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C I E N C I A  Y  T E C N O L O G I A

La Habana. 11 de septiembre de 2003

LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACION Y LA SEQUIA
Declaración de La Habana de Jefes de Estado y de Gobierno

Al finalizar el segmento de alto nivel en la COP6, se firmó la Declaración de La Habana, por Cuba, Burkina Faso, Gambia, Jamaica, Lesotho, Mali, Namibia, Granada, San Vicente y las Granadinas, Venezuela, Zimbabwe, Sudáfrica, Cabo Verde, Unión Africana, Parlamento Andino, Benin y Nigeria, documento que a continuación transmitimos textualmente:

DECLARACION DE LA HABANA DE LOS JEFES DE ESTADO Y DE

GOBIERNO SOBRE LA APLICACIÓN DE LA CONVENCION DE LAS NACIONES UNIDAS DE LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACION CON MOTIVO DE LA CELEBRACION DEL SEXTO PERIODO DE SESIONES DE LA CONFERENCIA DE LAS PARTES.

Nosotros, Jefes de Estado y de Gobierno, y sus representantes debidamente autorizados de los países Partes en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en Africa, participantes en la fase de alto nivel del sexto período de sesiones de la Conferencia de las Partes, celebrada en La Habana, Cuba, del 25 de agosto al 5 de septiembre 2003,

REAFIRMANDO nuestra decisión de trabajar unidos para cumplir el Plan de Aplicación de las Decisiones de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que reconoce que la Conferencia de Lucha contra la Desertificación es una de las herramientas importantes para la erradicación de la pobreza y le confiere un papel primordial en la persecución de ese objetivo,

RECORDANDO el capítulo 17 del programa 21, que reconoce que los pequeños estados insulares en desarrollo son especialmente frágiles y vulnerables desde el punto de ecológico y constituyen un caso especial para el desarrollo sostenible,

REITERANDO nuestra adhesión a la paz, el desarrollo sostenible, el multilateralismo y la aplicación de los principios del derecho internacional, en particular la soberanía, la libre determinación, la independencia, la abstención del uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, que constituyen pilares del respeto del mundo y requisitos indispensables para erradicar la pobreza y garantizar un desarrollo sostenible,

PROFUNDAMENTE PREOCUPADOS porque la desertificación y la sequía son fenómenos crecientes que afectan directamente a la sexta parte de la población mundial y al 70 por ciento de todas las tierras secas en más de 100 países,

PROFUNDAMENTES PREOCUPADOS, ASIMISMO, por las condiciones de subdesarrollo y extrema pobreza, de hambre y desnutrición, de enfermedad y de analfabetismo que prevalecen en numerosos países en desarrollo, principalmente en las zonas rurales,

CONSCIENTES de que este grave proceso de deterioro ambiental, en particular la desertificación y la sequía, es una de las causas de las desigualdades económicas y sociales que hoy aquejan al mundo, fundamentalmente a los países en desarrollo, y al mismo tiempo agrava esta situación,

REITERANDO nuestro compromiso de construir una sociedad mundial económica y socialmente equitativa,

CONSCIENTES de la imperiosa necesidad de lograr una auténtica dignidad humana para todos, en un mundo libre de las desigualdades ocasionadas por la pobreza, la degradación ambiental y los modelos de desarrollo insostenibles,

CONSCIENTES de que si bien todas las naciones del mundo comparten responsabilidades en la lucha contra la desertificación y los efectos de la sequía, los países desarrollados deben asumir sus obligaciones específicas, como se establece en el Principio 7 de la Declaración de Río, en atención a la mayor responsabilidad que les cabe en el actual deterioro del medio ambiente y a su mayor capacidad financiera para enfrentar los retos actuales,

SUBRAYANDO la urgente necesidad de asumir una responsabilidad colectiva para mejorar la cooperación internacional, tanto entre el Norte y el Sur como entre los países del Sur, en la lucha contra la desertificación en el contexto de las diversas estrategias de reducción de la pobreza,

