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Cartas a Portuondo
POR OMAR PERDOMO —especial para Granma
Internacional—
REVALORIZAR la importancia del género epistolar en
Cuba, constituye uno de los propósitos fundamentales
del libro Cuestiones privadas, publicado por
la Editorial Oriente y que reúne una abundante
muestra de la correspondencia dirigida al profesor y
ensayista cubano José Antonio Portuondo entre los
años 1932 y 1986.
Con selección y notas de Cira Romero y Marcia
Castillo, ambas investigadoras del Instituto de
Literatura y Lingüística, el grueso volumen (418
páginas) fue estructurado a partir de cuatro etapas
significativas en la vida y obra de Portuondo. La
primera cubre desde 1932 y hasta 1943, que puede
considerarse de formación, pues en ella se registran
sus primeras colaboraciones en publicaciones
periódicas, sus dos primeros folletos, y su
graduación de Doctor en Filosofía y Letras en 1941,
año en que además de contraer matrimonio con Berta
Valdés (a quien dedicaría en lo adelante todos sus
libros), comenzó a ejercer como profesor de Español.
La siguiente da inicio en 1944 y se extiende hasta
1952: marca dos etapas importantes en la trayectoria
intelectual del autor: su estancia en México, donde
realizó estudios e investigaciones sobre teoría
literaria bajo la dirección de Alfonso Reyes, y su
labor docente en varias universidades de Estados
Unidos, aunque de este período es de destacar
también la publicación de sus ensayos El
contenido social de la literatura cubana,
Concepto de la poesía (varias veces reeditado
posteriormente) y En torno a la novela
detectivesca, además de la antología Cuentos
cubanos contemporáneos.
La tercera etapa comienza en 1953 y finaliza en
1958, y en ella sobresalen, entre otros sucesos, la
publicación en Washington de su libro José Martí,
crítico literario, y la primera edición (en
México) de El heroísmo intelectual. La cuarta
y última etapa se inicia en 1959, año en que regresa
a Cuba y se reincorpora a su cátedra de Literatura
en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba
(su ciudad natal), y llega hasta 1986, por lo que
abarca el incesante quehacer cultural y diplomático
desarrollado por Portuondo durante ese tiempo,
incluidas la fundación y dirección del Instituto de
Literatura y Lingüística, el otorgamiento del Premio
Nacional de Literatura por todo el conjunto de su
obra y la aparición de títulos emblemáticos de su
producción ensayística como Estética y Revolución,
Crítica de la época y otros ensayos,
Astrolabio, Capítulos de literatura cubana,
Martí, escritor revolucionario y
Crisol de España, por sólo mencionar algunos.
Cira Romero resalta en su nota introductoria que
Portuondo llegó a preparar desde 1932 y hasta 1965
carpetas independientes por años y tarjetas
individuales para cada uno de los remitentes de las
cartas, ordenadas de forma alfabética por el primer
apellido de los autores (escritores, músicos,
artistas de la plástica, políticos, periodistas,
historiadores, filósofos), que guardaba en una
pequeña caja de metal. “Lamentablemente —precisa la
autora— la vorágine de trabajo que lo envolvió a
partir de 1965, impidió que mantuviera esa cuidadosa
costumbre, pero sí conservó, aunque ya menos
ordenadas, las cartas recibidas con posterioridad al
citado año”.
La selección se limita a cartas remitidas a
Portuondo por autores cubanos (con la única y más
que justificada excepción de Manuel Pedro González,
escritor de origen canario y radicado en Estados
Unidos desde 1922), aunque en los fondos del
Instituto de Literatura y Lingüística se conservan
cartas suficientes de personalidades extranjeras que
podrían conformar otro volumen o ampliar el que
ahora comentamos.
Entre las firmas de cubanos se encuentran las de
Nicolás Guillén, Juan Marinello, Alejo Carpentier,
Félix Pita Rodríguez, Fernando Ortiz, Mirta Aguirre,
Lino Novás Calvo, Carlos Rafael Rodríguez, Emilio
Roig de Leuchsenring, Marcelo Pogolotti, Jorge Rigol,
Virgilio Piñera, José Juan Arrom, Jorge Mañach,
Angel Augier, Julio Le Riverend, José Rodríguez Feo,
Emilio Ballagas y Eugenio Florit.
El libro se complementa con una cronología acerca
de la trayectoria vital de José Antonio Portuondo
(Santiago de Cuba, 1911-Ciudad de La Habana, 1996) y
un índice onomástico que se enlaza con el cuerpo
central de la obra.
Algunos lectores podrían preguntarse por qué en
Cuestiones privadas no aparecen las respuestas a
las cartas recibidas durante el período que
comprende el libro. Y es que Portuondo, como también
se explica en el texto preliminar, siempre redactó a
mano, le resultaba incómodo tener que utilizar la
máquina de escribir y el entonces imprescindible
papel carbón, razón por la cual dejó pocas copias
de sus respuestas.
Como
es bien sabido, los epistolarios tienen una enorme
importancia para conocer íntimamente a hombres y a
épocas. Por eso, el libro que motiva estas líneas
representa, sin duda, una contribución de especial
significación al conocimiento de la vida y obra de
uno de los intelectuales cubanos más relevantes e
influyentes del pasado siglo. |