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El alimento chatarra
POR JOAQUIN ORAMAS
UNA contribución a la prolongación
de la vida, que abre el camino de los 120 años, es
mantener una dieta sana que puede resultar cuando la
idea del placer viene asociada tanto con el paladar
como con el olfato, el tacto y la vista.
El placer en la alimentación no
necesariamente está relacionado con grandes
comilonas y rebuscadas preparaciones. Tampoco una
dieta saludable se define por estrictas
prohibiciones y aburridas ingestas. Los criterios
acerca de lo que es sabroso cambian en las distintas
culturas y regiones del mundo, lo cual demuestra que
en ello influye principalmente el hábito.
Modificar esos hábitos en nuestra
alimentación, aprender a elegir lo que es sano y a
la vez placentero, puede prevenir muchas
enfermedades, tales como la ateroesclerosis y la
hipertensión, entre otras.
Para ello, es necesario tener
conocimientos básicos sobre las necesidades del
organismo y las combinaciones que admite una
alimentación equilibrada.
El organismo humano está diseñado
para conseguir su función óptima con un régimen bajo
en grasas, regular en proteínas, bajo en azúcar y
alto en fibra y otros carbohidratos complejos. Según
los antropólogos, la dieta de nuestros ancestros de
muchas generaciones atrás tenía esas
características. Al parecer, ellos se alimentaban
mucho más sanamente; tenían en cuenta sus
necesidades naturales y prestaban atención a los
mandatos del cuerpo.
La dieta actual de las sociedades
occidentales, sobre todo las urbanas, impuesta por
la comercialización, se compone de mayor cantidad de
grasas, una proporción mucho más alta de ácidos
grasos saturados, un tercio de la ingesta diaria de
fibra recomendada, mucho más azúcar y sodio, menos
carbohidratos complejos y escasos micronutrientes.
Pero los especialistas advierten que cada organismo
es diferente, y debe prestarse atención a las
señales de saciedad que emite el propio cuerpo.
Los riesgos de una mala alimentación
pueden incluir excesos y defectos, y sus efectos van
desde la desnutrición a la obesidad y otros
padecimientos. Entre los hábitos que conducen a la
obesidad se destaca el consumo de grandes cantidades
de la denominada "comida chatarra": con mucha grasa
y azúcares, así como hamburguesas, tocino con
huevos, helados, gaseosas, papas fritas, etc. Si
bien la obesidad se da con mucha frecuencia en los
países desarrollados, entidades como la Organización
Panamericana de Salud advierten de su crecimiento en
el Tercer Mundo como consecuencia de una dieta
desbalanceada por razón de la pobreza. Allí el
consumo de alimentos chatarra se generaliza mientras
se globalizan las enfermedades.
El exceso de alimentos enlatados, en
cuyo proceso pierden valiosos elementos
alimenticios, son referencia en productos
fundamentales. Veamos los ejemplos de dos cereales
importantes para la salud humana.
¿Por qué dura más el trigo refinado
que el integral?, porque este último es atacado
rápidamente por bacterias y hongos que saben dónde
está el mayor alimento. Al ser humano le venden, por
intereses comerciales, el menos nutritivo.
Lo mismo ocurre con el arroz pulido.
Las transnacionales indican que el mejor es el más
blanco. Sin embargo, el más favorable es el
integral.
Todas estas cuestiones deben ser
aprendidas desde muy pequeño en el ámbito familiar y
escolar. Es prioritario dar un lugar de importancia
al conocimiento de los alimentos que realmente
necesitamos, porque nos ayuda a alargar la vida y
que esta sea de calidad. Que es la razón de vivir
120 años.
(Para
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