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“El militarismo
israelí es una enfermedad”
Tras más de 200 días de
prisión por una negativa a reclutarse en el ejército
israelí, Jonathan Ben Artzi –sobrino del ex premier
derechista Benjamín Netanyahu – conversó con JR
sobre los motivos y las consecuencias de su decisión
Luis Luque Álvarez
Para los jerarcas
militares de Israel, Jonathan Ben Artzi no es un
pacifista, calificativo que jamás le han reconocido
a quien se haya negado a enrolarse en el ejército
sionista. Es, simplemente, un “falto de motivación”.
Por eso, convencidos de que no lograrían quebrar el
ánimo de este muchacho de 21 años, tras más de 18
meses de prisión e intentos de arreglos silenciosos,
lo han dejado en libertad desde el pasado 19 de
febrero.
El caso de Ben
Artzi les irrita particularmente. Yoni —como se le
conoce en Israel—, cuyos abuelos combatieron en 1948
durante la primera guerra árabe-israelí, es además
sobrino del ex premier y actual ministro de Finanzas
Benjamín Netanyahu, uno de los halcones más a la
derecha en el gabinete del Likud, que encabeza Ariel
Sharon. No se concibe que el joven no “dé la nota”
en el concierto de los militaristas.
“En Israel
—narraba al diario británico The Guardian— el
ejército (llamado Fuerzas de Defensa, FDI) es una
especie de Dios, y se supone que yo debía adorarlo
desde tan temprano como me alcanzara la memoria. En
la escuela teníamos actividades militares. Los
estudiantes del instituto asisten a ‘exhibiciones de
fuego’ que se realizan para inducirlos a alistarse,
haciendo una apuesta con los niños para reclutarlos
en los cuerpos de paracaidistas, de ingenieros o de
lo que sea. Los llevan como por un pasillo que
conduce a la institución militar, y se ejerce una
enorme presión social por parte del director de la
escuela, los profesores, los amigos”.
Pero Yoni
advirtió tempranamente que no marcharía con la
corriente. Se le veía venir cuando —en secundaria—
se negó a participar en las actividades
preparatorias del servicio militar, y hasta en una
excursión escolar por los territorios palestinos
ocupados, al considerar humillante ir de recorrido
por aldeas donde los árabes eran obligados a
permanecer recluidos en sus casas al paso de los
estudiantes israelíes.
En el año 2000,
notificó al oficial de reclutamiento su decisión de
no incorporarse al ejército que ejecuta órdenes
inmorales en Gaza y Cisjordania. Esto le valió
comparecer varias veces ante el Comité de
Conciencia, apelar sus veredictos ante la Corte
Suprema, ser encarcelado en siete ocasiones en la
prisión número 4 —en pésimas condiciones de
encierro— y, finalmente, ante su obstinada negativa
a reclutarse, aun en las circunstancias sumamente
ventajosas que le propuso el mismísimo brigadier
general Avi Zamir, jefe de Planificación del
Personal del ejército israelí, ser dado como un
incorregible.
Desde Jerusalén
—donde reside—, en diálogo con JR por vía del correo
electrónico, Yoni Ben Artzi relató algunos detalles
de su “insurgencia” personal contra el omnipotente
militarismo que rige en Israel.
—¿Por qué tu rotundo No al ingreso en las FDI?
—Para mí, como
pacifista, es una cuestión obvia. Lo mismo que para
alguien que se dice cristiano. Creo en la no
violencia desde que era un niño pequeño. Después de
estudiar un poco de historia y de haber visitado
algunos de los campos de batalla de la Primera
Guerra Mundial, como el de Verdún, en Francia (con
más de 700 000 cruces blancas), las guerras como
algo estúpido, provocado por jefes y generales, que
arrastra a la gente y la incita a caer en la misma
estupidez.
“Esto siempre es
característico de las derechas en el poder, que
tratan de arrastrar a los pueblos a sus intereses,
provocan el odio contra otros pueblos o contra
supuestos enemigos, y en fin, crean los
enfrentamientos. Los gobiernos de derecha presentan
las guerras como no deseadas, pero a la vez tratan
de obligar a sus ciudadanos a involucrarse en
ellas”.
—Se dice que en Israel es peligroso disentir de la
opinión de los altos oficiales del ejército.
—El militarismo
de la sociedad israelí es una enfermedad de la cual
han padecido antes muchos países, y muchos otros
continúan sufriéndola. Por ejemplo, aunque Europa es
menos militarista, Estados Unidos lo es en grado
cada vez mayor, y ello afecta negativamente al resto
del mundo. Pero en Israel, el fenómeno es mucho más
crudo y real. El ejército es un tabú, algo sagrado.
“Hasta hace pocos
años, si alguien se manifestaba opuesto a ingresar a
sus filas, no podía siquiera transitar por la calle.
Pero ahora es más común cuestionar a las FDI, se
generaliza más la crítica hacia esa institución y
hacia lo que representa, y mucha más gente expresa
su rechazo a enrolarse, miles”.
—Háblanos de tu experiencia durante la reclusión.
—La vida en
prisión resultó muy penosa. Todo era muy estricto:
levantarse a las 5:00 am, limpiar y organizar todo,
lavar platos todos el día y realizar un rudo trabajo
de campo. Y esto, soportando las temperaturas, que
en el verano son muy calientes y en el invierno
demasiado frías.
“Te digo que la
primera vez que entré a la cárcel, llegué con
temores, muy lacónico, y así fue durante otras
veces. Aunque sí estaba muy orgulloso de mí mismo.
