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El Efecto invernadero y algunos de
sus efectos en la Antártida
• La liberación de gases producto de
la actividad humana ha potenciado el efecto
invernadero natural • La tendencia de aumento de las
concentraciones de CO2 se viene registrando desde el
año 1860 y la deforestación y el consumo de
combustibles fósiles son las principales actividades
que implican su liberación
UNA
parte de la radiación solar que llega a la
superficie de la tierra es absorbida y la otra es
reflejada como radiación infrarroja de menor
energía. El oxígeno y el nitrógeno, los gases más
abundantes en la atmósfera, no absorben esta
radiación reflejada, mientras el vapor de agua, el
dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, el
clorometano y el ozono sí lo hacen.
Resulta de esta manera un efecto invernadero por
causas naturales, que mantiene la superficie del
planeta bajo cierto rango admisible de temperatura.
Sin
embargo la liberación de gases producto de la
actividad humana ha potenciado el efecto invernadero
natural. La tendencia de aumento de las
concentraciones de CO2 se viene registrando desde el
año 1860 y la deforestación y el consumo de
combustibles fósiles son las principales actividades
que implican su liberación.
Por
otra parte hay mecanismos de retroalimentación que
pueden potenciar o contrarrestar los efectos. Por
ejemplo, el vapor de agua, es la sustancia que
absorbe y emite más radiación infrarroja en la
atmósfera baja, y su concentración se incrementa a
medida que aumenta el calentamiento global.
La
información más valiosa sobre los cambios en la
concentración de CO2 proviene de diversos
observatorios situados en puntos estratégicos,
aislados de agentes externos de producción de gases
y representativos de grandes masas de aire, sea en
áreas oceánicas o continentales.
El
continente antártico es un ambiente que reúne estas
características. A la casi nula liberación de gases
por parte de actividades del hombre, se suma la muy
escasa vegetación terrestre: las variaciones que
pudiesen causar cambios en concentración del dióxido
de carbono prácticamente no interfieren.
Actualmente existen 15 estaciones que toman
registros continuos en el mundo, y tres de ellas se
encuentran en La Antártida: La base Jubany, situada
en la isla 25 de Mayo (islas Shetland del Sur),
Argentina; Syowa, de Japón, y Amundsen Scott, de
Estados Unidos, situada en el Polo Sur. Entre otras
cosas, los datos compilados permiten comparar
variaciones entre invierno y verano, día y noche, y
los efectos del viento.
Por otra parte, Argentina inició
estudios sobre temas relacionados a bordo del
rompehielos A.R.A. Almirante Irizar. En febrero del
2000, comenzó un proyecto en convenio entre el
Instituto Antártico Argentino y la Universidad
Pierre y Marie Curie de París para estudiar el flujo
de dióxido de carbono entre la atmósfera y el mar, y
su influencia sobre las comunidades del plancton
marino.
Como
consecuencia de esta tendencia global de incremento
del CO2, se están registrando aumentos en la
temperatura. Del análisis de los registros de
distintas bases se ha detectado un incremento de la
temperatura desde la estación Orcadas hacia la
Península Antártica, y al ritmo presente,
significaría un aumento de 1º C en 20 años.
Estudios glaciológicos recientes en el continente,
han arrojado evidencias concretas del retroceso de
los glaciares y de barreras de hielo. Entre ellas se
destaca la inmensa ruptura de la barrera de Larsen
en el verano del 2002.
Una de las consecuencias más evidentes del aumento
de temperatura y consecuente retroceso de los hielos
terrestres, es el cambio en el nivel de los mares,
aunque hay otras variaciones que serán menos
evidentes como las que se dan en corrientes
oceánicas.
Durante los períodos glaciarios, con temperaturas
de entre 3 y 5 ºC inferiores a las actuales, el
nivel de los mares descendió hasta 100 m por debajo
del actual.
Hace
100 000 años ocurrió el último período interglaciar,
con temperaturas de entre 2 y 3 ºC superiores a las
actuales y nivel de los mares entre 5 y 7 metros más
elevados.
Actualmente el nivel de las aguas está subiendo a un
promedio de 2 mm anuales, mientras que se ha
determinado que en los últimos 5 000 años el
incremento estuvo en el orden del 1 mm por año.
Los
cálculos de predicción indican que el derretimiento
de los hielos provocaría un ascenso de hasta 1,5 m
en el nivel de los mares en los próximos 50 años.
Mientras los efectos del calentamiento sobre la
vegetación terrestre de la Antártida (desde 1950, en
la Península Antártica la media de temperatura del
aire en verano subió 1 ºC) actúa en forma diferente
sobre el pasto antártico (Deschampsia antarctica;
gramínea) y sobre el llamado clavel antártico (Colobanthus
quietensis; familia Cariofilácea) y serían
acumulativos entre estaciones.
Parámetros como tasa de fotosíntesis, tasa de
crecimiento de la planta, y el éxito reproductivo,
ayudan a evaluar estos cambios. Las estructuras
reproductivas de ambas especies vegetales tuvieron
más desarrollo o más maduración ante aumentos de
temperatura. Colobanthus produjo mayor número de
semillas por estructura reproductiva, aunque las
semillas no fueron más viables ni más pesadas.
Más de
30 años de monitoreo sobre poblaciones de estas
plantas con flor en islas subantárticas demostraron
un aumento en su abundancia. Por lo que se ha
sugerido que el calentamiento del aire durante el
verano, ha facilitado la maduración de sus semillas,
la germinación y la sobrevivencia de plantines.
También se sabe de su expansión en la Península
Antártica, al menos desde los últimos cinco años.
La
continuación de los monitoreos y estudios arrojarán
nuevas luces sobre estos temas. (Iván Terrero) |