Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


D E  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 1 de Diciembre de 2004

Exclusiones, lealtades y ganancias

Juana Carrasco Martín
Tomado de Juventud Rebelde

No se distinguió precisamente por su brillantez como asesora de seguridad de la Casa Blanca bushiana, pero sí como “amiga” leal y confiable. Por tanto, recibió su ascenso para estos cuatro años más en que el mundo está obligado a soportar a la administración estadounidense.

Y en uno de sus primeros pasos de la nueva etapa —aún como consejera y en el umbral de la Secretaría de Estado—, comienzan los roces que provoca la prepotencia propia y la que representa. Se sabe ahora que Condoleezza Rice convocó a los representantes del Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y Holanda, para explicarles los nuevos planes de su jefe, George W. Bush, para el Oriente Próximo, pero... excluyó a España, que en el primer mandato fue la más fiel aliada, bajo las riendas del señor Aznar.

El pase de cuentas es evidente. José Luis Rodríguez Zapatero retiró las tropas españolas del escenario bélico iraquí, y la Rice saca al embajador de Madrid en Washington, Carlos Westendorp, de la lista de una reunión selectiva de Estados Unidos con sus socios europeos. El hecho —resaltado hace un par de días por el diario El Mundo— tuvo lugar el pasado día 5, y el periódico también destaca que incluso hace semanas, antes de conocer su nombramiento al frente del Departamento de Estado, la Condi dio instrucciones a su equipo de no invitar a su homólogo español, Carles Casajuana, director de Internacional en el Palacio de La Moncloa, a otras reuniones suyas con los europeos.

La “señorita” viene con mano de hierro contra quienes no complacen mandatos, deseos, o intereses de Washington.

Tras estos episodios españoles hay mucho más que la anécdota. Se trata de un acento mayor del unilateralismo, del aislacionismo estadounidense, de la prepotencia para encarar al mundo.

Considerada sobre todo “confidente” de su jefe, algunos analistas estiman que la Rice no tiene siquiera una visión por sí misma de la política, pero sigue con facilidad lo dictado por los protagonistas del campo neoconservador, que adquiere todavía más poder en este segundo mandato.

Es una señal para el mundo: ahora hay una sola voz en política exterior, se eliminan los relativos conflictos de la etapa Powell, cuando las opiniones del ex general a veces no concordaban con aquellas políticas en ejecución, salidas de la Casa Blanca —tanto desde la Oficina Oval como desde los salones del vicepresidente Dick Cheney—, y por supuesto del Pentágono, dirigido por Donald Rumsfeld.

Sin embargo, la intención de los neoconservadores va mucho más allá de lo logrado por el imperio con dos guerras —Iraq y Afganistán— llevadas a cabo bajo el impulso de otra muy particular que Bush denominó “contra el terrorismo”, al punto de que hasta Rumsfeld estaría entre los secretarios removibles, pues está siendo blanco de no pocos ataques por parte de los más ultras. Cosas de la vida.

Hasta el momento, seis de los 15 secretarios dejarán sus cargos en enero y por lo pronto, con esa intención de estrechar el círculo de los incondicionales, Bush ha promovido a varios de sus consejeros: nominó a Alberto Gonzales como secretario de Justicia, y a Margaret Spellings para Educación. Este lunes también anunció a un directivo del consorcio Kellog como secretario de Comercio, se trata de Carlos Gutiérrez, de origen cubano y calificado como un estrecho y viejo amigo, lo que ya se ve como una nueva paga de favores a la mafia de Miami.

Hasta ahora, los “dimitentes” son Colin Powell (Estado), Spencer Abraham (Energía), Ann Veneman (Agricultura), Don Evans (Comercio), John Ashcroft (Justicia) y Rod Paige (Educación). Pero se insiste en que la lista pudiera ampliarse con Tom Ridge, el jefe de Seguridad Interna, y con el secretario de Transporte, el del Tesoro y el de Comercio Internacional.

Se requiere de todo un programa transicional para que los escogidos puedan juramentar en enero fidelidad absoluta al reyecito; y como en Estados Unidos todo parece basarse en esa fórmula de dinero, dinero, dinero... otra revelación de este lunes mantenía en movimiento la maquinaria de los dólares. Brad Freeman, el gran recaudador, el que puso 273 millones de dólares en los bolsillos de Bush para su reelección, da el último empujón de la campaña: necesitan 40 millones de dólares para la gran fiesta de la segunda inauguración presidencial.

Y lo van a lograr, porque para esos donantes está a punto la segunda recogida. El equipo que se está conformando señala a un reforzamiento de lo más brutal para entronizar una hegemonía planetaria. Sin rivales. Tras esa definición política y geoestratégica vendrán los negocios y las ganancias.

 

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