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Incógnitas, realidades y prejuicios
sobre la vejez
POR
JOAQUIN ORAMAS
EL
envejecimiento, todavía realmente no descifrado por
la ciencia, presenta incógnitas, realidades e
incluso manifestaciones de prejuicios que suscitan
numerosas preguntas. Algunas de ellas las responde
el doctor Eugenio Selman, promotor del Club de los
120 Años.
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“Debemos preparar a los niños y
jóvenes para que aprendan a vivir 120 años de
manera satisfactoria”, recomienda el profesor
Selman.
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Dicen
investigadores que es una gran dificultad no poder
dar todavía una definición adecuada y creíble del
envejecimiento. Y agregan que todas las definiciones
que se han propuesto están basadas en sus aspectos
deficitarios, los negativos y sus pérdidas.
Esa
situación, de existir, ¿podría afectar la
credibilidad sobre las posibilidades de vivir 120
años o más?
—Es
cierto que aún no existe una definición aceptada
unánimemente sobre el envejecimiento. Generalmente
se llega a aceptar que la definición contenga
elementos de distintas opiniones.
—En
relación con la pregunta debemos decir que creemos
firmemente que el hombre como especie puede vivir
120 años y posiblemente aún más, como creen otros
autores. Se conocen muchos casos de personas que
lograron a vivir cerca de 120 años y si otros no han
llegado a esa cifra es porque no se han realizado
acciones que ayuden a eliminar situaciones que
entorpecen alargar más su existencia.
Sin
embargo, hay casos que han cumplido los 120 años, lo
que demuestra que esto es posible.
¿Comparte el criterio de que no se puede difundir
adecuadamente el concepto de vejez en un mundo que,
por el contrario, hace un culto de la juventud, como
si pareciera que en ese mundo las únicas
alternativas que tienen las personas viejas están en
recurrir a los mismos parámetros que brinda la
juventud?
—Es
cierto que se hace un culto a la juventud, pero esto
no es más que el resultado de la actuación de los
medios de comunicación que promueven ese culto entre
las masas comenzando desde la niñez. Hay que tener
en cuenta que la vida es un proceso en tránsito por
distintas etapas hasta que llega la muerte. Cada una
de ellas con sus virtudes y debilidades.
Observa
seguidamente el doctor Selman que las experiencias
recogidas durante el transcurso de la vida van
transformando nuestra óptica sobre los hechos y nos
hacen capaces de valorar mucho más o de una forma
distinta asuntos a los que no dábamos importancia.
Ello se produce con mayor facilidad si aprendemos
desde la infancia a valorar la parte positiva de la
vida, agrega.
Por
otra parte, los avances de la ciencia y la técnica
hacen que situaciones que en otros tiempos conducían
al empobrecimiento de la vida del adulto mayor
puedan solventarse. Y pone como ejemplo, hacer
entrenamiento indicado para mantener la actividad
física o un tratamiento adecuado para realizar la
actividad sexual.
"En mis
tiempos...", suelen decir los ancianos. ¿Cuáles son
esos tiempos? ¿Cuando eran jóvenes? ¿Será en cambio
que los tiempos que están viviendo, parecen haberlos
dejado fuera del conjunto, sin posibilidades de
participar?
—A mi
juicio, esta pregunta no es más que el resultado de
la mala información y de la deficiente educación que
se ha recibido. Recordemos que la educación es la
que forma al hombre, le da conocimiento y forma la
conciencia.
—La
educación impartida en el siglo XX en la generalidad
del mundo es la que promueve el egoísmo y convierte
al hombre como el lobo del hombre, aislando la
solidaridad que debe ser la característica
fundamental del ser humano.
Esta
educación defectuosa —precisa— hace que cuando el
hombre deja de trabajar pierde su autoestima, piensa
que no es útil y que los demás lo ven como algo en
liquidación, lo que es cierto muchas veces. Advierte
que con tal actitud el individuo contribuye a esa
visión y al establecimiento de un círculo vicioso
que lo va liquidando efectivamente.
Las
personas que, por eufemismo, llamamos ancianos,
miembros de la tercera edad (aunque no sabemos bien
desde o hasta cuándo llega esa edad y si hay otras
edades posteriores), nos proponen un desafío.
Básicamente porque es un fenómeno en el que, más
tarde o más temprano, estaremos inmersos con nuestra
propia experiencia. Viejo no es el otro, sino que
uno debe pensar en el viejo que va a ser, afirman
algunos estudiosos.
