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D E   L A   P R E N S A   N A C I O N A L

La Habana. 8 de enero de 2004

Afganistán, niños en un mundo hostil
• Dos años después del primer y aterrador ataque contra uno de los países más pobres del mundo, hoy los Estados Unidos continúan cercenando la vida y la suerte de los menores afganos. Quince de ellos han muerto en los últimos días a causa de bombardeos indiscriminados

ALINA M. LOTTI (Periódico Trabajadores)

 El 7 de octubre del 2001, mientras el mundo acariciaba la idea de que no se hiciera realidad la primera guerra del nuevo milenio, un devastador huracán de centenares de bombas y misiles lanzados por oleadas de aviones norteamericanos y desde portaviones y aeronaves británicas cayeron sobre Kabul, capital de Afganistán, y Kandahar y Jalalabad, otras dos de sus ciudades.

El aterrador ataque y los bárbaros bombardeos que continuaron después han dejado una nación en ruinas. Más allá de los daños físicos geográficos, de las innumerables pérdidas de vidas, de los miles de refugiados, y familias deshechas, hoy están latentes en los  niños y en las niñas de este país las imágenes imborrables de la guerra.

Con el pretexto de luchar contra el terrorismo y capturar a Osama Bin Laden, destruir su organización Al Qaeda, apresar al lider espiritual de los talibanes Al Mullah Mohammed Omar, y dotar a Afganistán de un gobierno democrático, de corte occidental,  los Estados Unidos, y sus aliados, han cometido en esa nación uno de los mayores crímenes de guerra.

Hoy, dos años después de aquel primer y aterrador ataque, aún las bombas y misiles norteamericanos siguen dañando la suerte y cercenando el futuro de los niños afganos, pues en estos momentos ya ascienden a 15 los pequeños asesinados en la última semana por los bombardeos indiscriminados.

LO QUE NO DEBE ESCAPAR A LA CONCIENCIA

Un mes después de haber comenzado la masacre, Olara Otunnu, representante especial de las Naciones Unidas para la Infancia y los Conflictos Armados, advirtió que este conflicto militar amenaza la vida de millones de niños y niñas que son víctimas de enfermedades, desnutrición y violaciones a los derechos humanos.

Afganistán ha estado en guerra por cerca de 30 años (solo los más viejos tienen recuerdos de una infancia en paz); lo que la ha llevado a estar entre uno de los países de peor situación en términos de “desarrollo humano”, dado que la expectativa de vida no supera los 40 años, apenas el 64 % de la población es alfabeta; y sus indicadores sociales y económicos son comparables o, incluso, inferiores a los de África Subsariana.

Uno de cada cuatro niños afganos muere antes de cumplir los cinco años por enfermedades que podrían prevenirse, y la mitad de los sobrevivientes sufren desnutrición. Solo en Kabul, el 40 % de los pequeños han perdido, al menos, a uno de sus padres. En todo el país, unas 700 mil mujeres son viudas de guerra y de las 100 mil víctimas estimadas de minas de tierra, más de dos tercios son niños.

Olara Otunnu advirtió que las imágenes de niños desplazados de sus hogares, separados de sus familias y heridos psicológicamente se han vuelto familiares, al grado de no llamar la atención.

“Pero no debemos permitir –insistió- que escapen de nuestra conciencia. Los niños han sido  endoctrinados para defender con armas las causas que no pueden comprender. Menos de la tercera parte de los niños, y menos de la décima parte de las niñas han cursado apenas la educación primaria”.

LA GUERRA AL DESNUDO

En las primeras dos semanas del ataque, Estados Unidos e Inglaterra soltaron unas dos mil bombas y misiles en uno de los países más pobres del planeta. El 17 de octubre el almirante Tom Zelibor, comandante del buque de guerra USS Carl Vinson afirmó: “ Hasta la fecha, nada más este buque ha soltado más de 300 mil libras de municiones sobre Afganistán. Es una cantidad increíble”.

Un medio de prensa digital de Chicago reconoció a finales de ese propio mes que los noticieros alaban las nuevas armas del Pentágono, como si fueran héroes. Un día –señaló- hablan de los aviones espías, sin tripulación, que disparan misiles Hellfire, y al día siguiente de la “increíble” potencia de fuego de los aviones artillados AC-130. Aplauden la capacidad de matar a distancia, anónima, invisible y metódicamente.

