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BLOQUEO DE ESTADOS UNIDOS
El objetivo de Washington es “causar
hambre, desesperación
y el derrocamiento del Gobierno”
POR RAISA PAGES —de Granma Internacional—
ALGUNOS lo llaman embargo, para otros es bloqueo.
Pero ni uno ni otro apelativo refleja en toda su
dimensión las acciones del Gobierno de Estados
Unidos desarrolladas contra Cuba desde 1959.
Fue
el Secretario de Estado Cristian Herter quien
utilizó los verdaderos calificativos sobre las
medidas propuestas en una reunión del Departamento
de Estado, efectuada el 24 de junio de 1959, cinco
semanas después de promulgada la Primera Ley de
Reforma Agraria por la Revolución cubana. Herter
evaluó que esas acciones eran una guerra económica
contra Cuba, política que no se ha dejado de aplicar
durante los últimos 44 años.
“(…) Debe utilizarse prontamente cualquier medio
concebible para debilitar la vida económica de
Cuba…”, expresaba un documento oficial suscrito el 6
de abril de 1960 por L.D Mallory, importante
funcionario del Departamento de Estado. Y añadió:
“(...) Una línea de acción que tuviera el mayor
impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para
disminuir los salarios reales y monetarios a fin de
causar hambre, desesperación y el derrocamiento del
Gobierno”.
Desde entonces, no ha habido sector económico y
social de la nación cubana que no haya sentido el
rigor de la política agresiva del Gobierno de
Estados Unidos. Pero dentro de todo ese arsenal
punitivo, el bloqueo de los alimentos hacia la Isla
y las medidas para perjudicar la producción de
azúcar y otros productos agropecuarios han tenido
un carácter terrorista por su modus operandi.
La
supresión de la cuota azucarera en el mercado
norteamericano fue el primer golpe para que la
economía cubana sufriera una depresión. Se pretendía
ocasionar que gran cantidad de personas quedaran sin
trabajo y comenzaran a pasar hambre.
Los
propósitos desestabilizadores contra la Revolución
cubana, incluyeron sabotajes contra la agricultura,
la ganadería y la pesca cubanas. Dos bombas
incendiarias fueron lanzadas el 26 de octubre de
1959 contra la fábrica de azúcar Niágara, en el
territorio de Pinar del Río, en el occidente; ese
propio mes el ingenio Punta Alegre y central
Violeta, en Camagüey, en el centro-oriental cubano,
fueron objeto de varios ataques con bombas desde
el aire.
En
pleno desarrollo de la zafra azucarera, en enero de
1960, se multiplicaron los vuelos sobre cañaverales.
En ese mes el saldo de los cañaverales incendiados
en algunos puntos, fue de casi un millón de arrobas
de caña y destruyeron dos viviendas campesinas del
Norte de la provincia de Villa Clara, en el centro
de la Isla.
Este tipo de terrorismo económico se repetiría una
y otras vez. Se estima que las pérdidas originadas
entre 1960-65 por la quema de caña por ataques
piratas y la acción de bandas mercenarias
financiadas por Estados Unidos, ascendieron a un
millón y medio de toneladas de azúcar, sin incluir
los perjuicios a las instalaciones de la industria
azucarera en el proceso productivo y de exportación
de ese producto, ejecutados por agentes al servicio
de Estados Unidos.
El
incidente provocado durante un ataque lanzado el 18
de febrero de 1960 contra el central España, en la
provincia de Matanzas, donde una bomba estalló
dentro de la propia avioneta, ocasionó la muerte del
piloto, el ciudadano norteamericano Robert Ellis
Frost y del otro tripulante, Onelio Santana Roque,
ex miembro de los cuerpos represivos de la tiranía
de Fulgencio Batista. Ambos habían participado en
varias incursiones aéreas terroristas contra Cuba y
su base de partida era el aeropuerto de Tamiami, en
la Florida.
No
menos de 46 fábricas de azúcar recibieron daños
directos de manos de los agresores. Durante el
proceso de presentación de pruebas en la Demanda del
Pueblo Cubano contra el Gobierno de Estados Unidos
por los daños económicos ocasionados a Cuba,
presentada en enero del 2000, se constató que en la
producción de azúcar las pérdidas ascendieron a más
de 11 mil millones de dólares por los sabotajes y
las agresiones biológicas.
MERMAR LA PRODUCCION DE ALIMENTOS
Los
saboteadores también se dirigieron a dañar las
granjas agrícolas y avícolas que se fomentaban en el
país para producir alimentos. Sólo entre 1960-80
se registraron 34 sabotajes y ataques a la
producción agropecuaria.
