|
LA
HABANA CUMPLE 485 AÑOS
Una ciudad que invita a volver
POR RAISA PAGES —de
Granma Internacional—
FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ
SURGIO por su magnífica bahía,
una de las más concurridas del Caribe, de
estratégica posición en las corrientes del Golfo.
Asiento de la flota de la corona de España en sus
incursiones de conquista en América. Los fondos del
mar que bañan la capital de la Isla guardan muchos
secretos aún no develados.
Los ingleses enviaron una
expedición de 20 000 hombres para conquistar la
ciudad en el siglo XVIII. Los españoles prefirieron
perder la Florida y recuperar La Habana.
|

La bahía, por su posición
estratégica,
hizo que la ciudad creciera a sus
alrededores. Para resguardar
La Habana de piratas y conquistadores,
la corona española construyó la
fortaleza militar más importante de
América, San Carlos de la Cabaña.
|
|

En el Centro Histórico, en la
parte
más vieja de la ciudad, sólo se mueven
coches para no estropear las
vetustas calles
|
|

Por las calles circulan jungo
a los autos
de último modelo, otros de las
décadas del 40 ó 50 del siglo pasado.
En la foto, la céntrica esquina de
L y 23, en el Vedado.
|
La corona española mandó a
construir la fortaleza militar más grande de
América, para proteger la bahía de la Villa de San
Cristóbal de La Habana, de incursiones piratescas o
reconquistadoras.
Los muros de la Fortaleza de La
Cabaña, enclave militar más grande de América, costó
7 millones de pesos en oro, una inmensa fortuna.
Sexta ciudad en el mundo en
contar con ferrocarril, segunda en América, La
Habana fue la capital del primer productor de azúcar
y café del mundo.
La Villa de San Cristóbal no
sólo fue construida con fortuna sino con gusto, con
refinamiento, con la confluencia de muchas culturas.
Su cementerio, de 60 hectáreas, es un museo a cielo
abierto increíble, para una pequeña isla del Caribe.
Aunque mucho se comentan sus
valores históricos y culturales, La Habana es una
ciudad especial, no sólo por su arquitectura, sino
por su pasado y presente. Por esa gente multicolor
que la habita, piel negra, blanca, indiada, ojos
rasgados, nariz abultada o afilada. Pelo moreno,
claro, rojo, encrespado, lacio, trenzado. Varios
biotipos, con distintas costumbres, pero todas con
un sello: el sentido de pertenencia a una metrópolis
que los acoge con amor.
De día, la ciudad es bullicio,
verdor, luz, color, sudor, risa, bicicletas, autos
antiguos, abuelos caminando, niños hacia la escuela,
racimos de gente sorteando las carencias del
transporte urbano. Discusiones sobre béisbol, juegos
de dominó en las esquinas, gente que comenta de
todo, desde el chisme del barrio hasta lo que está
sucediendo en el último confín del mundo.
De noche, serenidad, aire más
fresco, rachas de salitre de un mar que la bordea
por todos los costados. La Habana duerme con un ojo
abierto y el otro cerrado. El cañonazo de la
Fortaleza no es ya una invitación a cesar su
actividad. Es para algunos el comienzo de la noche,
del baile, de la pasión, para otros la hora de
descansar, estudiar, sentarse a leer, a ver
televisión, compartir en familia las novedades del
día.
Asiento de poetas y músicos, de
científicos y escritores, La Habana es una ciudad
que engancha a los visitantes en su ritmo peculiar,
no sólo por sus contrastes, arquitectura o alegría,
sino también por la amabilidad y sinceridad con que
los habaneros les brindan su amistad, con desenfado
de viejos conocidos, capaces de compartir una taza
de café o un trago de ron.
Las parejas de jóvenes o no tan
jóvenes bailan son, salsa, rap, cualquier tipo de
música les hace mover la cintura o agitar las
caderas. Tambor, bongoes, guitarras, maracas, pero
junto a la música desbordada, también está el
bolero, el suave compás.
Un anochecer en el malecón
habanero es disfrutar de la pasión de los tonos del
cielo, del desbordamiento de los colores. Es ser
cómplice de amores y desamores, encuentros y
desencuentros, confesiones… Allí dicen que se
escucha un gemir de violines que sólo tocan para ti… |