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Dieta
equilibrada contra alimentos chatarra
POR JOAQUIN ORAMAS
LOS
científicos han demostrado que al paso del tiempo,
en un lapso de meses, el hombre no presenta en su
cuerpo ni una sola de las moléculas que tiene hoy.
Ocurre porque el organismo humano se está
recambiando continuamente con tres elementos: el
aire que respira, los líquidos que toma y los
alimentos que come.
Al
hacer tal reflexión, la doctora Concepción Campa,que
descubrió la única vacuna antimeningocóccica tipo B
que existe y directora del Instituto Carlos J.
Finlay, advierte la importancia del equilibrio de
esos elementos para todas las personas, pues a
medida que lo logran existe entonces una relación
positiva con la naturaleza, con la sociedad y con
uno mismo. Y señala la importancia de la nutrición
adecuada para lograr el estado de salud favorable,
porque somos lo que pensamos y lo que comemos,
decisivo en la estabilidad del individuo.
Si
comemos adecuadamente y tenemos las emociones
controladas, las enfermedades no encuentran cómo
instalarse. “Las enfermedades se instalan por
desequilibrios emocionales o nutricionales”, precisa
la doctora Campa, quien nos refiere el experimento
que llevan adelante en la institución que dirige,
donde cuentan con un huerto en que cultivan
vegetales y otras plantas que atiende un personal
especializado. De manera que pueden obtener una
dieta equilibrada para prevenir enfermedades.
Se
basa esta investigación en un método de la medicina
tradicional china que establece cinco parejas de
órganos del cuerpo humano relacionados con igual
número de sabores básicos. De manera que cada sabor
alimenta a cada pareja de estos órganos.
Así
el sabor salado alimenta al sistema del riñón; el
ácido, al hígado, el amargo al corazón, el dulce al
bazo-páncreas y el picante, al sistema pulmón.
Todos ellos están entrelazados, según explica la
investigadora, quien precisa que todas las parejas
señaladas están relacionadas con las emociones.
Profundizando en el asunto pone ejemplos
ilustrativos: Quien ingiere sólo alimentos dulces,
ácidos y salados, produce desequilibrio en los
sistemas, pues todos están entrelazados. Igual
ocurre con los que se alimentan con mucha azúcar,
originan desequilibrios que afectan las emociones.
La
explicación de la doctora toma algunos aspectos de
la medicina tradicional china que relaciona el miedo
con el riñón y la ira con el hígado. Acude a un
pensamiento de José Martí en el que advierte que
sólo los débiles se enojan y reflexiona entonces la
directora del Finlay, sobre la relación de la ira
con el miedo. Porque sólo sentir que uno no puede
controlar algo le provoca la ira, añade.
Al
insistir en la importacia de la dieta balanceada
advierte que el desequilibrio nutricional impacta en
las emociones. Relación planteada incluso por
Hipócrates al afirmar que “sólo somos lo que comemos
y lo que pensamos”.
Ampliando ese concepto hace hincapié en el impacto
que provoca en la salud el abandono de la cultura
alimentaria que conlleva la globalización y que se
vincula con distintas patologías, entre ellas la
obesidad. Critica los denominados alimentos chatarra
que venden las empresas transnacionales de la
industria alimentaria. En su egoísmo por la
acumulación de bienes han cometido el terrible
crimen de refinar los alimentos a los que les
eliminan lo más importante para la alimentación y
dejan lo menos importante para el consumo,
denuncia. Y cita como ejemplo esclarecedor el trigo
refinado que dura más que el integral, porque este
último es más rápidamente atacado por bacterias y
hongos. Precisamente los mayores alimentos son los
que atacan los microorganismos que saben dónde ir a
comer.
Lo
mismo ocurre con el arroz procesado, que es menos
nutritivo que el que no ha sido pulido. Se trata de
un cereal que contiene minerales, vitaminas,
aminoácidos y otros componentes beneficiosos que se
pierden en el proceso de pulido para su
comercialización.
Reitera que no se puede soñar con una longevidad
como la que deseamos sin la búsqueda constante,
incesante, del equilibrio de cada individuo que
conlleva al de la familia, al de la sociedad, de los
países y entonces de la naturaleza, sentencia.
Porque
para hablar de longevidad con calidad de vida hay
que ver de manera multifactorial e integral a todos
los elementos que componen el equilibrio del ser
humano, concluye. •
(Para mayor información redac2@granmai.cip.cu) |