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Ilegalidades en
elecciones en EE.UU.
Pruebas de
fraude en Ohio
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Mantiénese litigio
sobre quién ganó los comicios en ese estado.
Convocada manifestación nacional para el 3 de enero
DAVID BROOKS y JIM CASON
Corresponsales de La Jornada
NUEVA YORK Y
WASHINGTON.— En la elección presidencial no todos
los votos se han contado, y no todo voto cuenta,
acusa una amplia coalición de líderes de derechos
civiles, organizaciones de votantes y legisladores,
al señalar que está en tela de juicio el principio
fundamental de cualquier democracia: la expresión de
la voluntad del pueblo por intermedio de una
elección.
El
centro de la disputa está en Ohio —como fue el caso
de Florida en las elecciones presidenciales del
2000—, donde una serie de demandas legales y
protestas están cuestionando la integridad del
sistema electoral estadounidense al encontrarse
pruebas de "irregularidades" y fraude en el estado
que determinó en gran medida el resultado final
nacional de la contienda presidencial en el país.
El reverendo
Jesse Jackson dijo, en respuesta a pregunta de La
Jornada, que si esto hubiera ocurrido en cualquier
otro país —Sudáfrica, Haití, México o en Iraq—,
sería calificado como "una verdadera farsa".
Agregó que lo
que se ha observado en Ohio, como en otros estados,
"sugiere un patrón de fraude (...) ni sabemos cuál
es el voto real". En teleconferencia de prensa,
Jackson acusó que "el plan (de los republicanos)
para privar los derechos ciudadanos del voto fue más
grande y mejor tramado que en Florida, en el 2000".
Señaló que su
organización, la Rainbow Coalition/Push, en
coalición con United for Peace and Justice, al igual
que otras organizaciones y varios legisladores
federales, están realizando una investigación a
fondo en Ohio, donde se registró todo un abanico de
irregularidades de tipo electoral.
Estas incluyen
tácticas para suprimir el voto en zonas cuyos
electores sufragan por los demócratas, urnas
electrónicas que aparentemente cambiaron la
intención del voto en ciertas zonas, anulación de
sufragios de manera sospechosa en zonas
antirrepublicanas, manipulación del conteo del voto
en algunos distritos.
También se
considera sospechoso el software de las máquinas de
voto electrónicas rentadas a una empresa cuyo
ejecutivo en jefe fue abierto partidario y
contribuyente del republicano presidente George W.
Bush.
Al señalar que
la concesión del candidato presidencial demócrata,
John Kerry, fue prematura y anunciada antes de que
se contara con los hechos, Jackson afirmó que lo
anterior provocó que "las luces se apagaran y los
medios decidieron no continuar examinando el proceso
electoral".
Pero ahora,
acompañado de representantes de otros movimientos
civiles y por la paz, junto con abogados encargados
de la investigación y luego de formular las demandas
judiciales para disputar los resultados en Ohio, el
reverendo Jackson señaló que "está naciendo aquí un
nuevo movimiento en favor de la democracia para
demandar que cada voto sea contado y que cada
sufragio cuente" en Estados Unidos.
"Nosotros, como
gran democracia, no deberíamos tener elecciones
cuestionables (...), el proceso necesita ser
imparcial y transparente", aseveró.
Abogados en
Ohio han iniciado una demanda legal para investigar
extensas irregularidades en diversos puntos del
estado, y acusan a las autoridades estatales no solo
de falta de cooperación en esta investigación, sino
de su activa participación para diseñar una elección
que en realidad no registraría la voluntad popular.
Uno de los
abogados comentó hoy que todas las pruebas de
irregularidades favorecen a los republicanos y a su
candidato Bush, lo cual "sugiere que fue intencional
y formó parte de algo que solo puede llamarse
fraude".
Los abogados
han solicitado formalmente interrogar a Bush, al
vicepresidente Dick Cheney, al estratega político
del Presidente, Karl Rove, y al secretario de Estado
de Ohio, Kenneth Blackwell, sobre el proceso
electoral en Ohio.
Informaron que
los primeros tres contrataron este jueves
representación legal en Ohio, mientras que Blackwell
dijo que no se presentará a la indagación
solicitada.
La demanda
argumenta que un conteo justo e imparcial resultaría
en un triunfo de Kerry en Ohio, y por tanto
otorgaría la presidencia al demócrata en lugar de a
Bush.