Sobre tal apreciación precisa nuestro entrevistado:
—No
existen primera, segunda ni tercera edad. Existen
niñez, adolescencia, adulto joven y adulto mayor.
Debemos educar para asumir en cada etapa lo que nos
corresponde, tanto positivo como negativo,
ayudándonos los uno a los otros solidariamente.
Usted
ahora, una persona mayor, ¿pensó alguna vez durante
su juventud en la esperanza de vivir 120 años?
¿Reflexionó en la siguiente alternativa: morimos
jóvenes o llegamos a viejos?
¿Cómo se ha sentido al pensar en la muerte?
—Creo
que en la juventud, según la educación recibida,
generalmente no se piensa en la muerte ni en los
años que vamos a vivir. Sin embargo, estimo que
debemos preparar a los niños y jóvenes para que
aprendan a vivir 120 años de manera satisfactoria.
En
cuanto a mí, no pienso en la muerte, puesto que mi
padre me inculcó desde niño que no pensara en ella y
actuara como si fuera a vivir eternamente. He ahí
una muestra del valor de la educación. No obstante,
sí he pensado lo que debo hacer para quienes me
recuerden después de mi muerte, lo hagan con cariño.
Hay un
aspecto que sería interesante analizar, la imagen
social de las personas mayores. Afirman expertos que
la imagen que la sociedad tiene del anciano es muy
negativa, por lo menos, en las sociedades
capitalistas. De ahí que muchos mayores se resistan
a ser considerados viejos. ¿Comparte usted ese
criterio? ¿Qué aspectos de la vejez se pueden
rescatar de esa imagen?
—Es
cierto lo relacionado con la imagen bastante
negativa sobre el adulto mayor (fíjese que no uso la
palabra viejo, que debemos descartar al referirnos a
ellos. Es una forma de educarnos).
Esta
forma negativa, como señalamos antes, es el
resultado de la educación defectuosa que se ha dado
durante el siglo XX y que hay que cambiar, a fin de
transformar el mundo y convertirlo en un mundo
solidario.
Entre
las cosas positivas que tiene este período está el
simple hecho de estar vivo. Eso ya es un valor en sí
mismo, pero todavía hay más. Contrariamente al mito
de que los viejos son personas enfermas, la mayoría
de ellos son personas sanas, según facultativos que
rechazan el prejuicio de la fórmula vejez =
enfermedad.
¿Será cierto esta especie de perogrullo: si una
persona llega a vieja, es porque no ha sufrido
grandes enfermedades?
—Totalmente falso, pues la especie humana puede
vivir 120 años y más, a pesar de haber sufrido
graves enfermedades y accidentes, si éstos son
tratados a tiempo y adecuadamente.
¿Quiere decir, entonces, que la asociación entre
vejez y enfermedad es falsa, porque la enfermedad
puede estar asociada a cualquier edad de la vida?
—Es
igualmente falsa tal asociación, ya que la
enfermedad puede estar asociada a cualquier edad.
Lógicamente, esto trae aparejada una serie de
ventajas. Si a uno le gusta vivir, está en
condiciones físicas de participar de la vida.
Mientras que si uno es joven pero está enfermo,
tiene más problemas para desarrollar muchos aspectos
de esa vida.
Vayamos
a otro mito. Los viejos, por vivir más, ¿son sabios?
—No.
Recuerde que no todo el que pasa por la universidad
llega a ser un experto.
Por lo
visto, con las personas de la tercera edad no se
puede generalizar, dado que en esto se parecen a
todos los demás. Opinan estudiosos del tema: la
diversidad de personas mayores es muy grande. A lo
que agregan que el período de tiempo que abarca el
envejecimiento es largo y cada vez crece más. ¿En
qué radica esa diferencia entre las personas de más
edad? ¿En qué grupo se sitúa usted y por qué?
Todas
las personas son distintas. Incluso los gemelos
monocigóticos presentan diferencias psicológicas y
de comportamiento social. Recuerde que todos somos
diferentes y hemos señalado la educación como el
factor fundamental para marcar las diferencias.
Hay
además otros factores sobre los cuales habrá que
profundizar en otra oportunidad. Si embargo, estoy
convencido de que es determinante en la vida
proponerse y lograr objetivos. Entonces, la
determinación de ser un adulto mayor activo y feliz
es de gran importancia para serlo.
El
doctor Selman reitera finalmente el convencimiento
de que se puede llegar a los 120 años con una vida
satisfactoria, sin tener que realizar grandes
esfuerzos ni grandes sacrificios si nos lo
proponemos. |