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C I E N C I A  Y  T E C N O L O G I A

La Habana, 10 de Diciembre de 2004

Sólo 12 cultivos brindan el 80% de energía alimentaria
• La escasez de diversidad de plantas por la extinción de muchas especies silvestres han conducido a una agricultura mundial muy vulnerable


POR RAISA PAGES —de Granma Internacional

SE considera que la agricultura comenzó hace 10 000 años. En aquel tiempo el Planeta poseía alrededor de  10 000 especies vegetales comestibles.

Durante un millón y medio de años de evolución, la raza humana se dedicó a la cacería de animales, a la recolección de raíces, semillas, frutos, insectos, peces y huevos.

 Los resultados arqueológicos indican que cultivar para alimentarse, fue una actividad que se inició de forma independiente en al menos cuatro regiones del mundo: México, en América Central, Los Andes Centrales de Sudamérica, el Sureste de Asia y el Norte de Asia..

 Los cultivos ancestrales de América Latina fueron maíz, frijoles, calabaza, papa, batata (boniato) y yuca.

 En los centros de origen de las plantas, los agricultores comenzaron a sembrarlas en distintas condiciones ambientales. Fue así que las especies sufrieron un proceso de hibridación natural con otras plantas silvestres.

 Dicen que 1 500 años antes de nuestra era, ya se explotaba la mayoría de los cultivos que hoy se conocen. Con la técnica del radiocarbono, capaz de medir la edad de las semillas, los investigadores han podido estimar fechas y lugares donde por primera vez de cultivaron los alimentos.

 El mapa que acompaña a este trabajo me lo suministraron en un seminario para periodistas especializados en temas agrícolas, organizado por Consultive Group on Internacional Agricultural Research y la Agencia Inter Press Service, realizado en junio de 1990, en San José, Costa Rica.

 Fue allí que escuché hablar de los recursos fitogenéticos y su importancia en la alimentación humana por científicos de diversas partes del mundo.

 Tanto los romanos, como los griegos y los asiáticos de los siglos XVII y XIX no se percataron de la importancia de la diversidad genética vegetal y su conservación, según el profesor británico J.G. Hawkes, de la Universidad de Birmingham.

 El profesor británico aseguró que el científico  ruso Vavilov fue quien descubrió el enorme ámbito existente en las plantas cultivadas en las primeras décadas del siglo XIX.

 Vacilov viajó  por casi todo el mundo coleccionando plantas. Fue él quien fundó la disciplina científica dedicada al estudio de de los recursos fitogenéticos (genes silvestres). Las investigaciones de este ruso son fuente de referencia de todos los científicos del mundo.

 No fue hasta 1950-60 que los especialistas comenzaron a preocuparse, a escala internacional, por la desaparición de la diversidad entre las plantas explotadas en la agricultura.

 Desde esa época se reconoció que estaba ocurriendo una erosión genética  en el Planeta.

Hoy, a inicios del siglo XXI, sólo 150 cultivos alimentan a la mayoría de la población del Planeta y apenas 12 proporcionan  80 % de la energía alimentaria de la humanidad.

 El 60 % de esta energía procede exclusivamente del trigo, el arroz, el maíz y la papa, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 Todos los cultivos alimentarios e industriales de América del Norte corresponden a especies originarias de otras regiones del mundo.

 Más de la mitad de la producción agrícola de las dos terceras partes de los países en desarrollo corresponden a cultivos que son autóctonos de otras regiones, según el informe sobre el estado de los recursos fitogenéticos del mundo, elaborado por  la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 Se afirma, asimismo, que el 87 % de las especies vegetales utilizadas en el Africa subsahariana proceden de otras partes del mundo.

 RESCATAR LAS NATIVAS

Recientemente leí en Internet que los campesinos nativos de Los Andes están conservando especies de papas silvestres. Como ellos, otras comunidades están preocupadas por la pérdida de sus plantas autóctonas.

 Los agricultores y  científicos utilizan las plantas silvestres o nativas como materia prima para la producción de nuevas variedades de plantas. Estos recursos constituyen  un depósito de diversidad genética, que sirve para que los genetistas encuentren caracteres protectores de los cambios ambientales y de fenómenos arrasadores como plagas y enfermedades.

 Según la FAO, aunque muchos países conservan bancos de genes, requieren acceder a recursos de otras naciones para mejorar sus variedades o encontrar resistencia a enfermedades. El problema actual radica en cómo lo obtienen y cómo se realiza este intercambio, que en muchas ocasiones ha sido expoliador para las zonas más pobres del mundo donde la naturaleza fue pródiga.

 

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