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E C O N O M I A

La Habana, 27 de Diciembre de 2004

Para que las frutas ocupen su lugar
• El destino principal de las frutas no cítricas son los mercados agropecuarios donde los precios continúan altos • Al turismo sólo se destina un 15% de la producción • Faltan mecanismos de coordinación para aumentar las conservas

POR RAISA PAGES —de Granma Internacional

EN un país caluroso como Cuba, tomarse un jugo frío o comer frutas es lo más deseado, para calmar la sed en una Isla con un verano casi permanente.


Las frutas tropicales constituyen un mercado en plena expansión internacional.
 


La piña es una fruta que puede estar presente los 12 meses del año en forma fresca mediante la inducción forzada de la floración.
 


Nuevos métodos técnicos en las plantaciones de mango podrían incrementar los rendimientos actuales.

Adquirir frutas frescas en los mercados agropecuarios tiene sus altas y bajas, pero lo que sí hay algo que se mantiene elevado son los precios.

 Antes de la crisis económica de los 90, la producción de esos alimentos en Cuba no satisfacía la demanda interna, pero no se sentía tanto la ausencia de la agricultura nacional, debido a las importaciones de conservas de Bulgaria o la extinta Unión Soviética.

 Pero si en la época de los años 80 las frutas en conservas venían de la Europa socialista, antes de 1959 el mercado de Estados Unidos era el mayor proveedor de frutas y conservas en Cuba, suministros interrumpidos cuando se impuso el bloqueo. Esa cruel medida provocó un déficit para satisfacer las compotas de los niños. Como respuesta, se crearon grandes planes frutales en diversas partes del país.

 El doctor Emilio Farrés, subdirector del Instituto de Investigaciones de Fruticultura Tropical, brindó a este semanario una panorámica del actual programa de frutas tropicales, sus logros y problemas no resueltos.

 NO HABIA LLEGADO EL BOOM

De la época de los años 80 siempre me vienen a la memoria las compotas rusas y los jugos búlgaros, pero de las conservas cubanas sólo recuerdo el jugo Taoro.

 “En la década de los años 70 y 80, el país llegó a tener cerca de 60 000 hectáreas de esos cultivos, pero con tecnologías poco desarrolladas y bajos rendimientos. En 1988, Cuba alcanzó las 268 000 toneladas de frutas no cítricas. Repitió esa cantidad en 1991. Aunque esta producción nunca desbordó las necesidades internas, para mantener un consumo fresco en la población, ni satisfacer las demandas de la exportación.

 “Antes de la crisis económica, la producción interna de mango y guayaba sólo garantizaba la cuota controlada de compotas para niños menores.

“En aquella etapa, las tecnologías en frutas tropicales estaban muy limitadas. No había suficientes investigaciones, porque mayormente los productores se asentaban en países en desarrollo, con investigaciones escasas.

 “No se conocían profundamente los procesos fisiológicos y tecnologías para lograr rendimientos impactantes y altos niveles de eficacia.

 “El mercado internacional de frutas tropicales era muy limitado, sólo se conocía la piña, algo de mango y aguacate. La única fruta que se podía programar su producción para todo el año era la piña, mediante la inducción forzada de la floración, lograda desde 1940. Las demás eran muy perecederas después de separarse del árbol. 

 “Tampoco se conocían tecnologías posteriores a las cosechas para alargar la vida frutal en forma fresca. Cuando el país se vio colapsado por la caída del socialismo europeo, la fruticultura sufrió un duro golpe por la carencia de insumos. No había recursos como combustible, fertilizante, plaguicidas, equipos mecanizados.

 “No había ni medios para transportar las frutas. De 268 000 toneladas obtenidas en 1991, la cosecha bajó a 68 000 toneladas, en 1993.

¿La mayor afluencia del turismo ha condicionado una recuperación de las frutas?

“En forma fresca, el  turismo hoy consume menos de 15% de las frutas tropicales, pues la mayoría se vende en los mercados agropecuarios.

“El Instituto de Investigaciones de Cítricos y Frutales asumió, en 1997, la misión de diseñar un programa de recuperación, consistente en tres puntos: rescatar las plantaciones con posibilidades productivas; fomentar nuevas áreas con un nivel tecnológico, de acuerdo con los conocimientos que el país había adquirido; y desarrollar un movimiento popular de siembras en patios y parcelas ociosas.

 “Entre tanto, con la década de los 90 vino el boom en las nuevas tecnologías, como resultado de muchos años de investigaciones diferentes países. Las migraciones del Tercer Mundo hacia los países desarrollados promovieron el conocimiento de otras frutas. Esos factores condicionaron un mercado internacional, actualmente en plena expansión.

¿Por qué no se puede mantener un surtido constante de frutas?

