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(Extractado de Juventud Rebelde)
Tuvimos que defendernos desde la
casa del enemigo
• Dice el autor
del libro
La guerra secreta, Fabián
Escalante
ESCRITOR de La guerra secreta, colección de
cinco tomos sobre las agresiones de Estados Unidos,
Escalante acaba de entregar a los lectores cubanos
los dos últimos títulos de la serie: Acción
ejecutiva y 1963, El complot.
Su obra es la historia de una agresión, dice en una
entrevista que publica el diario Juventud Rebelde,
de una guerra no tan secreta que por más de 45 años
EE.UU. ha librado contra Cuba. Mis libros, explica,
son hechos, anécdotas, testimonios, y sobre todo un
reflejo del decisivo papel que ha desempeñado el
pueblo en defensa de la Revolución cubana.
A una pregunta del entrevistador sobre si sus
libros fundamentan el estado de necesidad permanente
que ha asistido a Cuba y que llevaron a Los Cinco
héroes cubanos prisioneros políticos del imperio a
cumplir difíciles misiones en el seno de la mafia
cubano-americana en Estados Unidos, responde
categórico: SI.
Miami, explica, recibió desde 1959 a todos los
asesinos y esbirros del derrocado Gobierno de
Batista, se convirtió en el centro de la
contrarrevolución. En esa ciudad se organizó una
gran base operativa, que llegó a contar con 400
oficiales de casos, unos 4 000 agentes cubanos
exiliados, 55 empresas fantasmas y un presupuesto de
100 millones de dólares anuales de Washington.
Esa mafia se fue enriqueciendo, continúa, y al
final ha llegado a ser un poder en Estados Unidos, y
a ese mecanismo, a esa mafia había que penetrarla.
Nuestros cinco héroes estaban ahí para investigar y
conocer cuáles eran los planes que se estaban
gestando contra nuestro país.
Escalante aprovecha la oportunidad para manifestar
su admiración por la actitud y comportamiento de Los
Cinco, que
han sentado un precedente de ética, de moral, de
altruismo político y de solidaridad.
Dirigió durante 20 años el Departamento de
Seguridad del Estado, al cual llegó como simple
mecanógrafo, y refleja en sus libros su amplia
experiencia.
No creo ser un buen escritor, dice, lo único que
trato es de contar hechos. Escribo de memoria,
agrega, voy trabajando historias que conocí y que
llevo al papel a partir de los recuerdos.
Así ha escrito Playa Girón, La gran conjura,
El proyecto Cuba, Operación Mangosta,
Acción ejecutiva, y 1963, El Complot.
En
ellos, explica, hay muchos argumentos, elementos,
citas, sobre cómo EE.UU. veía el proceso político en
Cuba desde antes de 1959. Es decir, lo que estaban
fraguando, cómo apoyaron a la dictadura de Batista,
cómo pretendieron llevar a la práctica, incluso, los
atentados contra la vida de Fidel Castro en que
participaron personas de origen norteamericano antes
del triunfo de la Revolución.
En uno
de sus dos últimos libros, Acción ejecutiva,
por ejemplo, comienza con el relato sobre un agente
del FBI norteamericano, Alan Robert Nye, que en 1958
fue introducido en Cuba en complicidad con el Buró
de Investigaciones de la Policía de Batista.
Al tal Nye, dice, lo hospedaron en el Hotel
Comodoro en La Habana. Posteriormente fue a parar a
la ciudad oriental de Holguín, después a Bayamo y
luego a la zona de Santa Rita, donde a partir de un
plan que se había ideado y de unas armas que le
habían suministrado, debía asesinar a Fidel Castro.
Fue desenmascarado y lo detuvieron el 12 de
diciembre de 1958 y tras el triunfo de la Revolución
fue juzgado y condenado, y en abril de 1959 las
autoridades cubanas lo entregaron a la Embajada de
EE.UU. en La Habana, como un gesto de buena
voluntad.
En este libro abarca a lo largo de 20 años una
veintena de casos de atentados contra la vida del
máximo dirigente cubano, los que el autor considera
más importantes, fraguados por la Agencia Central de
Inteligencia, la contrarrevolución cubana, y la
mafia cubano-americana de Miami.
Sus fuentes son tres: documentos desclasificados en
EE.UU., declaraciones de agentes de la CIA y
contrarrevolucionarios detenidos, y testimonios de
agentes del DSE que participaron en esas
operaciones.
El segundo, 1963, El complot, se
circunscribe a ese año, en que EE.UU. se propuso y
diseñó por primera vez la doble vía, antecedente
lejano de la Ley Torricelli, y se comenzó a fraguar
el asesinato del presidente John F. Kennedy.
Por último, hace referencia a dos nuevos libros que
tiene en proyecto. El primero sobre pasajes de la
guerra que EE.UU. declaró a la revolución popular
sandinista en Nicaragua, y el otro tiene que ver con
el combate, la guerra secreta que en la década del
70 del siglo pasado se desarrolló entre los
terroristas de origen cubano, dirigidos por la CIA,
y los que salieron a penetrarlos.
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