Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      

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D E  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana. 28 de Abril de 2004

El clon

Luis Luque Álvarez

Para Charles de Gaulle, Gran Bretaña era un submarino de Estados Unidos en permanente acecho frente a las costas europeas. Quizás en tiempos del general francés, alguien osara cuestionar la curiosa sentencia. Sin embargo, en los días que corren, y bajo la égida del primer ministro Tony Blair, los ciudadanos británicos no tienen más remedio que darle la razón a De Gaulle.

El lunes, un grupo de 52 ex embajadores del Reino Unido firmaron una carta dirigida al premier laborista, en la que criticaban la estrategia de Londres en Oriente Próximo, cada vez más parecida a la de Washington. Los diplomáticos, signados por “una creciente preocupación”, instaban al gobierno a que comenzara a influenciar la “funesta” política de EE.UU. en la zona, o que al menos, dejara de apoyarla.

El grupo, que pide cambios “urgentemente”, acusó a la coalición angloestadounidense de “no contar con un plan efectivo” para Iraq tras el derrocamiento de Saddam Hussein, así como de una marcada indiferencia por las vidas de los civiles iraquíes. Según se sabe -afirma Paul Reynolds, analista político de la BBC- este es el punto de vista de muchos en el Ministerio de Exteriores británico, aunque no precisamente el del canciller Jack Straw.

Nuevamente vemos al salmón nadando contra la corriente, sin importarle golpes o magulladuras, y sabiendo que puede morir en el intento. Al parecer, Blair se va acostumbrando ya a estos llamados a la cordura y a la ética en política exterior, que él puede llamar traiciones. ¿Cómo puede alguien -se preguntará- imaginar que haya solución para los conflictos en Medio Oriente, fuera de la visión de Bush? Y ya que Gran Bretaña carga a sus espaldas buena parte de las culpas de las guerras y divisiones en esa parte del mundo, ¿no debería mejor dejar que Estados Unidos los apacigüe?

La tarjeta amarilla que hoy le muestran al premier los diplomáticos veteranos, no es la primera, ni será la última. En marzo de 2003, cuando Iraq ya olía a pólvora, el ex canciller laborista y encargado de las relaciones con el Parlamento, Robin Cook, presentó su renuncia en protesta por la ilegalidad de la agresión que se anunciaba, y para la que Londres solo esperaba que Washington bajara la banderilla. Dos meses más tarde, tras el “fin de la guerra”, le tocó el turno a Clare Short, ministra de Desarrollo Internacional, en desacuerdo con la invasión desde mucho antes.

Para saborear mejor el absurdo, rememoremos que el “izquierdista” Blair tuvo el mérito de movilizar a su favor al total de la oposición conservadora, que lo apoyó en su idea de ir a “desarmar” al “monstruo de Bagdad”. ¿Puede creerse que esta decisión haya suscitado malestares precisamente entre miembros del gobernante Partido Laborista? ¿No será que el premier está más a la derecha que la propia derecha? Creo que a Tony no le sería difícil arrancarle una lágrima de emoción a la mismísima ex primera ministra Margaret Thatcher...

Como muestra, baste saber que el plan de “desconexión unilateral” del ultraconservador Ariel Sharon -presentado en Washington hace dos semanas-, que santifica el permanente despojo de tierras palestinas en Cisjordania, ha sido recibido con beneplácito por Blair, quien ha instado a los palestinos a aceptarlo “para beneficiarse y avanzar”. ¿Hacia dónde, sir? Toda la Unión Europea ha hecho saber sus reservas al engendro, pero Bush le ha puesto el cuño. ¿Qué podía hacer entonces su mejor amigo en Londres?

En realidad, tan grande es el empeño de este en seguir la profética visión del inquilino de la Casa Blanca, que no solo ha desoído a los políticos, sino incluso a su propia esposa, Cherie, para quien míster Bush es un presidente “ilegítimo”, que “le robó la presidencia” al demócrata Al Gore, en el año 2000, según reveló The Times en febrero pasado.

Pero más probable es que el olmo dé peras, antes que se quiebre un ápice el seguidismo del descolorido gobierno de Blair. En Iraq no se han encontrado armas de destrucción masiva, no se han logrado la estabilidad y la prosperidad anunciadas, miles de civiles continúan siendo masacrados, y caen por cientos los soldados ocupantes.“Pero si EE.UU. está allí, por algo será”, pensará Tony, al que tildaron en tiempos pasados de “clon de Clinton”. ¿Y hoy? ¿Adivinan?

Tomado de: www.jrebelde.cu

 

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