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Festival Internacional de Teatro de La Habana 2003
Vestidos de
talento
AMADO DEL PINO
Buena
organización, mucho público y diversidad en cuanto a
la calidad y la naturaleza de las propuestas
caracterizan al Festival de Teatro de La Habana,
cuando se adentra en su segunda semana de intensa
actividad.
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Con ropa de
domingo, por el
grupo Pálpito.
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Coyote, del
portugués Teatro Lendias d'Encantar propició el
desconcierto entre los asistentes al Museo Nacional
de Bellas Artes. El comienzo del espectáculo,
dirigido por Carlos Curto, resulta agradable e
interesante. La escenografía, resuelta a través de
ropas dispersas, sugería un rico juego teatral. Pero
el montaje se apoya en la palabra, expresada casi
todo el tiempo de frente al público por el actor
Antonio Revez. Los que no sabemos portugués nos
sentimos bastante ausentes de una propuesta en que
los elementos de comunicación visual son bien pocos.
Creo que ante casos como este deberá facilitarse al
público una copia con la esencia del argumento. Más
allá de la barrera del idioma, el montaje se
convierte en una suerte de confesión hablada o
narración oral. Todo parece indicar que hay belleza
poética en la desgarrada historia del protagonista y
el actor Revez demuestra algo de fluidez y
sinceridad expresiva, pero la linealidad de la
puesta lo limita en su posible lucimiento.
Dentro de la
muestra cubana se comenta sobre el encanto y el
virtuosismo interpretativo de La edad de la
ciruela, a cargo de Teatro D' Dos. Acerca de
este montaje de Julio César Ramírez opiné por los
días de su estreno y llamé la atención sobre lo
sólido de la dramaturgia, a partir del consagrado
texto de Arístides Vargas. Los participantes en el
Festival Nacional de Camagüey, hace ahora un año,
asistimos a la atmósfera de fascinación que concluyó
con los dos premios de actuación femenina para Deisy
Sánchez y Yaquelin Yera.
Con ropa de
domingo, del también cubano grupo Pálpito, es
uno de esos espectáculos que ratifican la confianza
en las posibilidades y las funciones de lo teatral.
Tiene mucha razón el dramaturgo Freddy Artiles al
hablar en las Notas al Programa de que "la ternura y
el humor se entremezclan en esta pieza del muy joven
Maikel Chávez". Además, la sobriedad es palabra de
orden en un divertimento lleno de poesía, dirigido
por Ariel Bouza, y que le rinde culto al juego
escénico. Los actores entran y salen de los
personajes, pasan del gesto cotidiano a la
manipulación efectiva de títeres. El argumento se
teje a partir del muy representado y delicioso
cuento de Onelio Jorge Cardoso, El cangrejo
volador. Xiomara Palacio y Maikel Chávez
vertebran la narración y suman las contradicciones
de los personajes de la madre candorosa y el hijo
que quiere ser titiritero a la metáfora de la
voluntad que procede del texto de Onelio. A ritmo de
estilizada música campesina, esta sencilla y a la
vez rica ropa de domingo se convierte en un soplo de
aire legítimo dentro del Festival. |