Ellos me enviaron allí primeramente por 28 días,
pero yo les sonreí.
“En esa ocasión
arribé durante la tarde. La primera noche fue la más
horrorosa de toda mi vida. No sabía dentro de qué yo
había entrado, y aquello estaba muy caluroso. Era a
mediados de agosto. Esa noche creo que dormí sólo
dos o tres horas, pero a la mañana siguiente era ya
otra persona. Pensé que la causa por la que yo
estaba allí, lo merecía, y por eso permanecí calmado
durante todo el resto de mi tiempo en aquel lugar,
que fueron primero 28 días, luego 28 más, y
finalmente resultaron en un total de 18 meses, entre
el tiempo de prisión y el de detención.
—¿En algún momento pensaste dar marcha atrás?
—Siempre tuve la
certeza de que hacía lo correcto, de que era mejor
martirizarme en estos trabajos y condiciones que
soportar el deshonor de enrolarme en esa horrible
cosa que es el ejército israelí. Y esa convicción me
hizo pasar mejor el tiempo en la prisión.
“En realidad,
nunca dudé; conocía que la mía era una batalla
importante. Muchas personas alrededor del mundo, en
Israel y en Palestina, están oprimidas y carecen de
derechos. Entonces, ¿cómo podría yo sentarme y no
hacer nada ante eso? Yo preciso decir lo que pienso.
—¿Conversaste sobre tu decisión con tu tío?
—Con Netanyahu
pude hablar un poco sobre todos estos temas. Pero
él, por supuesto, se opuso a mi determinación. En
Israel, esta es una cuestión muy delicada, y él no
quiere verse implicado en ella.
—¿Te parece que tu acción pueda tener repercusiones?
—Pienso que sí,
que tiene influencia. La gente me escucha. Hoy,
además, le ponen atención a la causa de otros cinco
objetores (Shimri Tzameret, Noam Bahat, Matan
Kaminer, Haggai Matar y Adam Maor), encarcelados por
negarse a prestar servicio militar. Las personas
están oyendo sobre el gran movimiento a su favor.
Algunos están cambiando su forma de pensar, y, si no
hacen nada, al menos se cuestionan qué podrían
hacer.
“Otro punto
importante es que todo el mundo —y especialmente los
palestinos— ve que no todos los israelíes son fríos
y asesinos, sino que algunos realmente necesitamos y
amamos la paz, y no estamos de acuerdo con las
brutales prácticas del régimen que gobierna a
Israel”.
—No has estado en prisión inútilmente, entonces.
—Al contrario,
pienso que más y más israelíes están cada vez más de
acuerdo con mi posición, y que el ejército está
dejando ahora de ser un tabú. La gente común ha
comenzado a labrar vías para encontrar la paz y
culminar con éxito nuestra lucha por ella, pues por
los métodos que ha empleado el régimen hasta ahora,
jamás podremos alcanzarla. (Traducción: Miguel
Maury)
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TODOS A LA GUERRA, MENOS…
Según la Ley del Servicio de Defensa, de 1986,
todos los jóvenes residentes en Israel —tanto
mujeres como hombres— son llamados a integrarse
obligatoriamente a las FDI desde los 18 años.
Para los varones, la conscripción se extiende
por tres años, mientras que para las muchachas
es de entre 20 y 21 meses. Una vez
desmovilizados, ellos volverán a las unidades
militares un mes al año, hasta cumplir 51 años,
y ellas, hasta los 24.
La legislación tiene sus dobleces. Por ejemplo,
se desestima el reclutamiento de los ciudadanos
israelíes de origen palestino. Además, se puede
otorgar la exención o el aplazamiento del
servicio a quien alegue comprobados motivos
religiosos para ello. Desde luego —y esto lo
dicta la práctica— siempre que se trate de la
religión judía.
No obstante, los que se han negado a movilizarse
por su rechazo a la ocupación militar israelí de
los Territorios Palestinos, de las Alturas del
Golán sirio o de zonas del sur libanés, han ido
a parar a la cárcel. En este mismo momento, dos
nombres —Laura Milo y Verónica Karbachov—
ilustran cuán severa puede ser la ley.
De acuerdo con yesh-gvul.org —uno de los sitios
web con que cuentan los objetores de conciencia
en Israel—, el número de los que se resisten
actualmente a tomar las armas, por primera vez o
como reservistas, es de 1 327 ciudadanos,
jóvenes en su gran mayoría.
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ARBITRARIEDAD DE ÚLTIMA HORA
A punto de publicarse esta entrevista, un
mensaje electrónico de Matania y Ofra Ben Artzi,
padres de Jonathan, informaba que el pasado 21
de abril una Corte Militar lo condenó a otros
dos meses de prisión y a una multa de 2 000
shekels (500 dólares). De no pagarlos, el joven
podría pasar dos meses más tras las rejas. Al
conocer la sentencia, Yoni aseguró: “No compraré
mi libertad al ejército”, así que estará
recluido durante cuatro meses.
En su misiva, Matania y Ofra recuerdan que Yoni
fue declarado “exento” del servicio militar en
febrero pasado, por lo que se convertirá
ilegalmente en el primer civil israelí encerrado
en una cárcel militar de su país. Como la
reclusión no es inmediata, Ben Artzi ha elevado
una apelación al tribunal que lo acaba de
condenar, y prevé llevar el caso ante la Corte
Suprema de Israel. |
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