La edición asegura que el Pentágono ha dejado de negar que han muerto civiles en los bombardeos. Según varios informes, en las dos primeras semanas, murieron unos 500 civiles.

Los corresponsales que están en el país filmaron aldeas de casas de barro y barrios urbanos destruidos por las enormes bombas y misiles. Se documentó la destrucción de varias comunidades cerca de Kabul y se informó la muerte de refugiados que huían.

Ante tantas pruebas, el Pentágono no pudo negarlo más. La nueva táctica era decir que la cantidad de bajas “que dan los talibanes es ridícula y que las bajas civiles son accidentales (‘daños colaterales’) y aceptables”.

Por varios días el Pentágono negó que bombardearon un barrio a tres kilómetros del aeropuerto de Kabul. Pero cuando la destrucción del barrio se vio en vídeo por todo el mundo, le tocó admitir que un jet soltó una “bomba inteligente” de dos mil libras. Un vocero dijo fríamente: “La información preliminar indica que el accidente ocurrió debido a un error de procesamiento de blancos”.

Los aviones artillados que volaron sobre las ciudades, disparando cañones y ametralladoras continuamente, crearon una nueva ola de desplazados. Observadores de la ONU, ubicados en el puerto fronterizo de Chaman, Paquistán, informaron que más de 3500 refugiados cruzaron la frontera en un solo día.

Otras noticias, hicieron saber que en Kabul, los hospitales no pudieron atender a los niños prematuros porque los bombardeos cortaron la electricidad, imposibilitando la utilización de las incubadoras.

La guerra aérea trastocó la cosecha y la distribución de comida. El 16 de octubre, un avión bombardeó bodegas de la Cruz Roja en Kabul, donde se almacenaba harina, medicinas y otros suministros. Millones de afganos ya sufrían hambre y desnutrición antes del ataque estadounidense, por lo que la situación se tornó catastrófica con la expansión de la guerra y la llegada del invierno.

Un vocero de la UNICEF aseguró por esos días que “unos cien mil niños más van a morir en Afganistán este invierno si no llega suficiente comida en las próximas seis semanas”. Diez días luego de haber comenzado la guerra, seis agencias internacionales de beneficiencia  pidieron que Estados Unidos parara los bombardeos para recibir comida para el invierno.

La respuesta de Washington fue negativa, aludiendo que no tuvo la culpa del trastorno del sistema alimenticio.

El periódico paquistaní The News comentó que “la desdeñosa negativa del secretario de defensa estadounidense no es prudente ni civilizada. Puede que calme la opinión pública en Estados Unidos por un rato, pero causará daños más graves a largo plazo reforzando la percepción de que la sangre inocente afgana no vale tanto como la americana”.

KABUL Y LOS NIÑOS HOY

Las vidas de millones de niños y niñas de Afganistán han quedado arruinadas. Incluso, si no han sido el blanco directo de abusos contra los derechos humanos, la mayoría de estos pequeños han presenciado actos de violencia y destrucción. La muerte, los desplazamientos y la pérdida de los medios de vida han afectado la capacidad de las familias para proporcionar a los niños el apoyo emocional y económico que requieren durante su desarrollo.

Numerosos niños han padecido el derrumbamiento de las estructuras y de los sistemas de salud y de salud pública. La interrupción de los servicios de alimentos y abastecimiento de agua, han causado muertes prematuras e innecesarias.

Representantes del UNICEF en la propia Afganistán han reconocido que uno de los problemas más graves, y obvios, que afronta el país es la situación de la niñez. Hoy hay miles que viven y trabajan en las calles.

En 1996, la encuesta oficial más reciente realizada, señaló que solamente en Kabul habían más de 28 mil niños de la calle. En los últimos tres años, esa cifra según expertos podría haberse duplicado, debido a la cantidad de familias que emigraron a la capital en busca de trabajo y comida.

El representante de la ONU para la Infancia y los Conflictos Armados llamó a la comunidad internacional a brindar una ayuda sistemática a los niños de Afganistán. “... deben dejar de ser un aspecto secundario... algo a lo que solo se le presta atención cuando acabamos con las balas y las bombas.
 

 

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