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D E  L A  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana. 31 de Marzo de 2004

El lúgubre camino de Halliburton

Hedelberto López Blanch
 

Que la compañía transnacional Halliburton se encuentre envuelta en otro oscuro negocio, por muchos de los cuales ha sido denunciada pero nunca condenada, ya deja de ser noticia.

Que la compañía transnacional Halliburton se encuentre envuelta en otro oscuro negocio, por muchos de los cuales ha sido denunciada pero nunca condenada, ya deja de ser noticia.
Suman más de una docena las ocasiones en que esta todopoderosa firma (que estuvo dirigida por el actual vicepresidente de Estados Unidos Richard Cheney de 1995 al 2000 cuando se postuló para acompañar al mandatario George W. Bush), ha estado involucrado en turbios negocios.

En febrero último y ante la denuncia de oficiales del Pentágono, ese grupo de servicios petroleros y de logística se vio obligado a suspender el cobro de facturas pendientes de 140 millones de dólares por las comidas servidas al Ejército norteamericano en Kuwait e Iraq.

Como ya es habitual y para tratar de aplacar el temporal, Randy Harl, presidente de Kellogg Brown and Root (KBR), filial de Halliburton y encargada de la distribución de las comidas declaró que era importante comprender que esa decisión no representaba en ningún caso una forma de confesión... Pero más claro ni el agua.

KBR, que ganó en 2001 un contrato por 3 800 millones de dólares con el Pentágono para suministrar el apoyo logístico a las fuerzas estadounidenses en todo el mundo, está acusada de haber sobrefacturado las comidas que nunca se habrían servido en varias bases de Kuwait y en Iraq.

Halliburton se ha puesto de acuerdo con la agencia auditora del Pentágono para suspender el cobro de facturas por una suma de 300 millones de dólares. La compañía había aceptado recortar en un principio, 176,5 millones de dólares.
Los jugosos contratos de la transnacional con el Pentágono y el gobierno norteamericano son disímiles y van desde reconstrucción de pozos petroleros, su distribución y venta hasta servicios de comidas calientes, lavandería, distribución de correo y construcción de bases para las tropas, entre otras.

Halliburton y su filial KBR son objeto desde el inicio de la guerra en Iraq de múltiples denuncias por anomalías.

El propio jefe militar de las tropas de invasión y ocupación, general Ricardo Sánchez acusó la pasada semana al coloso texano por no haber preparado a tiempo las bases en las que se deben concentrar los soldados norteamericanos para tratar de evitar las numerosas bajas que tienen debido a los ataques de la resistencia iraquí.

Sánchez hizo pública la denuncia en una carta al diario Wall Street Journal, mientras los auditores militares afirmaron que Halliburton había mostrado “deficiencias sistemáticas” en sus cálculos de costos de sus trabajos en Iraq por miles de millones de dólares.

La historia de transacciones dudosas de la Halliburton comienzan durante la dirección de Cheney (aún recibe altos honorarios de la empresa), cuando eludió la prohibición de sostener contratos comerciales con Iraq en la época de Saddam Hussein tras la Guerra del Golfo.

En 1998 se unió con la Dresser Industries y de esa forma se convirtió en la petrolera más poderosa del mundo. Desde entonces, la corrupta firma de auditoría, Arthur Andersen se encargó de esa labor y sus prácticas contables dieron un diametral vuelco.

Ante las sospechas de operaciones oscuras, la Comisión Nacional de Valores le abrió un expediente, mientras Judicial Watch, institución que vela por la legalidad del gobierno, denunció a Cheney por numerosos fraudes cometidos durante el tiempo que fungió como su director.

Hace pocos meses y aunque se mantienen abiertas las demandas en los tribunales, Halliburton firmó un memorando de acuerdo para cerrar las 20 causas legales colectivas en su contra impuestas por inversores. El gobierno se ha hecho el de la vista gorda en espera a que los malos tiempos pasen inadvertidos.

Otra de las denuncias recientes resultó la emitida por el legislador demócrata Henry Waxman, del Comité de Reformas Gubernamentales de la Cámara de Representantes, que investiga los privilegios que concede la Casa Blanca a personas o empresas en su entorno.

Waxman puntualizó que la firma había obtenido ilegalmente contratos sin acudir a licitación desde mucho antes de concluir la agresión norteamericana a Iraq.

“Aparentemente, señaló Waxman, se ha permitido que Halliburton se lucre de cada fase del conflicto, incluyendo el despliegue militar previo a la guerra”.
El negocio de la compañía en Iraq, que ya cifra la astronómica cantidad de 18 000 millones de dólares, fue posible al obtener órdenes del Pentágono sin participar en licitaciones debido a un contrato firmado en 2001 para la reconstrucción de Afganistán que después fue extendido a Bagdad.

Dondequiera que se abra una nueva oportunidad de realizar pingües negocios allí aparece esta multimillonaria compañía que ya construyó las cárceles para prisioneros del Talibán y otros sospechosos que se encuentran en la base naval de Guantánamo, en territorio cubano.

Comida y avituallamiento para las tropas; mantenimiento y reconstrucción de puertos y almacenes; reparación de los sistemas petroleros, extracción y comercialización del crudo y apoyo logístico para localizar las invisibles armas de destrucción masivas son algunas de las amplias atribuciones y mandatos que ostenta en Iraq esta compañía apañada por el gobierno de Estados Unidos.

Los analistas aseguran que esto es parte de la globalización que con su andar enriquece aún más a los beneficiados de siempre.

(Tomado de www.opciones.cubaweb.cu)

 

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