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Daima
y Danieska cerraron con bronce
La reina
Amarilis y el premio a su esfuerzo
POR Oscar
Sánchez, del
diario Granma
"Para
ver paisajes bonitos hay que subir lomas
altas". Escuché decir muchas veces esa frase
al hombre que en febrero de 1951 introdujo el judo
en Cuba, porque así definió siempre el premio al
esfuerzo, el maestro Andre Kolychkyne Thompson.
Y
se nos antoja ahora porque la envestidura de
campeona mundial de Amarilis Savón es justamente la
recompensa a tantos años de dedicación y entrega
al tatami. Llegó en 1991 a la escuadra nacional,
tenía entonces 17 años, y solo con uno más, en
1992, ya tenía colgada en su cuello la presea de
bronce olímpica. Igual metal mereció en la cita
del orbe de 1995 y en la de los cinco aros de
Atlanta'96. Luego vinieron dos lauros plateados del
planeta de forma consecutiva en 1997 y 1999. No
logra medalla en Sydney'00 y en el 2001 se pierde el
Mundial porque ganó la medalla de la vida: su hija
Lorena.
No
pocos se preguntaban, pero qué le falta, otros, no
tantos, fueron más fuertes al catalogarla como
segundona. Lo cierto es que la santiaguera ha sido
por muchos años la judoca de más nivel técnico en
la potente plantilla del profesor Ronaldo Veitía.
Impresionan sus proyecciones y más aún la manera
con la que encara cada combate.
Recuerdo
una entrevista en 1999. "Yo voy a ser campeona
mundial y olímpica, no me preguntes cuándo, te
enterarás", me dijo con una sonrisa que nunca
se le va del rostro, solo cuando está en el bregar
de los tatamis.
Parecía
que el tiempo se le acabaría, pero ese mismo, el
implacable le dio la razón, incluso en su estreno
mundialista en los 52 kilogramos. La imagino en ese
momento, se tiene que haber sentido la mujer más
feliz del mundo.
Y ayer
en la última jornada Daima Beltrán, una mujer que
respira vergüenza a cada paso, salió a buscar su
aporte y encontró el bronce en la categoría
abierta, tras doblegar por ese pergamino a la
monarca defensora, la francesa Celine Lebrum. El
mismo premio lo obtuvo la pequeña Danieska Carrión,
en 48, división que ganó por sexta ocasión
consecutiva la invencible japonesa Ryoko Tamura.
Y en
la jornada sabatina que le dio el título a
Amarilis, la campeona defensora Yurisleidys Lupetey
continuó en la elite de su peso, solo que ahora
tuvo que conformarse con la presea de bronce, al
igual que su compañero Yordanis Arencibia, un
hombre que ha demostrado estabilidad en estos
conciertos, pues es la tercera ocasión consecutiva
en que se lleva ese galardón, y al igual que la hoy
flamante monarca del orbe, no está lejos el día en
verlo coronado.
En
definitiva, la comitiva cubana finalizó cuarta en
el medallero con una de oro, tres de plata y cuatro
de bronce, detrás de Japón (6-1-2), Sudcorea
(3-0-0) y China (2-0-0). Sin embargo, debe
destacarse que el equipo femenino de la mayor de las
Antillas (1-3-3) fue el tercero por países en su
rama, solo superado por Japón (3-1-1) y China
(2-0-0).
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