Se ha convocado
a una manifestación nacional en la capital estadual
de Ohio para el 3 de enero, seguida por otra en
Washington, el 6 del mismo mes, para demandar un
recuento de votos, rechazar el resultado oficial y
permitir una investigación sobre el proceso
electoral en ese estado.
El Colegio
Electoral entregará los resultados oficiales ante el
Congreso el 6 de enero en un rito que es casi
siempre simbólico. Pero en esta ocasión se intentará
lograr que el Congreso, por lo menos, permita un
debate sobre el asunto.
Según los
promotores de esta iniciativa, si por lo menos un
diputado y un senador cuestionan formalmente el
resultado electoral, esto podría detener el proceso
al estallar una crisis constitucional.
En el 2000,
esta estrategia fracasó debido a que ningún senador
se atrevió a sumarse a varios diputados federales
para cuestionar el resultado oficial.
Además, los
abogados están intentando lograr que los tribunales
de Ohio fallen en favor de un recuento antes que el
Congreso nacional apruebe los resultados oficiales.
Varios
analistas políticos y algunos periodistas han
reportado múltiples ejemplos de procesos electorales
viciados.
El periodista
Greg Palast reportó que hay más de 250 000 votos no
contados en Ohio —designados como "estropeados" o
"provisionales"—, y argumenta que potencialmente
tienen suficientes votos como para revertir el
margen de triunfo por 136 000 de Bush, ya que un
porcentaje abrumador de estos son de distritos
mayoritariamente de comunidades negras y, por tanto,
pro demócratas.
Muchos
analistas y expertos, así como algunos periodistas,
siguen dudando que las "encuestas de salida" en tres
estados clave de esta elección —medidor de la
intención del voto anteriormente muy confiable— que
registraban márgenes favorables a Kerry el día de
las elecciones, estuvieran tan equivocadas en esta
ocasión.
Otra serie de
dudas proviene de la capacidad para manipular las
nuevas máquinas electrónicas para sufragar.
Algunos
insisten en que se ha demostrado que se pueden
cambiar los votos cuando estas trasmiten sus
resultados a las computadoras empleadas para el
conteo.
Aunque hay un
extenso mar de estadísticas y otro océano lleno de
interpretaciones sobre estas estadísticas, hasta el
momento no ha sido posible comprobar que el
resultado final en Ohio —con todo y un recuento—
cambiaría lo suficiente como para anular el triunfo
de Bush.
Esta disputa,
que los republicanos esperaban sería superada,
cuando Kerry decidió no cuestionar los resultados,
podría intensificarse, pero con los republicanos
firmemente en control de las tres ramas del poder en
Washington es improbable que Bush no sea coronado
presidente el 20 de enero, como está programado.
Lo que sí está
más que comprobado, y es lo que Jackson, diputados
federales —particularmente el caucus negro— y otras
organizaciones están denunciando, es que esa idea
antes casi incuestionable de que la democracia
estadounidense funciona sobre el fundamento de una
persona, un voto, resulta una ficción.
Como se
constató, primero en Florida en el 2000, y ahora en
Ohio en el 2004, no todos los votos son contados, ni
todos los sufragios cuentan en este país.
Por tanto,
gente como Jackson dice que esto es parte de una
lucha muy larga en Estados Unidos; la misma que
promovió Martin Luther King hace justo 40 años, la
de hacer realidad que el pueblo —todo el pueblo y
cada uno— tenga el derecho a expresarse y participar
en esta democracia estadounidense utilizando
—mínimo— el voto.
"En Estados
Unidos no hay derecho al voto garantizado por la
Constitucional federal", declaró el diputado federal
Jesse Jackson, hijo del reverendo.
Añadió que,
según lo determinado por la Suprema Corte en el
2000, en la controversia electoral de ese año, son
las autoridades estatales las que determinan cómo,
quién y dónde un ciudadano puede ejercer el voto.
Si esto no se
reforma para lograr un sistema electoral unitario y
nacional, "en cuatro años estaremos discutiendo las
irregularidades y fraude electoral de otro estado
más en la elección presidencial", advirtió.
Por esto,
mientras el Gobierno estadounidense se declara juez,
campeón e impulsor de la democracia en el mundo,
aquí, dicen críticos y analistas, los ciudadanos no
gozan plenamente de los supuestos fundamentos de tal
cosa, por lo que ahora están obligados a convocar un
movimiento por la democracia aquí en casa.
El reverendo
Jackson señaló que en esta nueva lucha, "la
integridad y credibilidad de nuestra democracia está
en juego". |