Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 9 de Diciembre de 2004

Y se preguntan: “¿Por qué nos odian?”

Juana Carrasco Martín

El sábado 4 de diciembre sorprendió con pruebas frescas de la práctica común de las fuerzas militares norteamericanas que guerrean por el mundo: fotos de efectivos de las fuerzas especiales de la Marina de Estados Unidos, los SEAL, abusando, maltratando, humillando a prisioneros iraquíes. Fueron tomadas en mayo de 2003, cuando apenas comenzaba la ocupación de Iraq.

En un anodino sitio de Internet dedicado a vender fotos de aficionados o profesionales, la esposa de un marino que sirvió en Iraq había colocado 40 instantáneas. Poco después de que fueran descubiertas en Smugmug.com, ya no podía llegarse a ellas libremente porque se exigía un login y un password. Pero en otros sitios de la red ya estaban las evidencias, luego que un reportero de la Associated Press las encontrara.

SEALs que reían junto a detenidos encapuchados, esposados, amontonados, semidesnudos; SEALs que encañonaban la cara ensangrentada de otro iraquí en una casa sometida a registro; SEALs que ponían sus botas sobre el pecho de un hombre yaciendo en el piso... La bandera de Estados Unidos en los uniformes y un tatuaje de esas fuerzas de operaciones especiales ponían la firma del ultraje.

Venían de inmediato las informaciones y comentarios de la BBC, Islam Online, The Telegraph, agencias noticiosas y otras publicaciones, pero hay de nuevo un silencio cómplice en cadenas televisivas de Estados Unidos y en algunos de los mayores medios de ese país. El ciudadano norteamericano no debe ejercer su derecho civil a conocer qué hacen realmente sus tropas a miles de kilómetros, en los países que mantienen ocupados, donde han dado muerte a decenas de miles de personas —buena parte de ellos mujeres y niños—, allí donde ya han perdido la vida 1 273 efectivos estadounidenses en Iraq y 146 en Afganistán.

Ahora, las escenas recién descubiertas por el periodista y las copias compradas por la AP al precio de 29 centavos cada una, fueron puestas en manos de la jefatura del Comando Naval para la Guerra Especial (NSWC) en Coronado, California, y un vocero de ese cuerpo, Jeff Bender, les aseguró que “el asunto sería meticulosamente investigado”.

Se hace de nuevo evidente que la tortura, los abusos, se ejercitan sin reparos de ningún tipo y forman parte del entrenamiento que reciben los militares estadounidenses, sea cual sea la fuerza en la que sirven.

En Abu Ghraib fueron policías militares, oficiales de inteligencia militar y agentes de la CIA. Son los mismos que actuaron primero en Afganistán y que han interrogado e interrogan a quienes están detenidos en el campo de concentración que edificaron en la Base Naval de Guantánamo para los talibanes o miembros de Al Qaeda capturados.

La brutalidad es el método, igual si lo emplean durante los registros casa a casa o de mezquita en mezquita, o si lo utilizan en los interrogatorios o cuando desean dar rienda suelta a conductas aberrantes, propiciadas por lo que es política oficial para el trato a quienes ni siquiera quieren reconocer como prisioneros de guerra, en total desprecio a los convenios internacionales.

“Era solo para divertirnos”, dijo en su momento la policía militar Lynndie England, cuya oprobiosa presencia en las fotos de Abu Ghraib recorrió el mundo y la convirtió en símbolo del abuso imperial. También ella dice que la quieren convertir en un chivo expiatorio y más allá de su propia responsabilidad en estos actos criminales, tiene razón, porque el pasado 1ro. de diciembre el diario The Washington Post reportaba que generales del ejército de Estados Unidos habían sido advertidos en diciembre de 2003 de que tropas de operaciones especiales y personal de la CIA eran sospechosos de abusar de prisioneros iraquíes, y esto era cuatro meses antes de que salieran a relucir las imágenes que choquearon al mundo.

Las fotos de los SEALs están ahora en manos del Servicio de Investigación Criminal Naval para que identifique a esos hombres y determine qué estaban haciendo, quizás los lleven ante un tribunal como a la England y otros siete policías militares de Abu Ghraib, pero ¿alcanzará algún día a quienes engendraron la guerra, a los que en el Pentágono y la Casa Blanca les dieron la orden de sacar información por cualquier vía a los supuestos terroristas?

O el cinismo los llevará simplemente a prohibirles a los soldados estadounidenses que entre su atuendo militar lleven una indiscreta cámara fotográfica o un peligroso dispositivo de video. No lo dudemos. Según Islam Online, con expertos en leyes de la guerra que revisaron las fotos a requerimiento de AP, afirman que estas “necesariamente no muestran nada ilegal”. Lo dijo Gary Solis, un ex fiscal del Cuerpo de Marines y juez que enseña en la Academia Militar de Estados Unidos: las imágenes muestran una conducta “estúpida” y “juvenil”, no necesariamente un crimen.

Igual de indignantes resultan las opiniones del vicealmirante retirado John Hutson, quien sirvió como Juez General de la Marina desde 1997 hasta el año 2000, cuando sugirió que habría posibles violaciones de la Convención de Ginebra: esas leyes internacionales —dijo— prohíben las fotos souvenires de prisioneros de guerra.

El vergonzoso manto del ocultamiento está echado. Y George W. Bush, este martes 7 de diciembre, se reunió con los marines de Camp Pendleton, en California, y le pidió al pueblo de Estados Unidos que apoye a sus heroicos soldados.

 
 

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