En
la agricultura hubo que cambiar toda la tecnología
al no tener acceso a los equipos y piezas de Estados
Unidos. También los suministradores de insumos como
fertilizantes, pesticidas y semillas se reorientaron
hacia mercados más lejanos. Se estima que por
concepto de fletes más caros y cambios tecnológicos
los daños a la producción agropecuaria rebasaron los
2 mil millones de dólares.
Otras de las vertientes de la guerra económica fue
el ataque a embarcaciones pesqueras de diversa
capacidad. Casi 300 naves fueron agredidas. Barcos
de capturar atún, langostas camarones y de pescar
otras especies de escamas, se convirtieron en blanco
del terrorismo económico.
Hundimiento y destrucción de embarcaciones mermaron
la producción de alimentos para los cubanos y
también redujeron los acopios de productos de
exportación, como la langosta y el camarón.
Entre las numerosas acciones desatadas desde la
década de 1960, el 10 de octubre de 1972 los
tripulantes de dos lanchas artilladas abordan a los
pesqueros Aguja y Plataforma IV, cerca de la isla de
Andros. Secuestran a los pescadores, dinamitan las
naves y las hunden. Once tripulantes cubanos fueron
abandonados en una lancha al garete y rescatados por
un helicóptero de Bahamas el día 13.
Un
año después, el 4 de octubre de 1973, los pesqueros
Cayo Largo 17 y Cayo Largo 34 son atacados por dos
cañoneras y asesinan al pescador Roberto Torna y
abandonan a los demás tripulantes de las naves en
balsas de goma sin agua ni comida.
En
esta historia de terrorismo marítimo la muerte
enlutó a varias familias cubanas. Fueron asesinados,
además, los pescadores Bienvenido Matriz Díaz y Luis
Orlando Díaz Pérez, el 6 de abril de 1976. Numerosos
tripulantes fueron heridos en diversos ataques.
LA CRUEL TAREA 21
“La
CIA someterá el 15 de febrero un plan para provocar
fracasos en las cosechas alimentarias en Cuba”. Ese
sería el embrión de la guerra biológica contra la
Isla. La cita aparece como la Tarea 21 del documento
presentado el 18 de enero de 1962, con el nombre de
Proyecto Cuba, donde se exponían los objetivos y las
32 tareas originales de lo que después se llamaría
la Operación Mangosta.
Ese
mismo año se daría el primer golpe de guerra
biológica de Estados Unidos contra Cuba. La
contaminación de una vacuna de viruela aviar con la
enfermedad de Newcastle, un mortal virus que
afecta la población avícola, provocó la muerte de un
millón de aves.
Los
daños económicos de esta epidemia ascendieron a 3,36
millones de pesos por las pérdidas de carne de ave y
los gastos para desinfectar las naves de pollos.
El
siguiente paso en la operación de ocasionar carencia
de alimentos en la población cubana llegó en 1971
cuando cerca del aeropuerto de la capital de La
Habana se manifestó un virulento brote de fiebre
porcina africana. No sólo perjudicó los rebaños de
cerdos de La Habana sino de la cercana provincia de
Pinar del Río.
Informaciones del propio agente de la CIA que
introdujo esta enfermedad confirmaron que el virus
provino de la base militar norteamericana de Fort
Gullick, en la zona del canal de Panamá. Medio
millón de cerdos fueron incinerados para evitar la
propagación del brote. Este crimen, enlazado con las
consecuencias de las otras medidas, lograban el
objetivo buscado: causar hambre en el país.
Esa
misma enfermedad, la fiebre porcina africana,
aparecería de nuevo en enero de 1980, en los
municipios contiguos a la base naval de Estados
Unidos en Guantánamo. En esta ocasión se
sacrificaron casi 300 mil animales lo cual perjudicó
el avance futuro de la producción de carne de cerdo,
uno de los alimentos de mayor preferencia en los
hábitos nutritivos de la Isla.
La
caña, en aquel momento el principal producto de
exportación de Cuba, fue el siguiente objetivo de
guerra biológica. En septiembre de 1978 en el
territorio oriental de Holguín apareció la Roya,
plaga que rápidamente se propagó por todo el país.