 “En un país como el nuestro, donde no hay diversidad de climas y alturas, las frutas son por temporada. Por ejemplo, el mango se cosecha entre mayo y agosto. El resto del año se consume en conserva.

“La piña es más noble porque la puedes programar para casi todo el año. También la frutabomba y la guayaba se pueden manejar  en forma fresca casi todo el año. Pero hay que disponer de riego y saber cómo hacer las podas.

 “Uno de los problemas actuales de los frutales es que sólo 50% de las áreas cuentan con riego. “A veces falla el combustible para regar. A veces no tienes ni el sistema de riego”.

 Todos conocen la larga vida de los árboles frutales. Uno siembra una mata de mamey y para ver sus frutos deben pasar 15 ó 20 años. ¿Cómo obtener antes los frutos y no esperar tanto?

 “Platas de guayaba enana fue uno los primeros logros de la ciencia cubana. Al igual que la obtención de una papaya de alto rendimiento, la conocida como Maradol, obtenida por el genetista agrícola Adolfo Rodríguez, ya fallecido.

 “La fruta que más se produce en Cuba es el mango, aunque hemos logrado ir variando esa proporción, para diversificar más las ofertas. Este año se cosecharán alrededor de 430 mil toneladas de frutas no cítricas, 40% más que las obtenidas en 1991.

 “El mamey colorado está cogiendo un espacio. Hemos logrado un sistema de injerto para que esta planta fructifique en  cuatro y cinco años. Un productor de Bejucal, Lázaro Hernández,  injertó más de dos mil matas de mamey. En Villa Clara, en Cifuentes,  en Ciego de Avila se están haciendo estos injertos con el mamey, una fruta que no es como el mango que se siembra más masivamente.

“Buscar nuevas variedades con atributos tan buenos como la guayaba enana y la papaya Maradol, es una de las encomiendas del Instituto de Investigaciones de Fruticultura Tropical.

¿Qué beneficios ha traído a los frutales la diversificación agrícola?

 “El crecimiento productivo se debe a la diversificación que han asumido las empresas cubanas. Cualquier entidad tiene ahora áreas de frutales. En la empresa Victoria de Girón, situada en Jagüey Grande, se cosecha más del 50% de los cítricos de Cuba. Sin embargo, allí han logrado fomentar otras frutas, como el mango, mamey colorado, guayabas enanas, piña, aguacate y otras. La producción de frutabomba es de tanta calidad que están exportando a Europa y Canadá.

“Los empresarios agrícolas cubanos se han dado cuenta de que la diversificación de la producción es uno de los factores clave en los resultados económicos, para tener varias opciones de comercialización y aprovechar todas las áreas. “En la entidad de Batabanó, en La Habana, han aprovechado los terrenos al máximo y cultivado frutas en todos los sitios libres entre una máquina de riego y otra. En la empresa Ceiba, en Caimito, se han sembrado muchas frutas y fomentan el cultivo del durazno, con buenos resultados.

 “La piña ya no es exclusiva de la provincia de Ciego de Avila. Su cultivo se ha expandido al resto de las provincias. Antes, el 80% de la piña se cosechaba en Ciego de Avila, ahora, aun cuando sigue siendo la mayor productora, aporta sólo el 25% de la producción nacional.

¿Y los rendimientos?

“Se han elevado. En papaya Maradol se obtiene de 18 a 20 toneladas por hectárea, lo cual nos coloca dentro del entorno mundial promedio, aunque hay muchos productores cubanos que sobrepasan ese resultado.

 “En el caso de la guayaba enana, se han duplicado los rendimientos, al alcanzar 14-15 toneladas por hectárea. La eficiencia de los clones enanos se aprecia en que aunque ocupan 52% del área total, aportan 84% de la cosecha.

 “Las plantaciones actuales de mango están entre 5 y 6 toneladas por hectárea. El propósito es que las nuevas plantas estén por encima de las 15 toneladas, con igual variedades pero distinto manejo.

¿Y sobre los frutales nativos como anones, guanábanas y chirimoya?

 “Con el movimiento popular estamos rescatando esas frutas que no pueden concentrarse en grandes magnitudes. El programa de frutales de la agricultura urbana ha sido exitoso.

 “Tratar de que su propagación no sea comercial, sino en patios, en áreas ociosas. No se pueden concentrar, tienen que surgir de forma espontánea. Independientemente de que estamos desarrollando plantaciones no muy grandes de estas  frutas.

¿Cuál ha sido el principal aporte del Instituto de Fruticultura Tropical?

“El soporte técnico de este programa. La estación de frutales está al cumplir 40 años. El Instituto ha tenido la capacidad de haber adquirido logros de otros lugares y haberlos adaptado a nuestras condiciones. La guayaba enana surgió de una colección del Instituto de Agricultura Tropical. Como se necesitaba un sistema, un método, una forma más eficiente en la guayaba enana, la estación se encargó de lograr la tecnología adecuada.

