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Cuando la risa es la clave
POR JOAQUIN ORAMAS
NUESTRO reciente comentario
sobre la risa como nuevo campo para la salud suscitó
el interés de lectores de varios países en torno al
tema y su influencia en la prolongación de la vida,
particularmente en la posibilidad de que se extienda
a 120 años o más.
Así, desde Brasil, Jorge
Luiz Simmer solicita mayor información sobre la
risoterapia y Alfonso Garrido, de Puerto Rico, opina
que la risa es un poderoso mecanismo natural que
mejora nuestro estado anímico y salud física.
Nos comenta el psicólogo
salvadoreño, Juan José Aparicio, los avances
registrados en esta materia por el especialista
norteamericano, Patch Adams (Médico de la Risa),
quien ha visitado ese país y también a Cuba.
Si bien la sabiduría popular
ha sostenido, desde antiguo, la relación entre el
estado emocional y las enfermedades, hoy se tiene
una certeza con base científica acerca de la
benéfica influencia del humor sobre la salud. De la
investigación de estas cuestiones se ocupa una rama
bastante nueva de la Medicina, llamada
Psiconeuroinmunología, la cual abarca el estudio de
la autorregulación psicofisiológica y de la manera
en que las emociones influyen en el sistema
inmunológico de las personas.
Para el psiconeuroinmunólogo,
lo importante es el estudio de los mecanismos de
interacción y comunicación entre la mente y los
sistemas nervioso, inmunológico y endocrino,
responsables de mantener el organismo en equilibrio.
Esta comunicación se desarrolla a través de procesos
y sustancias químicas producidas por esos mismos
sistemas, como las hormonas, los neurotransmisores y
las citoquinas.
Según los hallazgos de la
ciencia, los eventos estresantes procesados a través
del sistema de creencias, propio de cada individuo,
pueden generar sentimientos negativos como cólera,
rabia, depresión, indefensión y desesperanza.
Estas actitudes y emociones
activan mecanismos bioquímicos, a nivel del
hipotálamo, hipófisis y glándulas suprarrenales, que
llevan a disminuir la respuesta inmunológica del
organismo, favoreciendo la aparición de las
enfermedades.
Si el sistema nervioso
central y la mente, que controlan nuestras
emociones, actitudes y creencias, pueden influir tan
directamente sobre el sistema inmunológico, debe ser
posible entonces influir en ese sistema modificando
las creencias y emociones negativas.
Estos principios dan lugar
al desarrollo de terapias psicológicas,
nutricionales, corporales y espirituales de apoyo,
algunas de las cuales están probando su capacidad
para brindar calidad de vida a pacientes con
enfermedades diversas al aumentar la capacidad de
defensa del organismo. Entre esas dolencias pueden
destacarse el cáncer, las cardiovasculares, el dolor
crónico, el estrés, la depresión.
Cuando una persona se siente
amenazada por una dolencia, el temor puede hacer
fracasar algunos aspectos del tratamiento y la
recuperación. Los médicos conocen que los pacientes
son los protagonistas de su curación y si se les
ofrecen formas adicionales de luchar contra la
enfermedad, aumentan considerablemente sus
posibilidades de recuperación.
Con tal propósito aplican
con éxito la técnica denominada risoterapia, la cual
da buenos resultados, sobre todo con niños. Otras
formas de elevar el buen estado anímico se intentan
a partir de mascotas, como perros y gatos, los
cuales parecen ofrecer al convaleciente nuevos
motivos de alegría y una posibilidad de expresar sus
emociones.
En definitiva, cuanto más
avanza la ciencia médica hacia el control, casi
total, de los agentes causantes de enfermedades, más
se ponen en evidencia aquellos factores que son
intrínsecos a la persona enferma, los cuales sólo
pueden ser abordados desde el paciente mismo. Una
nueva concepción del enfermo como persona integral
va haciéndose lugar junto al crecimiento científico
y tecnológico de nuestra época. Esto hace evidente
la importancia de la actuación del médico, capaz de
promover la importancia de las emociones, el humor y
el optimismo como medios para lograr el bienestar de
los pacientes.
Una mayor comprensión y el
buen uso de ambos recursos podrán ofrecer a la
humanidad mayor calidad de vida y posibilidades de
una existencia más sana y prolongada hasta llegar a
120 años o más.
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