La variedad principal, de alto rendimiento en
azúcar, la Barbados-4362, fue virtualmente
destruida. Hubo que demoler el 34 % del área
plantada de caña en la Isla y empezar a reponer esa
variedad por otras que nunca obtuvieron el
rendimiento agroindustrial de la Barbados-4362,
añorada por los cultivadores de caña. Por esta plaga
se dejaron de producir un millón de toneladas de
azúcar en la siguiente zafra. Los estudios sobre la
aparición de la Roya de la caña evidenciaron que no
apareció por causas naturales.
Quizás el impacto de agresión biológica más
recordado por los cubanos fue la plaga del moho azul
en el tabaco. Un hongo que pronto se diseminó por
las plantaciones de esa hoja tras aparecer en
noviembre de 1979 por la central provincia de Villa
Clara.
Reportada en Cuba durante 1957 como consecuencia de
la importación de tela de uso, para tapar las
plantaciones de tabaco tapado, procedente de los
Estados Unidos, donde ese hongo proliferaba, en
aquel entonces se adoptaron medidas para su
erradicación y no se había detectado nunca más su
presencia.
La
llegada del moho azul en 1979, 22 años después de la
primera contaminación, no era casual. La aparición
de focos en un amplio territorio revelaba su
infestación por vía aérea. Otra vez la mano de la
CIA pretendía estrangular a los agricultores
cubanos. Las pérdidas de tabaco fueron de tal
magnitud que sólo por disminución de exportaciones y
perjuicios en el consumo nacional, se calculan 350
millones de dólares.
Medidas preventivas de altísimo costo para
erradicar el moho azul y la ausencia del puro
cubano en los mercados tradicionales ocasionaron no
pocas consecuencias negativas a la venta de tabaco
en los años subsiguientes.
En
la década de 1980 cuando en la Isla se desarrollaban
programas genéticos de envergadura en la ganadería
vacuna, se detectó el 4 de agosto de 1981 la
enfermedad viral conocida como seudodermatosis
nodular bovina. En tres semanas la enfermedad se
propagó por nueve provincias cubanas. El agente que
origina este virus sólo había sido aislado en
Estados Unidos e Italia, pero la potencia
norteamericana no informó nada a los organismos
sanitarios internacionales. En la etapa en que
aparece en Cuba se laboraba con ese virus en el
laboratorio norteamericano de enfermedades exóticas
de Plum Island. Hubo que eliminar casi 3 000 focos y
establecer estrictas medidas de cuarentena. El saldo
de animales enfermos sobrepasó los 220 000.
La
ganadería vacuna seguiría en la mirilla de la CIA.
En la década de 1980 en el país se reportaron las
mejores producciones de leche, como consecuencia de
los exitosos programas genéticos. Para perjudicar
ese alimento buscaron un patógeno de altísima
morbilidad y graves pérdidas en el acopio de leche.
Introdujeron la mamilitis ulcerativa en abril de
1989 en la provincia oriental de Granma. Pronto el
occidente reportaría focos y aún no ha podido
erradicarse totalmente esta enfermedad del rebaño
bovino, aun con las medidas preventivas y de
saneamiento.
INTENSA DESPUES DE 1990
Las
acciones para privar de alimentos a la población
cubana se intensificaron por parte de Estados Unidos
después de la desaparición del campo socialista de
Europa del Este.
La
reorientación del comercio de Cuba al anularse con
sus antiguos aliados aumentó distancias en
importaciones y exportaciones y se estima que el
promedio de recorrido de mercancías se elevó en 11
mil kilómetros, con el consiguiente aumento de
gastos.
Cada vez que en Cuba se anuncia un programa
inversionista para incrementar un cultivo,
sospechosamente son atacadas las plantaciones, para
no permitir el avance agrícola de la Isla y la
mejoría en el abastecimiento.
La
introducción de sistemas de riego localizado en el
plátano, una de las viandas más consumidas por los
cubanos, sobre todo en la región oriental,
posibilitaría aumentar los rendimientos. En los
momentos en que se realizan inversiones de magnitud
en este cultivo, se detectó en octubre de 1990 la
presencia de sigatoka negra en la centro-oriental
provincia de Camagüey. Sin reportes anteriores en
Cuba sobre esta enfermedad el lugar de su aparición
coincidió muy cerca del corredor aéreo internacional
Maya. Las plantaciones sensibles a este hongo de
plátano vianda se redujeron en un 77 % entre
1990-95. Los gastos originados por esta plaga se
estiman en más de 100 millones de dólares. Además,
de que esta vianda escaseó durante largo tiempo en
la dieta del cubano. Se repusieron muchas áreas con
tipos de plátano más resistentes a este mal.
