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Las aristas del estrés
POR
JOAQUIN ORAMAS
PARA el profesor doctor
Alberto J. Núñez Sellés, el estrés presenta
distintas causas y no podemos asociar su atención
sólo al origen psicosocial, aunque parece que éste
es mayoritario.
Cuando le escuchamos a
alguien que padece ese mal, generalmente lo
asociamos a la influencia de la vida moderna, porque
dice: “No me alcanza el tiempo o el dinero”, “no
pasa el ómnibus y puedo llegar tarde al trabajo”,
“mañana tengo examen” y decenas de otras expresiones
que reflejan el estado de ánimo alterado, tan común
en la vida de hoy.
Sin embargo, señala el
profesor cubano, existen otros tipos de estrés,
tales como el ambiental por la contaminación del
medio, el hueco en la capa de ozono y el ruido; el
nutricional por los alimentos enlatados, las comidas
“rápidas”, la grasa animal, el genético (asociado a
las deficiencias genéticas) y el fisiológico, por
desórdenes de los diversos sistemas del organismo.
Todas estas variantes de la
que algunos llaman la enfermedad de los siglos XX y
XXI, tienen su expresión en la bioquímica del
organismo humano, unos más y otros menos, en el
balance de especies químicas reactivas,
fundamentalmente de oxígeno (donde se incluyen los
radicales libres). Ese desbalance es lo que se
conoce como estrés oxidativo.
Mientras mayor es el grado
de estrés, de cualquiera de los tipos mencionados
con anterioridad, mayor es el grado de estrés
oxidativo, o lo que es igual, mayor es el grado de
desbalance de sistemas bioquímicos muy complejos que
tienen que ver con muchos desórdenes del organismo
humano. Quizás el ejemplo más típico de la
influencia del estrés oxidativo sobre el organismo
humano es uno que cada día tiene más actualidad: el
proceso de envejecimiento. Pero, ¿cuándo es que
comienza éste?
Desde el mismo momento que
el espermatozoide penetra el óvulo y comienza la
replicación celular para dar origen a un nuevo ser
humano, que después de nueve meses en el seno
materno tendrá la madurez necesaria para abandonarlo
y empezar una vida independiente. Nada más erróneo
considerar que el envejecimiento comienza después de
los 65 años, en lo que se ha considerado llamar la
Tercera Edad, subraya.
Es decir, la posible
longevidad de ese nuevo ser humano dependerá de las
“calidades” del espermatozoide y el óvulo, así como
de la aplicación de métodos y hábitos de vida sanos,
tanto de la madre como del padre. Es por eso
recomendable que, antes de concebir, la pareja se
someta a algún tipo de asesoría genética, mucho más
si se conocen antecedentes familiares; psicológica
(para ver la madurez de la pareja para afrontar la
atención de un nuevo miembro de la familia) y
chequeos médicos especializados con análisis de
esperma, valoración de órganos reproductivos, etc.
Si el crecimiento del feto está afectado por alguna
de las causas anteriores (genética, psicológica y/o
fisiológica), su expectativa de vida se verá
considerablemente disminuida y serán pocas las
posibilidades que ese nuevo ser humano pueda
alcanzar la Tercera Edad o una longevidad
satisfactoria. Otro factor importante es la actitud
de la pareja durante el embarazo, como por ejemplo,
la que se toma ante los hábitos tóxicos (tabaco,
alcohol y otras drogas), tanto de forma activa, como
pasiva. Si la madre consume tabaco y alcohol durante
el embarazo, ello afectará el desarrollo del Sistema
Nervioso Central del nuevo organismo; si el padre
fuma al lado de la madre embarazada, el humo llegará
hasta el feto; el consumo de drogas alucinógenas
hará dependiente al nuevo ser humano desde antes de
su nacimiento. Todo lo cual acelerará el proceso de
envejecimiento hasta llegar a una muerte prematura.
Los hábitos sanos de la pareja y una adecuada
alimentación durante el embarazo permitirá que ese
“pequeñito” que nacerá, pero que ya es un “viejito”
de nueve meses de edad (formándose en el vientre
materno), pueda aspirar desde sus inicios a tener un
proceso de envejecimiento normal y llegar al
potencial de vida del ser humano: los 120 años.
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