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El
lúgubre camino de Halliburton
Hedelberto López Blanch
Que la compañía
transnacional Halliburton se encuentre envuelta en
otro oscuro negocio, por muchos de los cuales ha
sido denunciada pero nunca condenada, ya deja de ser
noticia.
Que la compañía
transnacional Halliburton se encuentre envuelta en
otro oscuro negocio, por muchos de los cuales ha
sido denunciada pero nunca condenada, ya deja de ser
noticia.
Suman más de una docena las ocasiones en que esta
todopoderosa firma (que estuvo dirigida por el
actual vicepresidente de Estados Unidos Richard
Cheney de 1995 al 2000 cuando se postuló para
acompañar al mandatario George W. Bush), ha estado
involucrado en turbios negocios.
En febrero último y ante la
denuncia de oficiales del Pentágono, ese grupo de
servicios petroleros y de logística se vio obligado
a suspender el cobro de facturas pendientes de 140
millones de dólares por las comidas servidas al
Ejército norteamericano en Kuwait e Iraq.
Como ya es habitual y para
tratar de aplacar el temporal, Randy Harl,
presidente de Kellogg Brown and Root (KBR), filial
de Halliburton y encargada de la distribución de las
comidas declaró que era importante comprender que
esa decisión no representaba en ningún caso una
forma de confesión... Pero más claro ni el agua.
KBR, que ganó en 2001 un
contrato por 3 800 millones de dólares con el
Pentágono para suministrar el apoyo logístico a las
fuerzas estadounidenses en todo el mundo, está
acusada de haber sobrefacturado las comidas que
nunca se habrían servido en varias bases de Kuwait y
en Iraq.
Halliburton se ha puesto de
acuerdo con la agencia auditora del Pentágono para
suspender el cobro de facturas por una suma de 300
millones de dólares. La compañía había aceptado
recortar en un principio, 176,5 millones de dólares.
Los jugosos contratos de la transnacional con el
Pentágono y el gobierno norteamericano son disímiles
y van desde reconstrucción de pozos petroleros, su
distribución y venta hasta servicios de comidas
calientes, lavandería, distribución de correo y
construcción de bases para las tropas, entre otras.
Halliburton y su filial KBR
son objeto desde el inicio de la guerra en Iraq de
múltiples denuncias por anomalías.
El propio jefe militar de
las tropas de invasión y ocupación, general Ricardo
Sánchez acusó la pasada semana al coloso texano por
no haber preparado a tiempo las bases en las que se
deben concentrar los soldados norteamericanos para
tratar de evitar las numerosas bajas que tienen
debido a los ataques de la resistencia iraquí.
Sánchez hizo pública la
denuncia en una carta al diario Wall Street Journal,
mientras los auditores militares afirmaron que
Halliburton había mostrado “deficiencias
sistemáticas” en sus cálculos de costos de sus
trabajos en Iraq por miles de millones de dólares.
La historia de transacciones
dudosas de la Halliburton comienzan durante la
dirección de Cheney (aún recibe altos honorarios de
la empresa), cuando eludió la prohibición de
sostener contratos comerciales con Iraq en la época
de Saddam Hussein tras la Guerra del Golfo.
En 1998 se unió con la
Dresser Industries y de esa forma se convirtió en la
petrolera más poderosa del mundo. Desde entonces, la
corrupta firma de auditoría, Arthur Andersen se
encargó de esa labor y sus prácticas contables
dieron un diametral vuelco.
Ante las sospechas de
operaciones oscuras, la Comisión Nacional de Valores
le abrió un expediente, mientras Judicial Watch,
institución que vela por la legalidad del gobierno,
denunció a Cheney por numerosos fraudes cometidos
durante el tiempo que fungió como su director.
Hace pocos meses y aunque se
mantienen abiertas las demandas en los tribunales,
Halliburton firmó un memorando de acuerdo para
cerrar las 20 causas legales colectivas en su contra
impuestas por inversores. El gobierno se ha hecho el
de la vista gorda en espera a que los malos tiempos
pasen inadvertidos.
Otra de las denuncias
recientes resultó la emitida por el legislador
demócrata Henry Waxman, del Comité de Reformas
Gubernamentales de la Cámara de Representantes, que
investiga los privilegios que concede la Casa Blanca
a personas o empresas en su entorno.
Waxman puntualizó que la
firma había obtenido ilegalmente contratos sin
acudir a licitación desde mucho antes de concluir la
agresión norteamericana a Iraq.
“Aparentemente, señaló
Waxman, se ha permitido que Halliburton se lucre de
cada fase del conflicto, incluyendo el despliegue
militar previo a la guerra”.
El negocio de la compañía en Iraq, que ya cifra la
astronómica cantidad de 18 000 millones de dólares,
fue posible al obtener órdenes del Pentágono sin
participar en licitaciones debido a un contrato
firmado en 2001 para la reconstrucción de Afganistán
que después fue extendido a Bagdad.
Dondequiera que se abra una
nueva oportunidad de realizar pingües negocios allí
aparece esta multimillonaria compañía que ya
construyó las cárceles para prisioneros del Talibán
y otros sospechosos que se encuentran en la base
naval de Guantánamo, en territorio cubano.
Comida y avituallamiento
para las tropas; mantenimiento y reconstrucción de
puertos y almacenes; reparación de los sistemas
petroleros, extracción y comercialización del crudo
y apoyo logístico para localizar las invisibles
armas de destrucción masivas son algunas de las
amplias atribuciones y mandatos que ostenta en Iraq
esta compañía apañada por el gobierno de Estados
Unidos.
Los analistas aseguran que
esto es parte de la globalización que con su andar
enriquece aún más a los beneficiados de siempre.
(Tomado de
www.opciones.cubaweb.cu) |