Los
cítricos, una fruta exportable de gran demanda,
recibieron los ataques de la guerra biológica en
diciembre de 1992 cuando se identificó la presencia
del pulgón negro, el trasmisor más eficiente de la
enfermedad conocida como Tristeza del Cítrico. El
insecto-vector se localizó en el municipio Caimanera,
donde está enclavada la base naval de Estados Unidos
en Guantánamo. El dañino insecto nunca se había
reportado en Cuba.
Otro raro insecto que no había aparecido en América
apareció en 1993 en La Habana, el llamado minador de
los cítricos, plaga que cubrió el territorio cubano
desde el occidente hasta la provincia
centro-oriental de Camagüey.
Pero la más sonada de las recientes agresiones
biológicas ocurrió el 21 de octubre de 1996, cuando
se observó una nave aérea norteamericana que regaba
una sustancia pulverizada mientras cruzaba el
territorio cubano por el corredor aéreo
internacional Girón, sobre la provincia de Matanzas,
en el occidente de la Isla.
Dos
meses después aparece en ese territorio el insecto
Thrips palmi karny, hasta ese momento
exótico en Cuba y que devastó las cosechas de papa.
Se extendió por las zonas principales productoras de
ese tubérculo y en la cosecha de 1998 la recolección
se redujo en un 50 %. Para controlar este insecto se
erogan cada año casi 3 millones de dólares.
En
el reino vegetal se verificaron desde 1978 y hasta
1996, unas cinco entidades exóticas en 18 años.
Desde 1997 y hasta 1999 se registraron otras ocho
afectaciones exóticas, lo cual evidencia que las
agresiones aumentaron.
Este incremento de acciones en el terrorismo
económico y, sobre todo, la aparición en la
población cubana de diversas afecciones introducidas
en la Isla, condicionaron el derribo de dos
avionetas de Hermanos al Rescate, tras ser
advertidas de abandonar su ilegal incursión en
territorio cubano en 1996.
REFUERZAN PRESIONES
La
aprobación de la Enmienda Torricelli, incluida en la
Ley de Gastos para la Defensa del País de Estados
Unidos, en 1992, intensificó las medidas del bloqueo
al prohibir el comercio con filiales de empresas
norteamericanas, radicadas en terceros países. El
anuncio de sanciones a las naciones que concedieran
asistencia económica a la Isla, provocó mayores
problemas en los negocios para adquirir alimentos.
Pero como la Revolución cubana sobrevivía a estas
dificultades, implementaron la Ley Helms-Burton en
1996, dirigida a cortar la corriente de capital
extranjero hacia la Isla. Esta legislación de
carácter extraterritorial fue repudiada por todos
los segmentos progresistas del mundo. Las
intimidaciones y sanciones a empresarios por parte
de la potencia del norte no impidieron que Cuba
continuara realizando negocios con socios
extranjeros, aunque algunos se retiraron ante estas
coerciones.
Adquisición de alimentos en lugares más distantes,
la obligación de mantener elevados inventarios,
pocas alternativas a la hora de buscar precios más
bajos para los productos y otros problemas de
financiamiento son consecuencias de la guerra
económica contra Cuba.
COMPRAS EXCEPCIONALES A ESTADOS UNIDOS
Tras
el devastador huracán Michelle que azotó a Cuba el 4
de noviembre del 2001, el Gobierno de Estados
Unidos ofertó ayuda. La dirección de la Revolución
cubana respondió que sería mejor que Washington
vendiera alimentos y medicinas a la Isla.
Con
carácter excepcional se aprobó la venta de alimentos
a Cuba, los cuales tienen que ser pagados en
efectivo tras cada adquisición. El primer barco con
alimentos norteamericanos arribó el 17 de diciembre
del 2001. Es un comercio unilateral y de carácter
excepcional por las consecuencias de desastre
natural.
Recientemente se informó que las transacciones de
alimentos de Estados Unidos a la Isla suman ya 500
millones de dólares, desde el primer cargamento a
finales del 2001.
Aunque se ha tratado de presentar este comercio como
una cierta ruptura del bloqueo, lo cierto es que
Cuba no puede exportar productos a Estados Unidos
ni pagarlos con créditos.
La
guerra económica contra la Revolución cubana tiene
un profundo y extendido sentimiento de rechazo en
muchos sectores del pueblo norteamericano. Este
movimiento sigue creciendo pero tiene un fuerte
contrincante: la poderosa ultraderecha y la mafia
de Miami. Estos personajes forman parte de una
política que ha sido calificada como uno de los
fracasos políticos más sonados del Gobierno de
Estados Unidos. |