de los campesinos
cubanos consumía carne habitualmente; el 2,2% se
alimentaba de huevo esporádicamente; sólo el 11,2%
tomaba leche con regularidad; y el uno por ciento
consumía pescado en ocasiones.
Un
estudio realizado sobre la participación del
capital norteamericano en la industria azucarera de
la Isla, antes del triunfo de la Revolución en
1959, indica que los mayores propietarios eran la
Cuban Atlantic Sugar, con 284 401 hectáreas; la
American Cuban Refining (136 546 ha), la Cuban
American Sugar Comp. (143 648 ha). Los latifundistas
cubanos Julio Lobo y Falla Gutiérrez eran dueños
de 164 297 ha y 144 050 ha, respectivamente.
"
(...) el 85% de los pequeños agricultores cubanos
están pagando renta, y vive bajo la amenaza perenne
del desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de
las mejores tierras en producción están en manos
extranjeras. En Oriente que es la tierra más ancha,
las tierras de la United Fruti y la West Indian unen
las costas Norte y Sur. Hay 200 mil familias
campesinas que no tienen una vara de tierra donde
sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos, en
cambio permanecen sin cultivar, en manos de
poderosos intereses (...) (Fidel
Castro, en La Historia me Absolverá)
SEIS
AÑOS DESPUES....
17 de
mayo de 1959.— "Se
proscribe el latifundio", dijo el doctor Fidel
Castro, en La Plata, tras firmar la Primera Ley de
Reforma Agraria. El lugar para ese histórico acto
fue el mismo donde estableció su comandancia,
durante la lucha insurreccional contra Fulgencio
Batista, hasta que en la madrugada del primero de
enero de 1959, el tirano huyó a la República
Dominicana.
Con
esta legislación, 5 600 000 de hectáreas de tierra
fueron entregadas a los campesinos. La revista del
Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA)
publicó un reportaje titulado: Una nueva Cuba
entra en escena. Ventura Chirino, un campesino
de Jovellanos, en la occidental provincia de
Matanzas, recibió terrenos de la otrora hacienda de
un ex ministro de Batista, cuando el Gobierno
revolucionario expropió las fortunas malhabidas.
Jamás
llegó allí ni un médico ni una escuela. Los
campesinos trabajaban sólo cuatro meses al año.
Ahora se creaba la cooperativa cañera Cuba Libre.
Ventura Chirino expresó: "Hermano, ésta es la
primera vez en mi vida que, en el tiempo muerto,
tengo unos pesos en el bolsillo", mientras el
tintineo de monedas servía de eco a sus palabras.
Luego vendría la construcción de viviendas, la
asistencia médica y las escuelas.
24
de diciembre de 1959.— Los carboneros Rogelio
y Carlos, de la finca Santa Teresa, cerca del
poblado de Soplillar, planean comprar víveres y
ropa, con el dinero recibido por su trabajo en la
cooperativa. Por la noche ven un ave nocturna
posarse en el suelo. Era el helicóptero en que
viajaba Fidel Castro, que había aterrizado en una
pista construida por el INRA. El líder de la
Revolución cenaría con los campesinos de la
Ciénaga de Zapata. José Caballero le contó a
Fidel que, en la Nochebuena de 1958, un soldado de
Batista le había matado a un sobrino, sin conocer
nunca dónde lo enterraron.
40
AÑOS DESPUES ...
10 de
febrero de 1999.— En
una finca del Sur de La Habana, Evelio Vega recuerda
cómo aprendió a poner su nombre durante la
campaña de alfabetización en 1961. Con 66 años de
edad, el campesino asegura estar vivo por los
servicios médicos que no le costaron "ni un
centavo". Primero, un derrame cerebral, luego
una hernia, pero ahí está para hacer el cuento a
esta reportera, 40 años después de la
promulgación de la Primera Ley de Reforma Agraria.
Johana,
la nieta de Evelio, permanece atenta desde su
sillón de ruedas, al relato del abuelo. De pronto,
la niña revela que tiene un maestro que viene a
darle clases a ella sola, en su hogar. Su madre,
Míriam Vega, explica que a Johana le detectaron un
tumor renal. Se lo extirparon en el hospital
pediátrico Juan Manuel Márquez, pero las
ramificaciones tumorales le habían dañado la
médula ósea. La niña recibe chequeos médicos
sistemáticos.
Cerca
de allí, Daniel Capote, un campesino que calzó su
primer par de zapatos a los 15 años, señala que
tienen una ambulancia para sacar a los enfermos de
urgencia de esa lejana zona costera. Ejerció como
delegado del Poder Popular en su circunscripción.
1 de
marzo de 1999.— En
Las Martinas, una finca del municipio más
occidental de Cuba, Sandino, viven aún dos de los
primeros campesinos que recibieron sus títulos de
propietarios de tierra, aún antes de que se firmara
la Ley de Reforma Agraria.
La
historia de lo que sucedió allí la cuenta el
historiador municipal de Guane. Unos lotes de
terreno, con 10 000 hectáreas, habían sido
adquiridos por el Banco de Fomento Agrícola e
Industrial (BANFAIC) a la Cuban Land and Tobacco
Leaf Company y a los hermanos Pérez Villate por un
monto de 200 000 dólares. Cuando triunfó la
Revolución, el BANFAIC le cobró al Estado cubano
unos 430 000 dólares por esas tierras. El dinero
provino del presupuesto asignado a la Cámara de
Representantes del antiguo Gobierno de Batista para
el primer semestre de 1959.
En esa
antigua hacienda de Las Martinas, se organizaron 20
cooperativas de créditos y servicios. Hoy existen
23 escuelas para los niños y jóvenes de la zona.
Tienen médicos de la familia, un hospital, hogar
materno para las embarazadas que viven distantes, y
un jardín de la infancia donde se cuidan a los más
pequeños mientras las madres trabajan.
Se
eliminaron enfermedades como la tosferina,
sarampión, fiebre tifoidea. "Las enfermeras,
apunta el veguero José Manuel Acosta, vienen a
vacunar a tus hijos en tu propio hogar".
"La
Ley de Reforma Agraria se convirtió en todo un
símbolo de lo que ha sido la Revolución"
(Fidel
Castro en el acto central por el 40 aniversario de
la Primera Ley de Reforma Agraria, efectuado el 17
de mayo de 1999 en la sala universal del Ministerio
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias).
Julio
del 2003
— La Asociación Nacional de Agricultores
Pequeños cuenta con unos 270 mil asociados. El
sector cooperativo-campesino posee el 25% de las
tierras cultivables y recibe por igual los
beneficios científico-técnicos. Son los
principales aportadores de tabaco, café, miel, para
la exportación.
El
93% de las cooperativas están electrificadas; el
100% disponen de la cobertura de los médicos de la
familia; se han construido cerca de 100 000
viviendas para cooperativistas y campesinos.
El
promedio de nivel de enseñanza de ese campesinado
supera el noveno grado. Más de 12 000 socios son
jóvenes graduados como técnicos de nivel medio en
agronomía, veterinaria, mecanización, economía,
riego... Con nivel universitario existen 2 410
socios de cooperativas, quienes están graduados
como ingenieros agrónomos, pecuarios, médicos
veterinarios, licenciados en Economía…
Pero
lo más importante que la Revolución le ha aportado
al campesinado, es su dignificación dentro de la
sociedad. Ya no son los parias de los campos
cubanos. Ocupan cargos como Diputados a la Asamblea
Nacional. Descendientes de campesinos han sido
designados ministros, dirigentes del Partido y de
otras organizaciones sociales.
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