|
Fernando Alonso en
su 90 cumpleaños
Magisterio de
una vida
MIGUEL CABRERA GARCÍA -Historiador del Ballet
Nacional de Cuba-
FOTO DE RAÚL LÓPEZ
¿Podría
una simple cifra estadística, por impresionante que
resulte su saldo: 69 años, 9 meses y 7 días, resumir
el quehacer de un hombre dedicado todo ese tiempo a
una raigal vocación? ¿Serían capaces los fríos
números de darnos la razón exacta del porqué un
joven de 20 años, impresionado por una
representación del ballet Coppelia, llevada a
la escena del Auditorium de La Habana el 20 de marzo
de 1935 y centralizada por su hermano Alberto y por
una jovencita llamada Alicia Martínez, luego
mundialmente conocida por Alicia Alonso, tomó la
decisión de abandonar para siempre sus estudios en
una solvente escuela norteamericana, en Mobile,
Alabama, que le proporcionarían una vida económica y
socialmente segura, para dedicarse al ballet, arte
que por entonces echaba sus primeras raíces en Cuba,
sin pretensión alguna de formar bailarines
profesionales?
Estamos
seguros de que no, una explicación valedera
podríamos encontrarla en la sensibilidad artística
sembrada en él desde pequeño por su madre, la
notable pianista doña Laura Rainery de Alonso, su
asistencia con ella a los conciertos en la Sala
Espadero y el Teatro Payret, su pasión por el
conocimiento y el cultivo de todos los componentes
de su cuerpo, que ejercitó en múltiples disciplinas
deportivas o en su preocupación por los destinos de
la cultura en Cuba.
Lo cierto es
que su decisión lo convirtió en el segundo alumno
varón de la Escuela de Ballet de la Sociedad
Pro-Arte Musical de La Habana (en 1933 había
ingresado Alberto en ella), y ya el 22 de junio de
1936, estaría haciendo su primer papel de solista en
Claro de luna, una coreografía montada para
Alicia, él y un grupo de alumnos, por el maestro
Nicolás Yavorsky. Deseoso de una superación
artístico-técnica imposible de adquirir en su
patria, en 1937 marchó a los Estados Unidos, donde
complementó su formación con los más eminentes
profesores europeos y norteamericanos. El Ballet
Mordkin, las comedias musicales de Broadway, el
American Ballet Caravan y el Ballet Theatre de Nueva
York, cimentaron una rica experiencia, que no vaciló
en transmitir a los entusiastas del ballet en su
patria, a la cual regresó en cada momento
disponible.
Sin embargo, su
tarea mayor fue la de fundar, con Alicia, Alberto y
un grupo de colaboradores cubanos y norteamericanos,
el hoy Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de
1948, primera compañía profesional de ese arte en
nuestro país y que habría de dirigir hasta enero de
1975.
En 1950, luego
de limitar su carrera como bailarín para dedicarse
básicamente a la labor pedagógica en la compañía y
en la Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada ese
propio año, iniciaría, junto a Alicia, un serio
trabajo de investigación encaminado a lograr un
método de enseñanza propio, que con el paso de los
años ha culminado en la Escuela Cubana de Ballet,
hoy mundialmente reconocida.
En profética y
valiente ponencia, enviada al Congreso Continental
de la Cultura celebrado en Santiago de Chile en 1953
y que fuera leída por el poeta Nicolás Guillén, no
vaciló en afirmar: "El ballet empieza a enraizar en
el pueblo, a extraer las esencias autóctonas de las
distintas nacionalidades, a colorearse de nuevos
colores, a vigorizarse con nuevas corrientes y
ayudar al hombre medio y al hombre de abajo en su
superación artística e intelectual. Ya el ballet no
será nunca más arte de reyes o potentados sino arte
del pueblo y para el pueblo, tal como lo exigen los
nuevos tiempos. Por ello hemos de trabajar".
Fiel a ese
credo, se vinculó a la Sociedad Cultural Nuestro
Tiempo, a la Sociedad Espeleológica de Cuba y a
diversos proyectos artísticos, sociales y políticos
de honda raíz popular.
El advenimiento
de la Revolución en 1959 proporcionó al maestro
Alonso infinitas posibilidades de realización
profesional: fundador y director de la Escuela
Nacional de Ballet (1962-1967), Director del Ballet
de Camagüey (1975-1992), asesor metodológico de la
Enseñanza del Ballet (desde 1962 hasta nuestros
días), instituciones en las que ha desplegado un
sostenido y valioso trabajo creador. A partir de
1992 ha cumplimentado numerosos trabajos de
colaboración con el movimiento danzario
internacional, entre ellos el de director de la
Compañía Nacional de Danza y del Ballet de
Monterrey, Asesor de la Facultad de Artes Escénicas
de la Universidad Autónoma de Nuevo León, de la
Universidad de Celaya y Coahuila, en México; jurado
de los concursos internacionales de ballet de Varna,
Nueva York y del Concurso Internacional de Arte de
Cali, Colombia; entre otros muchos.
Ha sido también
merecedor de importantes distinciones, entre ellas
la Orden Félix Varela del Consejo de Estado de la
República de Cuba, el Premio al Arte de la UNESCO,
de los doctorados Honoris Causa en el Instituto
Superior de Arte de Cuba y de la Universidad
Autónoma de Nuevo León, y del Premio Nacional de la
Danza correspondiente al 2000.
Artistas,
discípulos, compañeros de tan larga brega, de manera
muy particular el Ballet Nacional de Cuba, y el
público en general rindieron tributo ayer 27 de
diciembre, fecha de su 90 cumpleaños, a quien no
equivocó la ruta en los tiempos sombríos y supo
mantenerse como sólido pilar de los tiempos nuevos,
en que el arte del ballet ha logrado ocupar, por
derecho propio, un lugar relevante dentro de lo
mejor de la cultura nacional cubana. |