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Tercer año de Intifada
La Revolución
de las piedras
ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
El 29 de
septiembre del 2000, cuando se desató la segunda
sublevación o Intifada palestina, Ariel Sharon no
era el primer ministro de Israel... pero se
preparaba para ello.
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Un palestino en
Nablus se enfrenta
a un tanque israelí.
REUTERS
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Aval tenía más
que suficiente, desde que el 17 de septiembre de
1982 dirigió la masacre de Sabra y Chatila, en el
Sur de Beirut, contra los refugiados palestinos y
asesinó a cientos de ellos, mujeres, niños,
adolescentes, ancianos...
Esta vez, el
plan también era macabro. Un día antes, el 28,
escoltado por más de 200 policías y guardaespaldas,
y en franca provocación contra los palestinos y
contra el mundo islámico, irrumpió desafiante en el
tercer lugar santo del Islam, la Explanada de las
Mezquitas, en la ciudad vieja de Jerusalén.
Tal acción,
condenada tenuemente por la comunidad internacional,
exacerbó las iras de la población palestina, que 24
horas después se lanzó a las calles a protestar
contra la usurpación de uno de sus santuarios,
iniciándose así la segunda Intifada o Intifada de Al
Aqsa (nombre de la gran mezquita existente en el
lugar) y cuyos primeros siete mártires cayeron
asesinados el 29 de septiembre del 2000.
Y se conoce
como segunda Intifada por cuanto el 8 de diciembre
de 1987, el movimiento palestino había iniciado las
movilizaciones de protesta que muchos llamaron la
Revolución de las piedras.
La espontánea
acción de protesta se transformó rápidamente en un
movimiento de lucha bien articulado, cuyo objetivo,
no alcanzado aún, era el retiro israelí como primer
paso para la formación de un Estado palestino
independiente.
Aquellas
acciones fueron reprimidas violentamente por el
ejército de Israel, con un saldo de más de 700
muertos y otros 20 000 heridos.
Quedaba
entonces enraizado en la vida de cada palestino, el
compromiso de levantarse contra el agresor sionista
y llevar a lugares cimeros el movimiento de
resistencia, ese que ha sido pilar decisivo para que
el genocidio mancomunado entre Israel y Estados
Unidos no hiciera desaparecer a los palestinos y sus
dirigentes más importantes.
Esa semilla
brotó nuevamente con la segunda Intifada.
Fue una
respuesta lógica a la agresión y ocupación foráneas
y a la guerra impuesta por Israel y apoyada militar,
económica y diplomáticamente, por los diferentes
gobiernos de Estados Unidos.
El balance no
puede ser más terrible: 3 198 muertos (más de 1 000
por año), de ellos 2 403 palestinos, 398 menores de
edad.
Los asesinatos
selectivos realizados por el ejército israelí con
apoyo de aviones de combate, helicópteros Apache y
misiles, han cobrado la vida de 131 personas, 65 de
ellas civiles.
Otras "medidas
de castigo" aplicadas por Israel han sido la
destrucción completa de 437 viviendas palestinas, la
expropiación de 1 230 hectáreas de sus tierras, así
como tener en cárceles a 5 278 de ellos, la mayoría
sin acusación alguna y en espera de juicios cuyas
causas no se conocen.
Estos tres años
de ignominia y crimen han sido, además, testigos
mudos de planes con cara de paz y cuerpo de
rendición. Muchos señalaron que su propósito es
confundir a la opinión pública en la arena
internacional, con cosméticos que no resuelven nada,
o en todo caso, se presentan como ultimátum para que
cese la lucha de un pueblo que vive como paria en su
propia patria.
Estos últimos 1
095 días, desde el inicio de la segunda Intifada en
septiembre del 2000 hasta hoy, han constituido un
sacrificio consecutivo, de heroísmo y valentía de
miles de jóvenes con el signo de V en sus manos. Son
los herederos de aquella generación que en 1987 se
lanzó a las calles y pueblos palestinos a escribir
una página de historia en lo que sigue siendo la
Revolución de las piedras... |