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Miami y la conexión golpista venezolana
FÉLIX LÓPEZ
Enviado especial
CARACAS.— Por estos días de septiembre, cuando en
Latinoamérica se ha recordado el golpe fascista en
Chile y las implicaciones de la CIA y del Gobierno
norteamericano en el derrocamiento de Salvador
Allende, la Revolución venezolana vive en una
constante vigilia contra quienes intentan reeditar
ese hecho en la tierra bolivariana.
En reciente edición, el diario caraqueño Últimas
Noticias publicó el expediente de un personaje que,
a todas luces, sirve de conexión entre los golpistas
de la oligarquía venezolana, la mafia terrorista de
Miami y los "estrategas" yankis que el Gobierno
destina a la guerra sucia en el continente: se trata
de Hermes Rojas Peralta, el silencioso director de
la Policía del estado de Miranda, y mano derecha del
gobernador golpista Enrique Mendoza.
El dossier titulado "Los Agentes de la
Desestabilización" (silenciado por los medios
progolpismo y la prensa internacional) habla de las
conexiones entre Rojas Peralta y un grupo de
personajes que hoy forman parte de la conspiración
dirigida por el imperio para derrocar a Hugo Chávez
Frías, y que (coincidentemente) tuvieron nexos con
el golpe de Estado en Chile: Charles Shapiro,
embajador norteamericano en Caracas, y Otto Reich,
asesor para asuntos latinoamericanos.
Hermes, Shapiro y Reich, conforman un siniestro trío
vinculado al golpe de Estado del 11 de abril, y
estrechamente relacionado con la extrema derecha
demócrata cristiana, el Opus Dei, el partido Primero
Justicia y la llamada Coordinadora Democrática.
Charles Shapiro, quien ahora acostumbra a pasearse
por Caracas con humoristas contrarrevolucionarios,
participó y formó parte del grupo de funcionarios
pagados por la CIA en el plan de desestabilización
del Gobierno de Allende, y ha sido "asignado"
posteriormente a estados latinoamericanos donde se
necesita conspirar en contra de las luchas
populares. Recordemos su presencia en Nicaragua y El
Salvador durante la década de los ochenta.
No menos conocido, Otto Reich (cubano que emigró a
Miami en 1960) formó parte de la contrarrevolución
cubana en el exilio. Estuvo involucrado en el plan
de propaganda y desestabilización del Gobierno
chileno. Luego, en el grupo Halcones del Pentágono,
durante los últimos años del Gobierno de Richard
Nixon, enfrentó los intentos revolucionarios en
Latinoamérica, y alcanzó "celebridad" en el caso
Irán-Contras.
Pero la joyita de Shapiro y Reich en Venezuela,
Hermes Rojas Peralta, cuenta con un aval terrorista
insuperable: trabajó bajo las órdenes de Luis Posada
Carriles durante las operaciones que conducirían al
derrocamiento y muerte de Salvador Allende; y
mantiene en la actualidad estrechas relaciones con
la mafia miamense, principalmente con el
autonombrado comandante Rodolfo Frómeta, quien
dirige al grupo terrorista Comandos F4, hoy en un
peligroso maridaje con los militares golpistas de
Altamira.
El testaferro Rojas Peralta, bajo las órdenes de
Enrique Mendoza, puso sus manos tras el golpe de
Estado del 11 de abril y fue uno de los máximos
responsables del cierre fascista al canal estatal
Venezolana de Televisión. Por estos días, el
Gobierno de Chávez ha denunciado que la Policía de
Miranda, comandada por Rojas Peralta, adquirió de
forma ilegal medios blindados y armamento de guerra,
medios nada reglamentarios para una institución
policial.
Conocidos los antecedentes de estos personajes, y
sus movimientos en torno a la dividida y
desprestigiada oposición venezolana, queda claro que
la conspiración de turno, bajo el manto del circo
revocatorio, camina a la consumación de otro golpe.
En Miami, según se empeñan en hacer saber las
jineteras del Apocalipsis, se moviliza la derecha
reaccionaria, mientras en Caracas el pueblo
desenmascara a los que juegan al golpe: el nombre de
Hermes Rojas Peralta ya está en la lista.
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