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C U L T U R A

La Habana, 28 de Diciembre de 2004

Fernando Alonso en su 90 cumpleaños
Magisterio de una vida

MIGUEL CABRERA GARCÍA -Historiador del Ballet Nacional de Cuba-
FOTO DE RAÚL LÓPEZ

¿Podría una simple cifra estadística, por impresionante que resulte su saldo: 69 años, 9 meses y 7 días, resumir el quehacer de un hombre dedicado todo ese tiempo a una raigal vocación? ¿Serían capaces los fríos números de darnos la razón exacta del porqué un joven de 20 años, impresionado por una representación del ballet Coppelia, llevada a la escena del Auditorium de La Habana el 20 de marzo de 1935 y centralizada por su hermano Alberto y por una jovencita llamada Alicia Martínez, luego mundialmente conocida por Alicia Alonso, tomó la decisión de abandonar para siempre sus estudios en una solvente escuela norteamericana, en Mobile, Alabama, que le proporcionarían una vida económica y socialmente segura, para dedicarse al ballet, arte que por entonces echaba sus primeras raíces en Cuba, sin pretensión alguna de formar bailarines profesionales?

Foto: RAÚL LÓPEZEstamos seguros de que no, una explicación valedera podríamos encontrarla en la sensibilidad artística sembrada en él desde pequeño por su madre, la notable pianista doña Laura Rainery de Alonso, su asistencia con ella a los conciertos en la Sala Espadero y el Teatro Payret, su pasión por el conocimiento y el cultivo de todos los componentes de su cuerpo, que ejercitó en múltiples disciplinas deportivas o en su preocupación por los destinos de la cultura en Cuba.

Lo cierto es que su decisión lo convirtió en el segundo alumno varón de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana (en 1933 había ingresado Alberto en ella), y ya el 22 de junio de 1936, estaría haciendo su primer papel de solista en Claro de luna, una coreografía montada para Alicia, él y un grupo de alumnos, por el maestro Nicolás Yavorsky. Deseoso de una superación artístico-técnica imposible de adquirir en su patria, en 1937 marchó a los Estados Unidos, donde complementó su formación con los más eminentes profesores europeos y norteamericanos. El Ballet Mordkin, las comedias musicales de Broadway, el American Ballet Caravan y el Ballet Theatre de Nueva York, cimentaron una rica experiencia, que no vaciló en transmitir a los entusiastas del ballet en su patria, a la cual regresó en cada momento disponible.

Sin embargo, su tarea mayor fue la de fundar, con Alicia, Alberto y un grupo de colaboradores cubanos y norteamericanos, el hoy Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de 1948, primera compañía profesional de ese arte en nuestro país y que habría de dirigir hasta enero de 1975.

En 1950, luego de limitar su carrera como bailarín para dedicarse básicamente a la labor pedagógica en la compañía y en la Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada ese propio año, iniciaría, junto a Alicia, un serio trabajo de investigación encaminado a lograr un método de enseñanza propio, que con el paso de los años ha culminado en la Escuela Cubana de Ballet, hoy mundialmente reconocida.

En profética y valiente ponencia, enviada al Congreso Continental de la Cultura celebrado en Santiago de Chile en 1953 y que fuera leída por el poeta Nicolás Guillén, no vaciló en afirmar: "El ballet empieza a enraizar en el pueblo, a extraer las esencias autóctonas de las distintas nacionalidades, a colorearse de nuevos colores, a vigorizarse con nuevas corrientes y ayudar al hombre medio y al hombre de abajo en su superación artística e intelectual. Ya el ballet no será nunca más arte de reyes o potentados sino arte del pueblo y para el pueblo, tal como lo exigen los nuevos tiempos. Por ello hemos de trabajar".

Fiel a ese credo, se vinculó a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, a la Sociedad Espeleológica de Cuba y a diversos proyectos artísticos, sociales y políticos de honda raíz popular.

El advenimiento de la Revolución en 1959 proporcionó al maestro Alonso infinitas posibilidades de realización profesional: fundador y director de la Escuela Nacional de Ballet (1962-1967), Director del Ballet de Camagüey (1975-1992), asesor metodológico de la Enseñanza del Ballet (desde 1962 hasta nuestros días), instituciones en las que ha desplegado un sostenido y valioso trabajo creador. A partir de 1992 ha cumplimentado numerosos trabajos de colaboración con el movimiento danzario internacional, entre ellos el de director de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet de Monterrey, Asesor de la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, de la Universidad de Celaya y Coahuila, en México; jurado de los concursos internacionales de ballet de Varna, Nueva York y del Concurso Internacional de Arte de Cali, Colombia; entre otros muchos.

Ha sido también merecedor de importantes distinciones, entre ellas la Orden Félix Varela del Consejo de Estado de la República de Cuba, el Premio al Arte de la UNESCO, de los doctorados Honoris Causa en el Instituto Superior de Arte de Cuba y de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y del Premio Nacional de la Danza correspondiente al 2000.

Artistas, discípulos, compañeros de tan larga brega, de manera muy particular el Ballet Nacional de Cuba, y el público en general rindieron tributo ayer 27 de diciembre, fecha de su 90 cumpleaños, a quien no equivocó la ruta en los tiempos sombríos y supo mantenerse como sólido pilar de los tiempos nuevos, en que el arte del ballet ha logrado ocupar, por derecho propio, un lugar relevante dentro de lo mejor de la cultura nacional cubana.

 

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