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El
Presidente que se agigantó
en la historia
Joaquín Rivery Tur
El
fascismo y el neoliberalismo se dieron la mano con
la CIA para entrar en el Palacio de La Moneda con
bombas y balas hace 30 años con el fin de segar el
proceso de desarrollo de un pueblo y cortar la vida
de un dirigente que se agigantó históricamente
para darlo todo por lograr una vida más digna para
sus conciudadanos.
Al XXX
aniversario del golpe de Estado en Chile y la muerte
del Presidente Salvador Allende fue dedicada la Mesa
Redonda, moderada por Randy Alonso, y con la
participación de testigos directos —cubanos y
chilenos— de los hechos acaecidos, como Jorge
Timossi, Manuel Hernández Vidal, Orlando Contreras,
Alejandro Navarro, Isabel Jaramillo, Luis Fernández
Oña, Carlos Aires Moreno, Luisa Stagno, además de
testimonios filmados de otros participantes en los
acontecimientos.
En la
voz de ellos se reprodujo el relato de los últimos
minutos democráticos en Santiago de Chile, la
reacción de las personas, la respuesta de miembros
de la izquierda que dieron ejemplos de valentía y
bravura enfrentándose al golpe con pocas armas.
El
fascismo reveló todo su salvajismo y su crueldad.
Campos de concentración llenos de militantes de
izquierda, con verdaderos departamentos de torturas
brutales, algunas nunca aplicadas antes, que
revelaron la heroicidad de compañeros que, al salir
de prisión, se incorporaban de nuevo a la lucha.
Los
detalles de la manipulación de la Agencia Central
de Inteligencia quedaron expuestos nuevamente y en
una injerencia que se había producido desde mucho
antes de las elecciones, y luego conspirando para
asesinar al general René Schneider, jefe del Ejército,
de formación constitucionalista, y complotándose
para evitar que Allende asumiera el poder, primero,
y para derrocarlo, después.
El
Gobierno de Richard Nixon hizo del derrocamiento de
Allende su principal tarea de política
latinoamericana. La nacionalización del cobre por
el Gobierno de la Unidad Popular llevó a las
transnacionales norteamericanas a sumarse al complot
con la CIA y la derecha chilena, sobre todo con el
aporte de grandes cantidades de dinero para
financiar huelgas, impulsar un bloqueo en las
instituciones financieras, y crear condiciones de
caos. Por supuesto, Nixon cortó toda la ayuda,
salvo la que estaba dirigida al ejército. Quería
ahogar económicamente a Chile.
Con la
Embajada cubana, los fascistas se comportaron con
las peores y traicioneras intenciones posibles, pero
fue total la firmeza del personal diplomático,
respondiendo al fuego cuando les disparaban y
asumiendo posiciones de principios hasta que
pudieron regresar a la Patria.
Después
vino la lucha clandestina, semiclandestina,
disimulada en otras actividades, pero como parte de
una resistencia que no cesó nunca, porque las ideas
justas como las de Allende no mueren.
Al
final, el moderador Randy Alonso informó que la
Organización de Solidaridad con los Pueblos de
Asia, África y América Latina (OSPAAAL), había
decidido entregar al Presidente Allende, póstumamente,
la Orden de la Solidaridad El Mahdi Ben Barka, y leyó
un emocionante mensaje enviado a Cuba por Isabel
Allende, hija del Presidente caído hace 30 años y
presidenta de la Cámara de Diputados de Chile.
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