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VILLA TERAPEUTICA EL COLIBRI0
Venezolanos adictos a las drogas se
rehabilitan en Cuba
POR DANIA SANCHEZ PARRA -especial de la AIN
para Granma Internacional-
UBICADA en
la Reserva de la Biosfera Baconao, en Santiago de
Cuba, la Comunidad Terapéutica Villa Colibrí
participa desde hace dos años en un convenio de
colaboración en la esfera de la salud con Venezuela.
Singulares atractivos naturales posee ese centro
oriental del Grupo Cubanacán, rodeado de paisajes
dominados por abruptas montañas, una rica y
abundante vegetación y fauna, el mar Caribe y un
arroyo intermitente que corre dentro de la misma
instalación.
Una excelente atención médica complementa las
condiciones de esta clínica, especializada en la
deshabituación de drogadictos. Hasta el momento unos
60 pacientes venezolanos han pasado por allí.
Colibrí dispone de 17
habitaciones, dos piscinas, sauna, gimnasios,
locales de terapia grupal, salas de juego,
biblioteca, aulas de enseñanza de computación e
idioma inglés, áreas de playa, puestos sanitarios y
cinco consultas médicas.
El tratamiento tiene un enfoque integral. Comienza
con un diagnóstico de las patologías principales y
otras asociadas y en parte del tiempo se aprovecha
la presencia de un familiar cercano del paciente,
con vistas a evaluar los antecedentes psico-sociales
y facilitar la reinserción social.
Durante unos tres meses se trabaja en el
mejoramiento conductual-cognitivo de las personas
afectadas, haciendo un uso mínimo de psicofármacos.
Para ello existe un programa variado de actividades,
que incluyen participación activa en matutinos,
terapias grupales, gimnasia básica y juegos
deportivos.
Otras opciones son el senderismo con recorridos a
sitios históricos cercanos como son las ruinas de
cafetales francohaitianos, además de competencias
deportivas y ofertas culturales.
La labor de trabajadores sociales, psicólogos,
psiquiatras y terapeutas es decisiva en la
rehabilitación, al igual que los ejercicios físicos
en aras de favorecer la desintoxicación biológica.
Elevar la cultura del paciente para que incorpore
estilos de vida y hábitos sanos devienen, asimismo,
objetivos de esa comunidad.
La drogadicción es un problema de salud en
Venezuela, sobre todo en un sector de la población
joven.
NATURALEZA Y PROFESIONALIDAD
Para Fidel José Amaya, de 31 años de edad, dejar
atrás más de una década de consumo no ha sido tarea
fácil, pero en Cuba encontró un remanso de
esperanza, en el cual se combina naturaleza,
profesionalidad y hospitalidad.
"Deseo enviar un mensaje a los jóvenes para que no
se engañen y no pierdan lo más esencial que posee un
ser humano: los valores y la autoestima. Hoy me
arrepiento y trato de reencontrar mi camino, de
recuperar a mi familia y todo lo que he perdido",
afirma.
"Cuba me ha devuelto la esperanza. Villa Colibrí es
una escuela de la vida, agradezco a este pueblo
maravilloso y a su Comandante en Jefe, Fidel Castro,
la generosidad hacia nosotros", dice emocionado.
Por su parte, Oscar Aristumiño disfruta de su
mejoría y ya revela sus aspiraciones de trabajar
como asesor de una empresa de la construcción. Su
estancia en la mayor de las Antillas ha sido una
especie de suerte, porque "tengo acceso a una
medicina de prestigio mundial, he conocido a un
pueblo que lucha por el bienestar y por mejorar la
calidad de vida de toda la sociedad", apuntó.
En Villa Colibrí cada amanecer es un renacer de
esperanza en la lucha por rehabilitar a hermanos
venezolanos afectados por las drogas, un flagelo a
nivel mundial.
Cuba tiene así a su mano la posibilidad de ayudar al
restablecimiento de pacientes de la República
Bolivariana de Venezuela y aporta otro granito de
arena en las esferas de la salud pública y la
educación.
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