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Argentina: La batalla de la deuda
externa
POR ORLANDO ORAMAS LEON —especial para Granma
Internacional—
LA Argentina de Néstor Kirchner
está jugando al duro. La defensa de los intereses
nacionales a la hora de encarar la renegociación de
su abultada deuda externa puede incluso señalar un
camino que otras naciones latinoamericanas parecen
interesadas en seguir.
No es tiempo aún para evaluar con rigor el alcance
de los acuerdos logrados con el Fondo Monetario
Internacional, pero lo que sí parece seguro es que
Buenos Aires mantuvo una postura firme para que el
desembolso de los intereses de su débito no
comprometa la impostergable necesidad de afrontar la
acumulada deuda social.
La historia reciente de ese país austral grafica en
toda su dimensión el fracaso del modelo económico
basado en la doctrina del neoliberalismo. El caso
argentino fue presentado a Latinoamérica como
modelo, e incluso ocurrió el extremo de que el
entonces presidente Eduardo Ménem anunciara el
tránsito de esa nación latinoamericana al llamado
Primer Mundo.
Una mentira total y una estafa al pueblo gaucho,
cuyo patrimonio público fue vendido al mejor postor
bajo el argumento, ya desmentido, de que la
privatización conduce a la baja de los precios de
los servicios y a una mejor eficiencia.
La teoría de que el mercado lo puede y decide todo
se derrumbó en la Argentina sublevada, que condujo a
la renuncia precipitada de Fernando de la Rúa,
continuador del modelo menemista.
Recuerdo que unos meses antes de aquellos
acontecimientos me encontraba en el vecino Paraguay,
con boleto aéreo para viajar a Buenos Aires por
Aerolíneas Argentinas. La empresa, bandera de ese
país, como muchas otras, había sido vendida y para
la fecha estaba en franca bancarrota ante la apatía
interesada del dueño extranjero. Tuve que recurrir
a otra línea.
Ahora la historia es otra. Argentina se ha puesto de
pie y pone nuevas condiciones para la mayor
reestructuración de deuda en el mundo. Buenos Aires
ha propuesto a los tenedores de unos 94 000 millones
de dólares en bonos pagar sólo 25 centavos por cada
dólar.
Claro que los acreedores de la deuda argentina ya
comenzaron a expresar su rechazo, algunos
airadamente, a la firme posición del Gobierno de
Kirchner. Pero el propio Mandatario dejó claro que
los acreedores privados apostaron al comprar bonos
cuyos elevados intereses resultaban lesivos para
toda una nación.
En los juegos de azar se gana o se pierde, pero
cuando se empeña todo un país se pueden poner en
marcha mecanismos de explosión social, como los que
en Argentina evidenciaron con sangre y pobreza el
fracaso neoliberal.
Cual telón de fondo están las recientes
negociaciones con el FMI, que trató de imponer
compromisos fiscales a la Administración argentina,
cuya recaudación tendría como destino oneroso el
pago de la deuda con esa institución financiera.
Pero Kirchner, durante su visita a Nueva York para
intervenir ante la 58 Asamblea General de Naciones
Unidas, dejó claro que las exigencias
fondomonetaristas en materia fiscal son imposibles
de cumplir, incluso para las economías más ricas del
planeta.
Ante el plenario de la ONU, el Mandatario denunció
que "la relación de países como el nuestro y otros
con el mundo, está signada por la existencia de una
aplastante y gigantesca deuda con organismos
multilaterales de crédito y con acredores privados".
Y sostuvo que Argentina debe pagar ahora por la
adopción de políticas ajenas por las cuales llegó a
tal grado de endeudamiento. Asimismo advirtió que
los acreedores deben asumir su cuota de
responsabilidad, lo cual implica que si las naciones
deudoras no resuelven su solvencia económica el
"pago de la deuda resulta una quimera".
Sin capacidad de pago no se pueden afrontar las
obligaciones de la deuda, pero esa posibilidad debe
llevar consigo la inversión pública, por la cual
esperan millones de argentinos que sobreviven en
condiciones de pobreza.
Es por ello que la postura internacional de las
autoridades argentinas guarda una estrecha relación
con los asuntos domésticos de esa nación, donde se
viven momentos de esperanza luego de afrontar la
peor crisis económica y social de su historia.
Argentina debe 180 000 millones de dólares y no hay
que ser matemático para comprender que esa pesada
carga, amén de las onerosas condiciones de pago,
lastran sus posibilidades presentes y futuras.
Pero la matemática sí sirve para comprender que si
usted pagó 25 centavos para que esa inversión se
multiplique por sí sola, al precio de que en un país
productor y exportador de alimentos miles de
personas pasen hambre, entonces hay que afrontar los
riesgos de la apuesta.
En eso estriba la propuesta de Buenos Aires a sus
acreedores privados, aunque esto es sólo una de las
caras de la historia de la colosal deuda externa
argentina.
Es por ello que en el Congreso de esa nación se haya
presentado la propuesta de investigar los orígenes
del endeudamiento, que se remontan a la época de la
sangrienta dictadura militar, bendecida por
Washington.
Mientras las propias instituciones crediticias
internacionales otorgaban préstamos millonarios,
miles de argentinos eran torturados y desaparecidos.
No por gusto todavía están activas las asociaciones
de madres y abuelas de Plaza de Mayo.
Aquellos fondos sirvieron para engrosar bolsillos
manchados de sangre y además financiaron las
privatizaciones que desangraron el Tesoro y el
patrimonio de la nación.
Por estos días viven malos tiempos los represores y
asesinos que gozaron de la impunidad impuesta a la
llamada transición democrática. La decisión
legislativa de echar abajo las leyes de Punto Final
y Obediencia Debida abren la puerta a la justicia y
ponen de manifiesto la voluntad del Gobierno de
atender las demandas populares al respecto.
Lo que sucede hoy en Argentina tiene implicaciones
para América Latina. El Brasil del presidente Lula
ya anunció que una nueva renegociación con el FMI
deberá tener en cuenta las necesidades sociales de
ese gran país. La pequeña Honduras ha planteado otro
tanto. Paraguay aspira a lo mismo.
Que la deuda es impagable es una verdad de
perogrullo. El camino propuesto por Buenos Aires
resulta una alternativa que si bien no soluciona el
asunto puede marcar tendencias.
La forma de encarar la deuda externa se acompaña de
nuevas estrategias. La integración propuesta entre
el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad
Andina de Naciones (CAN) es otra propuesta que
reafirma el latinoamericanismo frente al proyecto
neocolonial del Area de Libre Comercio de las
Américas.
El ALCA no puede separarse de la eterna espada que
representa el débito externo de Latinoamérica.
Argentina, Brasil y Venezuela pudieran llevar, por
senderos nuevos, la voz cantante de una nueva
batalla continental por la independencia. |