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La
segunda casa de la Tercera Edad
POR MARELYS VALENCIA
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FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ -de Granma Internacional-
EN uno de sus
filmes clásicos, el italiano Vittorio de Sica narra
la historia del viejo Umberto, quien después de una
larga vida de trabajo, se ve en la calle, caminando
entre personas que no lo ven. Sólo su perro le
escucha; monólogos y silencios se agolpan en ese
crudo retrato social que es su vida.
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Margarita
Cárdenas es la
trabajadora social al frente
de la Casa del Abuelo14 de Junio, en La Habana Vieja.
“Los tengo acostumbrados
a que se interesen por lo
bueno, por lo bello y las cosas
interesantes que ofrece la vida”.
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Elvira y Juan
dicen sentirse
encantados en este otro hogar.
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Las Casas del
Abuelo de Playa
y La Habana Vieja constituyen
un ejemplo de interacción con
los proyectos e instituciones
culturales de la comunidad. Las
peñas, las tertulias, las visitas a
museos, no sólo motivan al
anciano a enriquecer su mundo,
sino que abren una puerta
al interés de la familia
con la que viven. |
El adulto mayor,
quien tiende a sufrir depresiones por diferentes
causas (aparición de achaques típicos de las
edades avanzadas, invalidez, malnutrición,
soledad), en algunos casos termina en la
inadaptación social, cuando no en el suicidio
-según estudios-, si el Estado y la familia le
pierden de vista.
En Cuba, un
porcentaje alto de la población mayor de 60 años
convive con sus hijos u otros familiares, quienes
permanecen durante el día fuera del hogar en sus
centros laborales y de estudio.
Para que el anciano
no se convierta en un ente aislado, después de
haber servido durante años a la sociedad y a la
familia, una de las modalidades extendidas en la
actualidad son los centros diurnos de
rehabilitación y esparcimiento, denominados en la
Isla Casas del Abuelo.
En cada municipio
del país existe, al menos, una de estas
instituciones que, para suerte de la llamada Tercera
Edad, extienden su obra a cientos de miles de
personas, con una relevancia social altamente
considerada. A las Casas del Abuelo, la persona
llega después de ser remitida por el médico de la
familia al Centro Gerontológico, donde un equipo
multidisciplinario evalúa su grado de fragilidad y
decide qué tipo de ayuda es la más adecuada: la
alimentación asistida, el asilo u hogar de
ancianos, el círculo del abuelo, que funciona por
medio del consultorio de la comunidad, el grupo de
orientación y recreación o la casa del abuelo.
¿CANSADOS DE
VIVIR?
Paco Valdés
comenzó una nueva vida a los 89 años. Al perder a
su esposa pensó que su paso por este mundo había
terminado. La soledad y la desesperación se
convirtieron en su nueva compañía, pero en vez de
renunciar a la vida, un buen día se levantó
temprano y salió en busca de la doctora. Desde
entonces, todas las mañanas y antes de las siete,
la Casa del Abuelo del municipio Playa lo ve
aparecer desde hace tres años.
“Toda mi familia
se fue del país, pero aquí he encontrado una”,
me dice recostado en un sillón del comedor, donde
cada uno de los 56 ancianitos recibe de lunes a
viernes desayuno, dos meriendas, almuerzo y comida,
y los sábados alimentación hasta el mediodía.
Alrededor de 11
horas diarias conviven en esta institución, que
desde su apertura en el año 2000 es dirigida con
una paciencia y entrega loables por la doctora Ivón
Planas. “Recibimos a ancianos que no tienen
compañía durante el día en sus hogares o viven
solos, y presentan cuadros de depresión, algunas
dificultades para desenvolverse, pero sin
limitaciones físicas o mentales. Permanecen aquí
desde las siete y media de la mañana hasta las seis
de la tarde, durante seis meses a un año, período
en el que pueden rehabilitarse e integrarse
nuevamente de forma útil a la comunidad.”
Además de recibir
atención especializada una vez por semana de
siquiatría, fisiatría y de una podóloga, pronto,
y en colaboración con la Cruz Roja, la Casa del
Abuelo de Playa contará con un salón de
fisioterapia para el que ya se han adquirido algunos
equipos, y que pretende dar servicio también al
resto de los ancianos de la comunidad.
Cumpleaños
colectivos, peñas culturales, encuentro con los
niños de escuelas cercanas, visitas a la biblioteca
municipal, juegos, labores manuales, buscan
devolverles la alegría a estas personas y entrenar
su mente, sano antídoto contra el inevitable paso
de los años. Por las mañanas, al finalizar el
matutino y los ejercicios físicos, se les ve
conversando en un amplio salón o jugando dominó,
la distracción preferida de Paco Valdés, que
cuando ve la tristeza asomar en la cara de sus
nuevos parientes, los invita a un partidazo.
Al caer la tarde,
el simpático anciano retorna al hogar. Las escalas
abundan en el trayecto de 12 cuadras, que parecen
esperarlo después de las seis, como amigas
solidarias, invitándolo al descanso para continuar
un camino que se repite día tras día, año tras
año, en perpetuo desafío a la renuncia.
UNA POBLACION QUE
ENVEJECE
Mientras los
presupuestos destinados a la asistencia social
sufren los mismos vaivenes de las economías
nacionales, los ancianos esperan por la buena de
Dios, particularmente en los países en desarrollo,
donde los ajustes constituyen el túnel hacia nuevos
préstamos de los organismos financieros
internacionales.
En Cuba, una de las
contadas naciones en desarrollo donde las tendencias
respecto a envejecimiento de la población coinciden
con las del Primer Mundo, el Programa Nacional de la
tercera edad, que comenzó en 1978, intenta
garantizar a este grupo social una existencia digna.
Inicialmente
dirigido a la creación y sustento de los hogares de
ancianos, luego se fue extendiendo al trabajo de las
áreas de salud en las comunidades, con el auge, por
ejemplo, del Programa del Médico de la Familia, la
creación de los Equipos Multidisciplinarios de
Atención Gerontológica (centros de atención
clínica en los municipios), las Casas y los
Círculos del Abuelo, entre otras iniciativas de
impacto social.
La atención al
adulto mayor -afirma el director nacional de este
programa, el doctor Enrique Vega García- se cuenta
entre las prioridades de la Salud Pública que
recibe del Estado más de 100 millones de pesos.
En la actualidad,
el 14,6% de los habitantes de este archipiélago
sobrepasan los 60 años. Uruguay, Argentina y
Barbados poseen la mayor cantidad de adultos
mayores, países a los que le sigue Cuba. Pero
según estudios, dentro de siete años la población
cubana será la más envejecida de América Latina y
la segunda del Hemisferio Occidental, superada por
Canadá. Las razones: disminución de la mortalidad
en todos los grupos etáreos y de la fecundidad,
proceso que comenzó en la década del 70 con los
programas de desarrollo e igualdad de la mujer.
De ahí que además
del envejecimiento, los cubanos en el 2015 verán
decrecer su población, afirma el doctor Vega.
Más allá de la
esperanza de vida al nacer, el comportamiento de la
mortalidad indica que el 75% de las personas que
nacen en estos lares llega a los 60 años y en el
2010 será el 87%.
Las provincias del
país donde se peinan más canas son Las Villas y
Ciudad de La Habana.
Más datos en www.gericubaonline.sld.cu
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