Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      

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D E  L A  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana. 25 de Marzo de 2004

Miami: una ciudad al borde

POR MAX CASTRO, Tomado de Juventud Rebelde

The Herald ha dado tantas diferentes razones para esta decisión* como la administración Bush tiene para la guerra de Iraq —y con igual credibilidad. En ambos casos, las razones verdaderas son transparentemente ideológicas. Mi habilidad como escritor y analista nunca ha sido cuestionada y ciertamente no por los editores de The Herald.

(...) Durante los cinco años que mis columnas aparecieron en el periódico, me convertí en una voz cada vez más solitaria a medida que The Herald se desplazaba decididamente a la derecha en relación con Cuba y otros temas.

(...) mi independencia, mi negativa a modelar mis opiniones para complacer el súbito giro a la derecha del periódico, o a ser silenciado en temas como Iraq o la guerra de clases de arriba hacia abajo de la administración, fue demasiado para The Miami Herald. A fines del año pasado, inmediatamente después de presentar mi columna en que se contrastaba el brillante éxito de relaciones públicas del viaje a Bagdad del presidente Bush en el Día de Acción de Gracias con las tristes realidades de la guerra en sí, me informaron que mis siguientes dos columnas serían las últimas.

Pero eso no fue el final. Como prueba adicional de que el Miami Herald, un firme defensor de la libertad de prensa en Latinoamérica y de los “disidentes” en Cuba, no podía tolerar la disidencia en sus propias filas, cuando fui a presentar la que iba a ser mi penúltima columna para publicarla el 16 de diciembre, recibí este seco mensaje de un editor de The Herald: “Después de leer esta columna, hemos decidido no publicarla”.

El lector puede juzgar por qué. Esta es la columna que el Miami Herald suprimió:

El sociólogo de la Universidad de Princeton Alejandro Portes y el antropólogo de la Universidad Internacional de la Florida Alex Stepick titularon su libro de 1993 acerca de las relaciones raciales y la política étnica de Miami Ciudad al borde. La referencia no es simplemente por la localización marginal de Miami en el mapa, sino también por las perennes tensiones intergrupales de la ciudad y su papel primordial en la gran ola de inmigración hacia Estados Unidos que comenzó en los años 1960.

Una década más tarde, las mismas tensiones que Portes y Stepick analizaron están presentes aquí, aunque más sutiles y con una configuración de participantes algo diferente. Los inmigrantes siguen viniendo en gran número, aunque ahora es más probable que sean colombianos o venezolanos, en vez de centroamericanos. Pero Miami es una ciudad al borde de una manera nueva: su posición en relación con el actual debate acerca de la política de EE.UU. hacia Cuba. Porque mientras el apoyo a una política de línea dura ha disminuido en el público y el Congreso, en los últimos años la competencia de ideas en Miami —y específicamente en las principales instituciones a través de las cuales se generan, se debaten y se diseminan ideas— han ido marchando en dirección opuesta.

Se puede medir la fuerza de una opinión nacional en contra de una política de línea dura por el hecho de que ambas cámaras del Congreso aprobaron recientemente una legislación que hubiera terminado eficazmente con la prohibición de viajar a Cuba, uno de los componentes principales del embargo. Más importante aún, la medida fue aprobada en un Congreso controlado por los republicanos, a pesar de la fiera oposición de un presidente republicano y de las recientes enérgicas medidas cubanas. Esa opinión se está generalizando en todo el país.

Incluso en este estado, donde es más alto el apoyo a una política de línea dura, la última encuesta en la Florida demostró una aplastante mayoría a favor de la libertad de viajar a Cuba. Las encuestas en Miami han mostrado que una gran mayoría de afro-americanos y de blancos no hispanos y una minoría creciente y significativa de cubano-americanos se oponen al embargo.

(...) Mientras tanto, el Instituto para Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, un centro de pensamiento de línea dura, que por principio se niega a cualquier contacto con instituciones en Cuba, ha recibido un generoso financiamiento del gobierno federal para que idee maneras para acelerar la transición en la isla e imagine qué debe suceder después. El título de uno de sus paneles recientes —“La transición en estados delincuentes: Iraq, Palestina y Cuba”— sugiere la línea de pensamiento que prevalece.

Finalmente The Herald, otra institución clave en este debate, en años recientes ha incrementado dramáticamente la frecuencia y virulencia de sus editoriales en contra de Fidel Castro y su gobierno, y ha disminuido sus críticas anteriores a aspectos de la política norteamericana. La eliminación para fines de año de esta columna (no por iniciativa mía), en la que han aparecido frecuentes críticas a las actitudes y políticas de línea dura, fortalecerán esta tendencia, y esta ciudad se acercará más a un discurso acerca de Cuba en contra del pensamiento de la mayoría de esta nación. (Fragmentos)

*Nota del autor: A principios de diciembre de 2003, The Miami Herald me informó que eliminaría mi columna al finalizar el año.

 

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