La
adolescencia, etapa decisiva
para la longevidad
Por
Joaquín Oramas -de
Granma
Internacional
LA
adolescencia es quizás la etapa más compleja y
decisiva para poder llegar a la longevidad y que se
alcancen los 120 años.
En ese
lapso de la vida maduran los principales órganos,
comienza el desarrollo del futuro perfil psicológico
del adulto y se fortalecen o deterioran los hábitos
adquiridos durante la infancia, sean éstos “buenos”
o “malos”. Es el niño que quiere llegar a ser adulto
antes de tiempo o puede ser el adulto que no quiere
dejar de ser niño, después que ya dejó de serlo.
Se
refuerzan las inquietudes sexuales, que nacen desde
la infancia y comienzan cambios importantes en su
metabolismo que se reflejan en el cuerpo y la
psiquis. Quizás es la fase donde el papel de la
educación, tanto familiar como del sistema de
instrucción —preuniversitaria y universitaria—,
desempeña el papel predominante en la formación de
la vocación para una vida responsable y saludable,
señala el profesor Alberto J. Núñez Sellés.
Condición para llegar a ser un adulto con una
cultura tal que le permita entender la importancia
de su contribución individual como ser humano al
desarrollo de la sociedad que le ha tocado vivir.
Afirma el especialista que si ese conjunto de
factores fisiológicos, psicológicos y espirituales
no se conjuga de manera armoniosa, será difícil
alcanzar la madurez necesaria para empezar la etapa
adulta con una elevada expectativa de vida.
Califica estos años decisivos porque en ellos cobra
mayor importancia el ejercicio físico, la definición
de hábitos de conducta individuales y sociales, la
búsqueda de una pareja estable, entre otros
aspectos, todo lo cual debe ir conformando al futuro
adulto que llegará a su período de mayor desarrollo
entre los 20 y 25 años. Es precisamente cuando
comienza una vida laboral plena. No resulta, por
tanto, sorprendente que se vinculen los aspectos del
sistema educacional, cultural y de la vida social en
su conjunto, como un aspecto determinante durante la
adolescencia para poder aspirar a una longevidad
satisfactoria, subraya.
EL
ADULTO Y EL ESTRES FISIOLOGICO
El
doctor Núñez Sellés dice también que generalmente se
acepta que el desarrollo físico del ser humano
alcanza un tope alrededor de los 25 años de edad,
con una escala máxima de madurez intelectual
alrededor de 45 años, a partir de cuya edad comienza
un lento proceso de retroceso hasta los 65 años,
cifra en la que se considera comienza la denominada
Tercera Edad o del Adulto Mayor. La etapa de
adulto, entre los 25 y 65 años, es la cuarta etapa
del envejecimiento (después del embarazo, la
infancia y la adolescencia) y la más intensa de la
vida del ser humano, tanto desde el punto de vista
físico como intelectual. En ella cobran un mayor
valor la práctica alimentaria, el ejercicio físico,
la ausencia de hábitos tóxicos y una plena vida
socio-cultural. Pero, a su vez, es cuando con mayor
intensidad se reflejan las consecuencias de los
diferentes tipos de estrés sobre la bioquímica del
organismo, generalmente asociados a la aparición de
enfermedades infecciosas transmisibles o crónicas no
transmisibles.
Aunque
un adecuado sistema de inmunización desde la
infancia, como el que existe en Cuba contra 13
enfermedades, es de una importancia superlativa, tan
importante en la etapa de adulto es la adopción de
medidas profilácticas, sobre la base que siempre
será mejor prevenir que curar. La profilaxis puede
abarcar la necesaria suplementación con
micronutrientes, vitaminas y productos naturales
antioxidantes, de eficacia e inocuidad comprobados,
que no son suministrados al organismo a través de la
dieta diaria por diversas razones.
Lo más
importante es considerar si el adulto ha mantenido o
ha variado hábitos saludables que debe haber
aprendido desde la infancia y, a su vez, incorpora
los que corresponden en esta etapa de la vida. Por
ejemplo, en el caso de las mujeres adultas la
detección precoz de posibles carcinomas de útero
(prueba citológica) o de mama (autoexamen
sistemático de los senos); en el caso de los hombres
adultos el examen de próstata, que permitan adoptar
tratamientos terapéuticos efectivos cuando aún se
está a tiempo, por sólo citar algunos ejemplos.
Quizás lo más trascendente de esa etapa, según un
criterio muy personal, para llegar a alcanzar
después una longevidad satisfactoria, es el
sentimiento de satisfacción consigo mismo, afirma
por último el profesor Núñez Sellés.
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