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C I EN C I A  Y  T E C N O L O G I A

La Habana, 25 de Noviembre de 2004

EN 15 AÑOS
La Isla redujo 20 veces uso
de plaguicidas

• El desarrollo de medios biológicos, la reproducción de los enemigos naturales de las plagas y el manejo integral de los sembrados han hecho posible una agricultura casi limpia


POR RAISA PAGES —de Granma Internacional

CADA año se presentan en el mundo entre un millón y 5 millones de casos de intoxicación por plaguicidas, con efectos letales para varios miles de personas, incluso niños.


El arbol del Nim, una de las
 plantas con las que se pueden preparar plaguicidas naturales.


 

 Pero no sólo las personas se contaminan con el contacto de estos químicos, sino por la ingestión de alimentos obtenidos con elevado uso de pesticidas.

 Por lo general, estos productos quedan en los alimentos como residuos. Cuando entran al organismo humano, mediante la alimentación, se acumulan en distintas partes del cuerpo hasta que superan el umbral mínimo y desencadenan una enfermedad.

 Se ha comprobado que estos químicos pueden provocar cáncer, esterilidad masculina y femenina, impotencia, malformaciones del sistema urinario y reproductor, entre otras complicaciones de salud.

NO SOLO EN LABORATORIOS

 En Cuba se intensificaron las investigaciones e inversiones para obtener bioplaguicidas desde 1985. Esos conocimientos e infraestructura permitieron reducir los pesticidas cuando sobrevino la crisis económica de los años 90. Durante 1989, en la Isla se aplicaron alrededor de 20 mil toneladas de plaguicidas en los cultivos varios. Esos productos químicos se importaban, en su gran mayoría, del antiguo campo socialista europeo.

 La carencia de recursos financieros para obtenerlos en otros mercados, no fue sólo lo que ocasionó el giro hacia una agricultura más ecológica, con menos tóxicos. Los científicos cubanos tenían la convicción de que esos químicos traían otros problemas al alterar el equilibrio de los ecosistemas agrícolas. Se controlaba una plaga, pero luego podría aparecer otra más virulenta.

 Con el empleo de seis líneas de bioplaguicidas (hongos y bacterias beneficiosos al acabar con los causantes de las enfermedades) y la reproducción de insectos que eliminaban a varios depredadores, los tóxicos se redujeron a sólo 5 482 toneladas, en 1995.

 Ahora, en el 2004, en los cultivos varios sólo se usarán poco más de mil toneladas de productos químicos. Es decir 20 veces menos que 15 años atrás (1989).

 Las mínimas cantidades que ahora emplea la agricultura de la Isla se dedican a la papa, tabaco y plátano, para poder convivir con plagas que pudieran ser devastadoras y que fueron introducidas deliberadamente, como parte de la guerra biológica del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

 Inicialmente, los bioplaguicidas e insectos beneficiosos se reproducían en laboratorios, diseminados por todo el país, con personal técnico especializado, pero la demanda superaba las expectativas de producción de esas unidades.

 La incorporación de miles de productores a la agricultura urbana y la transformación de miles de hectáreas de caña a otros cultivos, elevaron la necesidad de bioplaguicidas e insectos beneficiosos a niveles insospechables.

 Pero como en la naturaleza está la respuesta, la agricultura sin tóxicos trascendió las fronteras de los laboratorios para convertirse en una experimentación de campo. Los agricultores están hallando plantas que actúan como repelentes de insectos o que tienen propiedades para destruir microorganismos dañinos como hongos, bacterias o nemátodos. También en los organopónicos reproducen insectos beneficiosos, con recursos locales.

 En la flora nativa y exótica de Cuba existen plantas que poseen principios activos con los que se pueden preparar plaguicidas naturales o de origen botánico, sin tener que acudir a una infraestructura especializada.

 Tal es el caso del árbol del Nim y otras plantas como paraíso, tabaco, crisantemo, flor de Muerto, guirito espinoso, piñón Florido, barbesco, anón, añil cimarrón y el najesí, entre otras.

 “No son los productos los que combaten las plagas, sean químicos o biológicos, sino las alternativas de manejo de un sembrado”, asegura el doctor Emilio Fernández, subdirector del Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal.

 En los encuentros con los agricultores, los expertos han escuchado cómo hay otras opciones: trampas para atraer insectos dañinos y reservorios de los “bichitos buenos” que se comen a los “malos”, los cuales se conocen como enemigos naturales de las plagas.

 Existen hongos, bacterias e insectos beneficiosos que eliminan los dañinos. Encontrar y guardar los buenos para combatir a los malos, se ha hecho práctica habitual entre los productores cubanos, por el adiestramiento que han recibido de varios institutos, entre ellos el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal, rector de este programa de extensionismo.

 Usted puede comerse una col en Cuba, con la seguridad de que fue cultivada sin químicos, indica. Esta hortaliza se cosecha sin ningún químico. Todos los vegetales obtenidos por la agricultura orgánica son sanos, porque está prohibido el uso de plaguicidas, por la cercanía a las ciudades.

 Con diversas plantas se hacen preparados que actúan contra la “tropa enemiga”. En Songo La Maya, una localidad eminentemente cafetalera de la oriental provincia de Santiago de Cuba, preparan una cocción de un tipo de boniato, conocido como hediondo, para espantar la Broca que ataca los cafetos. En esa misma localidad, unos campesinos inventaron una máquina para echar humo en las cuevas de bibijaguas y asfixiarlas, sin utilizar ni caros productos ni combustible.

 Hasta en Matanzas existen agricultores que experimentan y han logrado cosechar papa con un mínimo de productos químicos.

 Con un uso mínimo de productos químicos, la agricultura cubana convive con plagas tan peligrosas como el Trihps palmi, la Sigatoka negra en el plátano.

“Se ha creado una conciencia para no dañar el ambiente”, dijo el doctor Fernández.

 

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