Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      

 Sólo TEXTO    

D E   L A  P R E N S A   N A C I O N A L

La Habana. 12 de Marzo de 2004

(Extractado de Juventud Rebelde)

Tuvimos que defendernos desde la casa del enemigo
• Dice el autor del libro La guerra secreta, Fabián Escalante

 ESCRITOR de La guerra secreta, colección de cinco tomos sobre las agresiones de Estados Unidos, Escalante acaba de entregar a los lectores cubanos los dos últimos títulos de la serie: Acción ejecutiva y 1963, El complot.

 Su obra es la historia de una agresión, dice en una entrevista que publica el diario Juventud Rebelde, de una guerra no tan secreta que por más de 45 años EE.UU. ha librado contra Cuba. Mis libros, explica, son hechos, anécdotas, testimonios, y sobre todo un reflejo del decisivo papel que ha desempeñado el pueblo en defensa de la Revolución cubana.

 A una pregunta del entrevistador sobre si sus libros fundamentan el estado de necesidad permanente que ha asistido a Cuba y que llevaron a Los Cinco héroes cubanos prisioneros políticos del imperio a cumplir difíciles misiones en el seno de la mafia cubano-americana en Estados Unidos, responde categórico: SI.

 Miami, explica, recibió desde 1959 a todos los asesinos y esbirros del derrocado Gobierno de Batista, se convirtió en el centro de la contrarrevolución. En esa ciudad se organizó una gran base operativa, que llegó a contar con 400 oficiales de casos, unos 4 000 agentes cubanos exiliados, 55 empresas fantasmas y un presupuesto de 100 millones de dólares anuales de Washington.

 Esa mafia se fue enriqueciendo, continúa, y al final ha llegado a ser un poder en Estados Unidos, y a ese mecanismo, a esa mafia había que penetrarla. Nuestros cinco héroes estaban ahí para investigar y conocer cuáles eran los planes que se estaban gestando contra nuestro país.

 Escalante aprovecha la oportunidad para manifestar su admiración por la actitud y comportamiento de Los Cinco, que

han sentado un precedente de ética, de moral, de altruismo político y de solidaridad.

 Dirigió durante 20 años el Departamento de Seguridad del Estado, al cual llegó como simple mecanógrafo, y refleja en sus libros su amplia experiencia.

 No creo ser un buen escritor, dice, lo único que trato es de contar hechos. Escribo de memoria, agrega, voy trabajando historias que conocí y que llevo al papel a partir de los recuerdos.

 Así ha escrito Playa Girón, La gran conjura, El proyecto Cuba, Operación Mangosta, Acción ejecutiva, y 1963, El Complot.

 En ellos, explica,  hay muchos argumentos, elementos, citas, sobre cómo EE.UU. veía el proceso político en Cuba desde antes de 1959. Es decir, lo que estaban fraguando, cómo apoyaron a la dictadura de Batista, cómo pretendieron llevar a la práctica, incluso, los atentados contra la vida de Fidel Castro en que participaron personas de origen norteamericano antes del triunfo de la Revolución.

 En uno de sus dos últimos libros, Acción ejecutiva, por ejemplo, comienza con el relato sobre un agente del FBI norteamericano, Alan Robert Nye, que en 1958 fue introducido en Cuba en complicidad con el Buró de Investigaciones de la Policía de Batista.

 Al tal Nye, dice, lo hospedaron en el Hotel Comodoro en La Habana. Posteriormente fue a parar a la ciudad oriental de Holguín, después a Bayamo y luego a la zona de Santa Rita, donde a partir de un plan que se había ideado y de unas armas que le habían suministrado, debía asesinar a Fidel Castro.

 Fue desenmascarado y lo detuvieron el 12 de diciembre de 1958 y tras el triunfo de la Revolución fue juzgado y condenado, y en abril de 1959 las autoridades cubanas lo entregaron a la Embajada de EE.UU. en La Habana, como un gesto de buena voluntad.

 En este libro abarca a lo largo de 20 años una veintena de casos de atentados contra la vida del máximo dirigente cubano, los que el autor considera más importantes, fraguados por la Agencia Central de Inteligencia, la contrarrevolución cubana, y la mafia cubano-americana de Miami.

 Sus fuentes son tres: documentos desclasificados en EE.UU., declaraciones de agentes de la CIA y contrarrevolucionarios detenidos, y testimonios de agentes del DSE que participaron en esas operaciones.

 El segundo, 1963, El complot, se circunscribe a ese año, en que EE.UU. se propuso y diseñó por primera vez la doble vía, antecedente lejano de la Ley Torricelli, y se comenzó a fraguar el asesinato del presidente John F. Kennedy.

 Por último, hace referencia a dos nuevos libros que tiene en proyecto. El primero sobre pasajes de la guerra que EE.UU. declaró a la revolución popular sandinista en Nicaragua, y el otro tiene que ver con el combate, la guerra secreta que en la década del 70 del siglo pasado se desarrolló entre los terroristas de origen cubano, dirigidos por la CIA, y los que salieron a penetrarlos.
 

 

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