 “En 1993-94 se introduce el sistema de reproducción por esquejes de una planta de guayaba, lo cual abarató los costos de producción de posturas. Antes necesitábamos entre 14 y 15 meses para lograr una postura de guayaba. Por esquejes, se acortó a cinco y seis.

 “Contamos con más de 100 viveros de frutales tecnificados. El mango se siembra por patrones injertados, al igual que el aguacate. En el caso de la piña, esta mata es capaz de reproducirse por sus propios hijos que dan posturas. Pero en la frutabomba la propagación sigue siendo por semillas. 

 “La reproducción por micropropagación biotecnológica, como las vitroplantas, la utilizamos cuando queremos introducir una nueva variedad a corto tiempo, como hicimos con la piña cayena lisa. Desde el punto de vista comercial, una vitroplanta puede costar entre 13 y 15 centavos dólar.

¿Y los mecanismos de comercialización? ¿Por qué no se hacen más conservas cubanas?

“El destino principal de las frutas tropicales es el consumo fresco a la población, además de garantizar las pulpas de compotas que reciben los menores de forma normada.

“Hay otras frutas que se le pudieran dar a la industria como la papaya, pero no resiste envases de metales, sino de cristales o plástico.

“Si bien los agricultores ganan bastante dinero con las ventas de frutas en los mercados agropecuarios, no tienen mecanismos para adquirir cuentas en divisa y comprar muchos de los insumos que necesitan en esa moneda.

“Cuando se le vende al turismo sí existe una tasa de retorno en pesos convertibles, pero el que vende al mercado nacional sólo recibe pesos no convertibles.

“Con la industria alimenticia, tendremos que llegar a un mecanismo como el que tenemos con las empresas industriales de la Agricultura.

“La planta industrial de Ceballos paga una parte en divisa a los productores vinculados a la entrega de frutas a ese combinado. Hay muchos productores dispersos que entregan a Ceballos, porque reciben ese tratamiento.

“En las empresas de conserva de la industria alimenticia se pudiera dar ese tratamiento porque el productor agrícola tiene que buscar sus insumos con moneda convertible.

 “El país ha tenido que importar pulpas de frutas. ¿Por qué ese dinero no se destina a la industria nacional para hacerlas aquí?

“Ya Cuba produjo este año más de 100 000 toneladas de mango y 46 000 toneladas de guayaba. En Sancti Spíritus aplican el mecanismo de Ceballos de pagar una parte en divisa a los productores.

 “El mecanismo implantado por el grupo empresarial frutícola ha demostrado eficacia y eficiencia para colocar las inversiones donde se necesita.

 “Considero que también los productores tienen que adquirir  mayor cultura frutícola. El mango que ahora sembramos no se parece al que se obtenía con las anteriores tecnologías, porque se cuadruplican las densidades de matas y requiere una poda distinta. Se trata de inducir la floración del mango para alargar la cosecha e incrementar los rendimientos. Llevar el mango a otras áreas para producir en otra época y no sólo circunscribirnos a los meses de mayo a agosto.

“En la medida en que las posibilidades lo permitan deben hacerse inversiones de riego. No hay cultivo que pueda soportar una sequía tan extensa.

 “También nos falta preparar los frutos después de cosechado. Vemos muchas deficiencias en las frutas que se les ofertan a la población”. •

PARA CUADRO

Estructura actual de frutales en Cuba

Mango         32%

Guayaba     10%

Coco           13%

Piña              4%,

Papaya       13%


Europa y EE.UU, los mayores importadores

LAS frutas tropicales más comercializadas en el mundo son la piña, mango, aguacate y las papayas, las cuales representan 75% de la producción total mundial • En todas se pronostica un aumento de la demanda internacional • Para el año entrante se calcula que el 50% de las exportaciones de piña se dirijan al mercado europeo, esencialmente a Francia  •  América del Norte adquirirá 42% de las importaciones de mango, en tanto a Europa le corresponderá 24% mientras que el Lejano y Cercano Oriente comprarán 17 y 14%, respectivamente • El mango es uno de los pocos productos tropicales que importan en grandes cantidades tanto las naciones desarrolladas como las subdesarrolladas

 • Para el año entrante las importaciones de aguacates, frutos producidos mayormente en América Latina y el Caribe, crecerán 55%, por la gran demanda de Europa, sobre todo de los consumidores franceses • Los Estados Unidos constituyen el segundo mercado mayor de frutas tropicales en el mundo y es el mayor comprador de papayas, al acaparar 55% de las ventas globales • Un 80% de las exportaciones de frutas frescas van hacia países desarrollados. (Fuente:FAO).
 

 

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