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El
clon
Luis Luque Álvarez
Para Charles de Gaulle, Gran
Bretaña era un submarino de Estados Unidos en
permanente acecho frente a las costas europeas.
Quizás en tiempos del general francés, alguien osara
cuestionar la curiosa sentencia. Sin embargo, en los
días que corren, y bajo la égida del primer ministro
Tony Blair, los ciudadanos británicos no tienen más
remedio que darle la razón a De Gaulle.
El lunes, un grupo de 52 ex
embajadores del Reino Unido firmaron una carta
dirigida al premier laborista, en la que criticaban
la estrategia de Londres en Oriente Próximo, cada
vez más parecida a la de Washington. Los
diplomáticos, signados por “una creciente
preocupación”, instaban al gobierno a que comenzara
a influenciar la “funesta” política de EE.UU. en la
zona, o que al menos, dejara de apoyarla.
El grupo, que pide cambios
“urgentemente”, acusó a la coalición
angloestadounidense de “no contar con un plan
efectivo” para Iraq tras el derrocamiento de Saddam
Hussein, así como de una marcada indiferencia por
las vidas de los civiles iraquíes. Según se sabe
-afirma Paul Reynolds, analista político de la BBC-
este es el punto de vista de muchos en el Ministerio
de Exteriores británico, aunque no precisamente el
del canciller Jack Straw.
Nuevamente vemos al salmón
nadando contra la corriente, sin importarle golpes o
magulladuras, y sabiendo que puede morir en el
intento. Al parecer, Blair se va acostumbrando ya a
estos llamados a la cordura y a la ética en política
exterior, que él puede llamar traiciones. ¿Cómo
puede alguien -se preguntará- imaginar que haya
solución para los conflictos en Medio Oriente, fuera
de la visión de Bush? Y ya que Gran Bretaña carga a
sus espaldas buena parte de las culpas de las
guerras y divisiones en esa parte del mundo, ¿no
debería mejor dejar que Estados Unidos los apacigüe?
La tarjeta amarilla que hoy
le muestran al premier los diplomáticos veteranos,
no es la primera, ni será la última. En marzo de
2003, cuando Iraq ya olía a pólvora, el ex canciller
laborista y encargado de las relaciones con el
Parlamento, Robin Cook, presentó su renuncia en
protesta por la ilegalidad de la agresión que se
anunciaba, y para la que Londres solo esperaba que
Washington bajara la banderilla. Dos meses más
tarde, tras el “fin de la guerra”, le tocó el turno
a Clare Short, ministra de Desarrollo Internacional,
en desacuerdo con la invasión desde mucho antes.
Para saborear mejor el
absurdo, rememoremos que el “izquierdista” Blair
tuvo el mérito de movilizar a su favor al total de
la oposición conservadora, que lo apoyó en su idea
de ir a “desarmar” al “monstruo de Bagdad”. ¿Puede
creerse que esta decisión haya suscitado malestares
precisamente entre miembros del gobernante Partido
Laborista? ¿No será que el premier está más a la
derecha que la propia derecha? Creo que a Tony no le
sería difícil arrancarle una lágrima de emoción a la
mismísima ex primera ministra Margaret Thatcher...
Como muestra, baste saber
que el plan de “desconexión unilateral” del
ultraconservador Ariel Sharon -presentado en
Washington hace dos semanas-, que santifica el
permanente despojo de tierras palestinas en
Cisjordania, ha sido recibido con beneplácito por
Blair, quien ha instado a los palestinos a aceptarlo
“para beneficiarse y avanzar”. ¿Hacia dónde, sir?
Toda la Unión Europea ha hecho saber sus reservas al
engendro, pero Bush le ha puesto el cuño. ¿Qué podía
hacer entonces su mejor amigo en Londres?
En realidad, tan grande es
el empeño de este en seguir la profética visión del
inquilino de la Casa Blanca, que no solo ha desoído
a los políticos, sino incluso a su propia esposa,
Cherie, para quien míster Bush es un presidente
“ilegítimo”, que “le robó la presidencia” al
demócrata Al Gore, en el año 2000, según reveló The
Times en febrero pasado.
Pero más probable es que el
olmo dé peras, antes que se quiebre un ápice el
seguidismo del descolorido gobierno de Blair. En
Iraq no se han encontrado armas de destrucción
masiva, no se han logrado la estabilidad y la
prosperidad anunciadas, miles de civiles continúan
siendo masacrados, y caen por cientos los soldados
ocupantes.“Pero si EE.UU. está allí, por algo será”,
pensará Tony, al que tildaron en tiempos pasados de
“clon de Clinton”. ¿Y hoy? ¿Adivinan?
Tomado de: www.jrebelde.cu |