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Sólo 12 cultivos brindan el 80% de
energía alimentaria
• La escasez de diversidad de
plantas por la extinción de muchas especies
silvestres han conducido a una agricultura mundial
muy vulnerable
POR RAISA PAGES —de Granma Internacional—
SE considera que
la agricultura comenzó hace 10 000 años. En aquel
tiempo el Planeta poseía alrededor de 10 000
especies vegetales comestibles.
Durante
un millón y medio de años de evolución, la raza
humana se dedicó a la cacería de animales, a la
recolección de raíces, semillas, frutos, insectos,
peces y huevos.
Los resultados
arqueológicos indican que cultivar para alimentarse,
fue una actividad que se inició de forma
independiente en al menos cuatro regiones del mundo:
México, en América Central, Los Andes Centrales de
Sudamérica, el Sureste de Asia y el Norte de Asia..
Los cultivos
ancestrales de América Latina fueron maíz, frijoles,
calabaza, papa, batata (boniato) y yuca.
En los centros
de origen de las plantas, los agricultores
comenzaron a sembrarlas en distintas condiciones
ambientales. Fue así que las especies sufrieron un
proceso de hibridación natural con otras plantas
silvestres.
Dicen que 1 500
años antes de nuestra era, ya se explotaba la
mayoría de los cultivos que hoy se conocen. Con la
técnica del radiocarbono, capaz de medir la edad de
las semillas, los investigadores han podido estimar
fechas y lugares donde por primera vez de cultivaron
los alimentos.
El mapa que
acompaña a este trabajo me lo suministraron en un
seminario para periodistas especializados en temas
agrícolas, organizado por Consultive Group on
Internacional Agricultural Research y la Agencia
Inter Press Service, realizado en junio de 1990, en
San José, Costa Rica.
Fue allí que
escuché hablar de los recursos fitogenéticos y su
importancia en la alimentación humana por
científicos de diversas partes del mundo.
Tanto los
romanos, como los griegos y los asiáticos de los
siglos XVII y XIX no se percataron de la importancia
de la diversidad genética vegetal y su conservación,
según el profesor británico J.G. Hawkes, de la
Universidad de Birmingham.
El profesor
británico aseguró que el científico ruso Vavilov
fue quien descubrió el enorme ámbito existente en
las plantas cultivadas en las primeras décadas del
siglo XIX.
Vacilov viajó
por casi todo el mundo coleccionando plantas. Fue él
quien fundó la disciplina científica dedicada al
estudio de de los recursos fitogenéticos (genes
silvestres). Las investigaciones de este ruso son
fuente de referencia de todos los científicos del
mundo.
No fue hasta
1950-60 que los especialistas comenzaron a
preocuparse, a escala internacional, por la
desaparición de la diversidad entre las plantas
explotadas en la agricultura.
Desde esa época
se reconoció que estaba ocurriendo una erosión
genética en el Planeta.
Hoy, a inicios
del siglo XXI, sólo 150 cultivos alimentan a la
mayoría de la población del Planeta y apenas 12
proporcionan 80 % de la energía alimentaria de la
humanidad.
El 60 % de esta
energía procede exclusivamente del trigo, el arroz,
el maíz y la papa, según datos de la Organización de
las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO).
Todos los
cultivos alimentarios e industriales de América del
Norte corresponden a especies originarias de otras
regiones del mundo.
Más de la mitad
de la producción agrícola de las dos terceras partes
de los países en desarrollo corresponden a cultivos
que son autóctonos de otras regiones, según el
informe sobre el estado de los recursos
fitogenéticos del mundo, elaborado por la
Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO).
Se afirma,
asimismo, que el 87 % de las especies vegetales
utilizadas en el Africa subsahariana proceden de
otras partes del mundo.
RESCATAR LAS
NATIVAS
Recientemente leí
en Internet que los campesinos nativos de Los Andes
están conservando especies de papas silvestres. Como
ellos, otras comunidades están preocupadas por la
pérdida de sus plantas autóctonas.
Los agricultores
y científicos utilizan las plantas silvestres o
nativas como materia prima para la producción de
nuevas variedades de plantas. Estos recursos
constituyen un depósito de diversidad genética, que
sirve para que los genetistas encuentren caracteres
protectores de los cambios ambientales y de
fenómenos arrasadores como plagas y enfermedades.
Según la FAO,
aunque muchos países conservan bancos de genes,
requieren acceder a recursos de otras naciones para
mejorar sus variedades o encontrar resistencia a
enfermedades. El problema actual radica en cómo lo
obtienen y cómo se realiza este intercambio, que en
muchas ocasiones ha sido expoliador para las zonas
más pobres del mundo donde la naturaleza fue
pródiga. |