Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


N A C I O N A L E S

La Habana, 11 de Noviembre de 2004

LA HABANA CUMPLE 485 AÑOS
Una ciudad que invita a volver


POR RAISA PAGES   —de Granma Internacional
FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ

SURGIO por su magnífica bahía, una de las más concurridas del Caribe, de estratégica posición en las corrientes del Golfo. Asiento de la flota de la corona de España en sus incursiones de conquista en América. Los fondos del mar que bañan la capital de la Isla guardan muchos secretos aún no develados.

Los ingleses enviaron una expedición de 20 000 hombres para conquistar la ciudad en el siglo XVIII. Los españoles prefirieron perder la Florida y recuperar La Habana.


La bahía, por su posición estratégica,
 hizo que la ciudad creciera a sus
 alrededores. Para resguardar
La Habana de piratas y conquistadores,
 la corona española construyó la
 fortaleza militar más importante de
 América, San Carlos de la Cabaña.


 


En el Centro Histórico, en la parte
más vieja de la ciudad, sólo se mueven
coches para no estropear las
vetustas calles


 


Por las calles circulan jungo a los autos
de último modelo, otros de las
décadas del 40 ó 50 del siglo pasado.
En la foto, la céntrica esquina de
L y 23, en el Vedado.


 

 La corona española mandó a construir la fortaleza militar más grande de América, para proteger la bahía de la Villa de San Cristóbal de La Habana, de incursiones piratescas o reconquistadoras.

 Los muros de la Fortaleza de La Cabaña, enclave militar más grande de América, costó 7 millones de pesos en oro, una inmensa fortuna.

 Sexta ciudad en el mundo en contar con ferrocarril, segunda en América, La Habana fue la capital del primer productor de azúcar y café del mundo.

 La Villa de San Cristóbal no sólo fue construida con fortuna sino con gusto, con refinamiento, con la confluencia de muchas culturas. Su cementerio, de 60 hectáreas, es un museo a cielo abierto increíble, para una pequeña isla del Caribe.

 Aunque mucho se comentan sus valores históricos y culturales, La Habana es una ciudad especial, no sólo por su arquitectura, sino por su pasado y presente. Por esa gente multicolor que la habita, piel negra, blanca, indiada, ojos rasgados, nariz abultada o afilada. Pelo moreno, claro, rojo, encrespado, lacio, trenzado. Varios biotipos, con distintas costumbres, pero todas con un sello: el sentido de pertenencia a una metrópolis que los acoge con amor.

 De día, la ciudad es bullicio, verdor, luz, color, sudor, risa, bicicletas, autos antiguos, abuelos caminando, niños hacia la escuela, racimos de gente sorteando las carencias del transporte urbano. Discusiones sobre béisbol, juegos de dominó en las esquinas, gente que comenta de todo, desde el chisme del barrio hasta lo que está sucediendo en el último confín del mundo.

 De noche, serenidad, aire más fresco, rachas de salitre de un mar que la bordea por todos los costados. La Habana duerme con un ojo abierto y el otro cerrado. El cañonazo de la Fortaleza no es ya una invitación a cesar su actividad. Es para algunos el comienzo de la noche, del baile, de la pasión, para otros la hora de descansar, estudiar, sentarse a leer, a ver televisión, compartir en familia las novedades del día.

 Asiento de poetas y músicos, de científicos y escritores, La Habana es una ciudad que engancha a los visitantes en su ritmo peculiar, no sólo por sus contrastes, arquitectura o alegría, sino también por la amabilidad y sinceridad con que los habaneros les brindan su amistad, con desenfado de viejos conocidos, capaces de compartir una taza de café o un trago de ron.

 Las parejas de jóvenes o no tan jóvenes bailan son, salsa, rap, cualquier tipo de música les hace mover la cintura o agitar las caderas. Tambor, bongoes, guitarras, maracas, pero junto a la música desbordada, también está el bolero, el suave compás.

 Un anochecer en el malecón habanero es disfrutar de la pasión de los tonos del cielo, del desbordamiento de los colores. Es ser cómplice de amores y desamores, encuentros y desencuentros, confesiones… Allí dicen que se escucha un gemir de violines que sólo tocan para ti…

 

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