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 En defensa de los genes

POR JOAQUIN ORAMAS

EN el banquillo de los acusados están sentando a los genes, pese a que contribuyen notablemente para alcanzar la longevidad, incluso los 120 años o más. En la prensa leemos con frecuencia: aparece el gen del cáncer de mama, localizan el de la diabetes, descubren el del cáncer de estómago, por señalar algunos.

 Al reflexionar sobre el asunto, la doctora Concepción Campa observa que nadie se ha preguntado ¿cómo es que cualquiera de esos genes han sufrido mutaciones y por qué registró tan significativo cambio?

La reconocida investigadora y directora del Instituto Carlos J. Finlay, hace consideraciones sobre la evolución de los citados elementos que son partículas de los cromosomas y producen la aparición de las características hereditarias en los seres humanos, animales y plantas.

Afirma la científica que su evolución comienza por la adaptación al medio ambiente. Y reitera al respecto que todos los cambios genéticos  ocurridos en seres humanos, animales  y  plantas se suscitan por su relación con la naturaleza.

Explica entonces sus criterios sobre las concepciones actuales sobre los referidos elementos al expresar: “Si se comprende que los genes han ido cambiando por la adaptación al medio ambiente, entonces ¿cómo lo entienden para el pasado y no lo entienden para ahora?”.

Explica a la sazón que no se trata de anunciar que apareció el gen del cáncer de mama, sino dar a conocer también que una de estas partículas mutó para originar esa enfermedad, “porque algo estamos haciendo mal”. Ocurre entonces una evolución a la inversa, en la cual genes mutados originan enfermedades y muertes en la poblacion.

 No se trata de localizar el gen para sentarlo en el banquillo de los acusados; lo aconsejable es buscar el porqué de la mutación y la razón de la existencia en la actualidad de más genes que provocan tantas enfermedades, indicó.

 Su tesis radica en que los genes están mutando hacia enfermedades porque no les queda más remedio como consecuencia de las cosas malas que  hacen los seres humanos. Hace hincapié en los desbalances de la alimentación y otras actividades, manifestando sobre el tema que estamos comiendo desequilibradamente, tenemos emociones desequilibradas por las dietas desbalanceadas y los tóxicos que ingerimos. Asimismo, impactamos el medio ambiente, dañamos la naturaleza con resultado de afectaciones en la sociedad por las consecuencias negativas en el agua, el aire y la alimentación. 

 “Cómo vamos a esperar a tener una sociedad equilibrada si la gente respira, toma y come lo que está descompensado, lleno de químicas, de horrores. El aire, el agua, los alimentos no están puros, no son naturales. Cómo en tales condiciones vamos a esperar una sociedad equilibrada y un individuo equilibrado”, advierte.

 La destacada investigadora asegura que el pensamiento de la existencia de enfermedades genéticas puede  llevarnos a equívocos y no ver la verdad de la razón de las cosas.

 Citó una información reciente sobre el descubrimiento en Estados Unidos del gen que produce el cáncer de la mama derecha y otro en la mama izquierda. Según ese diagnóstico horroroso, añade, las mujeres que presentan los dos genes tienen tal probabilidad de sufrir la afección en las dos mamas.

 Y a los ilustres médicos norteamericanos se les ha ocurrido como solución extirparles, en edades tempranas, las dos mamas a esos casos, sin que haya manifestación alguna del mal, para evitar la enfermedad maligna.

 Si aceptáramos esa descabellada solución, pregunta la doctora Campa, qué harían esos médicos si se descubre el gen del cáncer de la cabeza o del estómago, ¿los cortarían?

 Califica el hecho como una aberración mental, pues la paciente, aunque tenga ya por desgracia heredada la predisposición a la enfermedad, como consecuencia del daño del desequilibrio de las generaciones que nos anteceden, la solución sería equilibrarla para que jamás le invada la afección.

 Insistiendo en el papel que desempeñan los genes y los alimentos en la herencia, reveló que la alimentación impacta en cinco generaciones posteriores. Cuando yo comí antes de tener a mis hijos, asumía también la responsabilidad de mis nietos, biznietos, tataranietos y de mis chornos, precisa al abundar en la importancia de los genes y la dieta adecuada en el propósito de alcanzar 120 años, o más, de vida.

 Advirtió que los errores de cinco generaciones ateriores están impactando en la actual, a la vez que perjudican a las siguientes por sus deficiencias multiplicadas, no obstante los avances científicos y tecnológicos. No se sabe qué pasará en las próximas generaciones si la humanidad no se da cuenta de que tiene que comer adecuadamente, respetar la naturaleza y vivir en equilibrio con su medio ambiente.

 Posiblemente no se llegue a cinco generaciones posteriores y menos a la longevidad que aspiramos, si no tenemos en cuenta estos elementos, sentencia para concluir con este pensamiento de José Martí: “Comer bien, que no es comer ricamente, sino comer cosas sanas, bien condimentadas, es necesidad primera para el buen mantenimiento de la salud del cuerpo y de la mente”. La angustia con que se vive en todas partes del mundo en la época de transición en que nos ha tocado existir hace más necesaria hoy que nunca la reparación inmediata y cuidadosa de las fuerzas que en grado mayor, que en ninguna otra época, se pierden“. Martí, que no fue médico pero era sabio, lo señala en su crónica sobre la Exhibición sanitaria La América, en Nueva York, en mayo de 1884.

 

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