A Gerardo García Reyes lo haría muy feliz que el
20 de enero próximo sus hermanos centenarios:
Joaquín, del que es gemelo, y Manuel, de 102 años,
pudieran celebrar juntos, como siempre, el
cumpleaños de los jimaguas de la familia, pero cree
que será imposible porque Joaquín está en silla de
ruedas en su casa de La Habana del Este, y el mayor
tampoco se halla en condiciones físicas de
participar en la reunión, no obstante residir,
igualmente, en la Ciudad de La Habana.
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Gerardo García
cumple 102 años
este 20 de enero. |
También hubiera querido que participaran en la
entrevista, porque con más de cien años de vida
habríamos de repasar hechos interesantes, cada cual
con su versión, "pues somos muy unidos, a la vez que
tenemos nuestra propia personalidad".
Cuando se cumplen 101 y se ha vivido así,
sencillamente, también hay mucho que decir, por
tanto, apelamos a un derecho que da la propia
existencia.
Le pregunto cómo ha sido su vida, y me responde,
"muy normal", con cincuenta y tres años detrás de un
mostrador, primero en calidad de propietario, junto
a su hermano Joaquín, de una tienda de venta de
artículos de vestir y quincallería. Y después del
triunfo de la Revolución en función de empleado del
establecimiento que entregaron voluntariamente al
Estado y en otros centros del propio giro.
"Eramos todavía los dueños de la tienda y
seguíamos despachando vestidos de milicianos en
nuestro comercio de Contramaestre", localidad
oriental ubicada a unos 800 km de la capital cubana.
Si Joaquín estuviera ahora en la entrevista
contaría la anécdota del cruento combate de Maffo
(cerca de Contramaestre), en el cual los gemelos
fueron mediadores entre los rebeldes y la guarnición
batistiana que se resistía a entregar la Plaza
cuando era evidente su derrota. Fidel le indicó a
Joaquín: Busque al Jefe de los guardias y le dice
que si no se rinde será responsable de la sangre que
se derrame inútilmente en este combate que tienen
perdido.
La orden fue cumplida, evitándose el asalto final
de las posiciones de los batistianos, lo que habría
originado bajas para ambos bandos.
Gerardo refiere otros acontecimientos, igualmente
interesantes, que figuran entre los que dieron un
cambio en su forma de vida y en su propio
pensamiento. Así narra sobre los primeros trabajos
voluntarios, su participación en dos zafras cortando
caña, el ingreso, en 1970, al Partido Comunista de
Cuba. Muestra la foto de ambos, él y Joaquín,
realizada cuando coincidieron en una actividad
festiva con el general de Ejército, Raúl Castro.
Cumplíamos ese día 80 años y Raúl nos abrazó
pidiendo fotografiarse con nosotros "para ver si
llego también a los 80 con tanta vitalidad".
He seguido en detalles la narración fluida de
este centenario que no deja de asistir a las
reuniones del núcleo del Partido, camina diariamente
haciendo las compras de alimentos en el comercio
cercano, que le gusta la música y recuerda sus años
mozos, cuando era buen bailador, tomaba a veces
cerveza y ron y fumaba tabaco (hasta 1970, que dejó
de fumar), "aunque todo con moderación", advierte.
Con buen tino recomienda que los jóvenes no
repitan esas jugarretas a la salud para que puedan
llegar a los 120 años o más.
Aunque no practicó deportes, su propia
responsabilidad en la tienda los habituaba al
ejercicio del propio trabajo. Y ahora, por
recomendación del médico de la familia hace ligeros
ejercicios, principalmente con las piernas. Toma
agua media hora antes de las comidas y dos horas
después, siguiendo una costumbre que inició "con la
lectura de un librito chino con consejos para la
salud".
Considera que ayuda a su longevidad la dieta
continua de vegetales y verduras, algunas de ellas
crudas, aunque no despreciaba la carne de puerco, el
pescado y los mariscos. Pero todo con moderación,
reitera.
El elemento genético no parece desvincularse en
el caso de estos tres hermanos centenarios. El
padre, llamado Paulino García, falleció a los 90
años, y la mamá, Matilde Reyes, casi llegó a los 90.
Les contaban de otros familiares también longevos.
¿Cómo está ahora su salud?
Para responder, Gerardo se remite al examen a que
fue sometido recientemente en el hospital Calixto
García, donde los médicos lo hallaron con plena
salud y como medicamento único le recomendaron tomar
diariamente una aspirina.
Confiesa que se siente optimista, porque tiene
fuerzas aún para hacer actividades . No puedo estar
sentado en un sillón a esperar que la vida termine,
porque siempre hay oportunidad de hacer algo útil
que te llena de satisfacción, nos dice como
despedida, ya algo apurado, pues son las 2 y 30 de
la tarde y a las tres comienza la reunión del núcleo
a la que siempre llega puntual.
Se puede constatar, por lo expuesto por Gerardo,
que es muy importante vivir los 120 años
satisfactoriamente.