SUBRAYANDO ASIMISMO nuestra convicción de que los recursos que los países industrializados aporten a la solución de los ingentes problemas ambientales que enfrenta el Tercer Mundo no constituyen dádivas, sino el pago de la enorme deuda ecológica de dichos países, considerando que sus estilos de vida y modalidades de consumo han sido la principal causa del deterioro ambiental que hoy afecta a nuestro planeta,

RECALCANDO la necesidad de adoptar medidas urgentes para hacer frente a los problemas que sufren los países subdesarrollados por efecto de la deuda externa, del intercambio desigual, de la recesión provocada por la persistencia de políticas injustas y de la inestabilidad financiera en las relaciones internacionales, por sólo mencionar algunos de los principales elementos desencadenantes de esa crítica situación. Ello se traduce en los niveles más elevados de pobreza, inseguridad alimentaria, insalubridad y analfabetismo, en la pérdida de valores culturales y en la creciente ampliación de la brecha que separa al Tercer Mundo de los países industrializados,

DECLARAMOS:

Nuestra convicción de que los seres humanos de las zonas afectadas o amenazadas deben ser el centro de la preocupación de todos los programas de lucha contra la desertificación y la sequía, para lo cual se requiere, con urgencia, mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales de los habitantes de estas zonas;

Nuestro compromiso de dirigir todos nuestros esfuerzos a la lucha contra la pobreza y la inseguridad alimentaria y a la promoción del desarrollo y el progreso de todos los pueblos del mundo;

Nuestra determinación de redoblar nuestros esfuerzos en la búsqueda de la paz y de relaciones internacionales justas y equitativas; de oponernos a la guerra, a la intimidación y a la amenaza; y de crear un sistema internacional que garantice a los países en desarrollo un trato especial y diferenciado que contribuya a superar los graves problemas que hoy enfrentan para encarar el reto de combatir la desertificación y erradicar la pobreza;

Nuestra voluntad de cumplir las obligaciones que hemos contraído en virtud de la Convención, apoyando plenamente su plena y eficaz puesta en práctica;

Nuestra convicción de que el logro de los objetivos que se enuncian en la Convención requiere del cumplimiento de los objetivos internacionalmente acordados respecto de la ayuda oficial para el desarrollo (AOD).

Asimismo, acordamos:

Invitar a todas las Partes afectadas a que incluyan la desertificación en sus estrategias sostenibles así como los programas de lucha contra la desertificación y la sequía en las políticas relacionadas con las tierras, el agua, el desarrollo rural, la silvicultura, la energía, la educación y la cultura;

Promover la movilización de recursos financieros nuevos y adicionales provenientes de fuentes públicas y privadas y, en tal sentido, instar a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), particularmente a su Fondo para el Desarrollo Internacional, a que facilite los recursos financieros necesarios para ejecutar las actividades y los proyectos identificados en el marco de la Plataforma Interrregional de Cooperación entre Africa, Asia, América Latina y el Caribe;

Acoger con beneplácito la disposición del Fondo para el Medio Ambiente Mundial para servir de mecanismo financiero de la Convención y su decisión de designar la degradación de tierras (deforestación y desertificación) como una nueva esfera de actividad;

Pedir al Fondo para el Medio Ambiente Mundial que elabore directrices concretas para facilitar el acceso oportuno de los pequeños Estados insulares en desarrollo a los recursos financieros;

Incrementar la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur para contribuir a materializar el contenido de esta Declaración;

Exhortamos a los ministros de comercio que participen en la quinta Reunión Ministerial de la OMC en Cancún a tomar nota de la repercusión que tienen las subvenciones agrícolas, comerciales y de otra índole en la agricultura y el desarrollo urbano y, por consiguiente, en la desertificación en los países en desarrollo, y a considerar la posibilidad de acelerar la eliminación gradual de esas subvenciones;

Exhortamos al venidero Congreso Mundial de Parques, que se celebrará en Durban, Sudáfrica, a tomar nota del importante papel de la conservación en la tarea de hacer frente a los problemas de la desertificación.

Al propio tiempo, expresamos nuestro profundo agradecimiento y aprecio al Gobierno y al pueblo de la República de Cuba por haber acogido a esta Conferencia, así como por su generosidad, cálida hospitalidad y excelente organización.

- El ser humano debe ser el centro de la lucha contra la desertificación
 

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