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N U E S T R A  AM E R I C A

La Habana. 30 de septiembre de 2003

Argentina: La batalla de la deuda externa

POR ORLANDO ORAMAS LEON —especial para Granma Internacional—

LA Argentina de Néstor Kirchner está jugando al duro. La defensa de los intereses nacionales a la hora de encarar la renegociación de su abultada deuda externa puede incluso señalar un camino que otras naciones latinoamericanas parecen interesadas en seguir.

No es tiempo aún para evaluar con rigor el alcance de los acuerdos logrados con el Fondo Monetario Internacional, pero lo que sí parece seguro es que Buenos Aires mantuvo una postura firme para que el desembolso de los intereses de su débito no comprometa la impostergable necesidad de afrontar la acumulada deuda social.

La historia reciente de ese país austral grafica en toda su dimensión el fracaso del modelo económico basado en la doctrina del neoliberalismo. El caso argentino fue presentado a Latinoamérica como modelo, e incluso ocurrió el extremo de que el entonces presidente Eduardo Ménem anunciara el tránsito de esa nación latinoamericana al llamado Primer Mundo.

Una mentira total y una estafa al pueblo gaucho, cuyo patrimonio público fue vendido al mejor postor bajo el argumento, ya desmentido, de que la privatización conduce a la baja de los precios de los servicios y a una mejor eficiencia.

La teoría de que el mercado lo puede y decide todo se derrumbó en la Argentina sublevada, que condujo a la renuncia precipitada de Fernando de la Rúa, continuador del modelo menemista.

Recuerdo que unos meses antes de aquellos acontecimientos me encontraba en el vecino Paraguay, con boleto aéreo para viajar a Buenos Aires por Aerolíneas Argentinas. La empresa, bandera de ese país, como muchas otras, había sido vendida y para la fecha estaba en franca bancarrota ante la apatía interesada del dueño extranjero. Tuve que  recurrir a otra línea.

Ahora la historia es otra. Argentina se ha puesto de pie y pone nuevas condiciones para la mayor reestructuración de deuda en el mundo. Buenos Aires ha propuesto a los tenedores de unos 94 000 millones de dólares en bonos pagar sólo 25 centavos por cada dólar.

Claro que los acreedores de la deuda argentina ya comenzaron a expresar su rechazo, algunos airadamente, a la firme posición del Gobierno de Kirchner. Pero el propio Mandatario dejó claro que los acreedores privados apostaron al comprar bonos cuyos elevados intereses resultaban lesivos para toda una nación.

En los juegos de azar se gana o se pierde, pero cuando se empeña todo un país se pueden poner en marcha mecanismos de explosión social, como los que en Argentina evidenciaron con sangre y pobreza el fracaso neoliberal.

Cual telón de fondo están las recientes negociaciones con el FMI, que trató de imponer compromisos fiscales a la Administración argentina, cuya recaudación tendría como destino oneroso el pago de la deuda con esa institución financiera.

Pero Kirchner, durante su visita a Nueva York para intervenir ante la 58 Asamblea General de Naciones Unidas, dejó claro que las exigencias fondomonetaristas en materia fiscal son imposibles de cumplir, incluso para las economías más ricas del planeta.

Ante el plenario de la ONU, el Mandatario denunció que "la relación de países como el nuestro y otros con el mundo, está signada por la existencia de una aplastante y gigantesca deuda con organismos multilaterales de crédito y con acredores privados".

Y sostuvo que Argentina debe pagar ahora por la adopción de políticas ajenas por las cuales llegó a tal grado de endeudamiento. Asimismo advirtió que los acreedores deben asumir su cuota de responsabilidad, lo cual implica que si las naciones deudoras no resuelven su solvencia económica el "pago de la deuda resulta una quimera".

Sin capacidad de pago no se pueden afrontar las obligaciones de la deuda, pero esa posibilidad debe llevar consigo la inversión pública, por la cual esperan millones de argentinos que sobreviven en condiciones de pobreza.

Es por ello que la postura internacional de las autoridades argentinas guarda una estrecha relación con los asuntos domésticos de esa nación, donde se viven momentos de esperanza luego de afrontar la peor crisis económica y social de su historia.

Argentina debe 180 000 millones de dólares y no hay que ser matemático para comprender que esa pesada carga, amén de las onerosas condiciones de pago, lastran sus posibilidades presentes y futuras.

Pero la matemática sí sirve para comprender que si usted pagó 25 centavos para que esa inversión se multiplique por sí sola, al precio de que en un país productor y exportador de alimentos miles de personas pasen hambre, entonces hay que afrontar los riesgos de la apuesta.

En eso estriba la propuesta de Buenos Aires a sus acreedores privados, aunque esto es sólo una de las caras de la historia de la colosal deuda externa argentina.

Es por ello que en el Congreso de esa nación se haya presentado la propuesta de investigar los orígenes del endeudamiento, que se remontan a la época de la sangrienta dictadura militar, bendecida por Washington.

Mientras las propias instituciones crediticias internacionales otorgaban préstamos millonarios, miles de argentinos eran torturados y desaparecidos. No por gusto todavía están activas las asociaciones de madres y abuelas de Plaza de Mayo.

Aquellos fondos sirvieron para engrosar bolsillos manchados de sangre y además financiaron las privatizaciones que desangraron el Tesoro y el patrimonio de la nación.

Por estos días viven malos tiempos los represores y asesinos que gozaron de la impunidad impuesta a la llamada transición democrática. La decisión legislativa de echar abajo las leyes de Punto Final y Obediencia Debida abren la puerta a la justicia y ponen de manifiesto la voluntad del Gobierno de atender las demandas populares al respecto.

Lo que sucede hoy en Argentina tiene implicaciones para América Latina. El Brasil del presidente Lula ya anunció que una nueva renegociación con el FMI deberá tener en cuenta las necesidades sociales de ese gran país. La pequeña Honduras ha planteado otro tanto. Paraguay aspira a lo mismo.

Que la deuda es impagable es una verdad de perogrullo. El camino propuesto por Buenos Aires resulta una alternativa que si bien no soluciona el asunto puede marcar tendencias.

La forma de encarar la deuda externa se acompaña de nuevas estrategias. La integración propuesta entre el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) es otra propuesta que reafirma el latinoamericanismo frente al proyecto neocolonial del Area de Libre Comercio de las Américas.

El ALCA no puede separarse de la eterna espada que representa el débito externo de Latinoamérica. Argentina, Brasil y Venezuela pudieran llevar, por senderos nuevos, la voz cantante de una nueva batalla continental por la independencia.

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