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EN 15 AÑOS
La Isla redujo 20 veces uso
de plaguicidas
• El desarrollo de medios biológicos,
la reproducción de los enemigos naturales de las
plagas y el manejo integral de los sembrados han
hecho posible una agricultura casi limpia
POR RAISA PAGES —de Granma Internacional—
CADA año se presentan en el
mundo entre un millón y 5 millones de casos de
intoxicación por plaguicidas, con efectos letales
para varios miles de personas, incluso niños.
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El arbol del Nim, una de las
plantas con las que se pueden preparar plaguicidas naturales.
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Pero no
sólo las personas se contaminan con el contacto de
estos químicos, sino por la ingestión de alimentos
obtenidos con elevado uso de pesticidas.
Por lo
general, estos productos quedan en los alimentos
como residuos. Cuando entran al organismo humano,
mediante la alimentación, se acumulan en distintas
partes del cuerpo hasta que superan el umbral mínimo
y desencadenan una enfermedad.
Se ha
comprobado que estos químicos pueden provocar
cáncer, esterilidad masculina y femenina,
impotencia, malformaciones del sistema urinario y
reproductor, entre otras complicaciones de salud.
NO SOLO EN
LABORATORIOS
En Cuba se
intensificaron las investigaciones e inversiones
para obtener bioplaguicidas desde 1985. Esos
conocimientos e infraestructura permitieron reducir
los pesticidas cuando sobrevino la crisis económica
de los años 90. Durante 1989, en la Isla se
aplicaron alrededor de 20 mil toneladas de
plaguicidas en los cultivos varios. Esos productos
químicos se importaban, en su gran mayoría, del
antiguo campo socialista europeo.
La
carencia de recursos financieros para obtenerlos en
otros mercados, no fue sólo lo que ocasionó el giro
hacia una agricultura más ecológica, con menos
tóxicos. Los científicos cubanos tenían la
convicción de que esos químicos traían otros
problemas al alterar el equilibrio de los
ecosistemas agrícolas. Se controlaba una plaga, pero
luego podría aparecer otra más virulenta.
Con
el empleo de seis líneas de bioplaguicidas (hongos y
bacterias beneficiosos al acabar con los causantes
de las enfermedades) y la reproducción de insectos
que eliminaban a varios depredadores, los tóxicos se
redujeron a sólo 5 482 toneladas, en 1995.
Ahora, en el 2004, en los cultivos varios sólo se
usarán poco más de mil toneladas de productos
químicos. Es decir 20 veces menos que 15 años atrás
(1989).
Las
mínimas cantidades que ahora emplea la agricultura
de la Isla se dedican a la papa, tabaco y plátano,
para poder convivir con plagas que pudieran ser
devastadoras y que fueron introducidas
deliberadamente, como parte de la guerra biológica
del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.
Inicialmente, los bioplaguicidas e insectos
beneficiosos se reproducían en laboratorios,
diseminados por todo el país, con personal técnico
especializado, pero la demanda superaba las
expectativas de producción de esas unidades.
La
incorporación de miles de productores a la
agricultura urbana y la transformación de miles de
hectáreas de caña a otros cultivos, elevaron la
necesidad de bioplaguicidas e insectos beneficiosos
a niveles insospechables.
Pero como en la naturaleza está la respuesta, la
agricultura sin tóxicos trascendió las fronteras de
los laboratorios para convertirse en una
experimentación de campo. Los agricultores están
hallando plantas que actúan como repelentes de
insectos o que tienen propiedades para destruir
microorganismos dañinos como hongos, bacterias o
nemátodos. También en los organopónicos reproducen
insectos beneficiosos, con recursos locales.
En
la flora nativa y exótica de Cuba existen plantas
que poseen principios activos con los que se pueden
preparar plaguicidas naturales o de origen botánico,
sin tener que acudir a una infraestructura
especializada.
Tal
es el caso del árbol del Nim y otras plantas como
paraíso, tabaco, crisantemo, flor de Muerto, guirito
espinoso, piñón Florido, barbesco, anón, añil
cimarrón y el najesí, entre otras.
“No
son los productos los que combaten las plagas, sean
químicos o biológicos, sino las alternativas de
manejo de un sembrado”, asegura el doctor Emilio
Fernández, subdirector del Instituto de
Investigaciones de Sanidad Vegetal.
En
los encuentros con los agricultores, los expertos
han escuchado cómo hay otras opciones: trampas para
atraer insectos dañinos y reservorios de los
“bichitos buenos” que se comen a los “malos”, los
cuales se conocen como enemigos naturales de las
plagas.
Existen hongos, bacterias e insectos beneficiosos
que eliminan los dañinos. Encontrar y guardar los
buenos para combatir a los malos, se ha hecho
práctica habitual entre los productores cubanos, por
el adiestramiento que han recibido de varios
institutos, entre ellos el Instituto de
Investigaciones de Sanidad Vegetal, rector de este
programa de extensionismo.
Usted puede comerse una col en Cuba, con la
seguridad de que fue cultivada sin químicos, indica.
Esta hortaliza se cosecha sin ningún químico. Todos
los vegetales obtenidos por la agricultura orgánica
son sanos, porque está prohibido el uso de
plaguicidas, por la cercanía a las ciudades.
Con
diversas plantas se hacen preparados que actúan
contra la “tropa enemiga”. En Songo La Maya, una
localidad eminentemente cafetalera de la oriental
provincia de Santiago de Cuba, preparan una cocción
de un tipo de boniato, conocido como hediondo, para
espantar la Broca que ataca los cafetos. En esa
misma localidad, unos campesinos inventaron una
máquina para echar humo en las cuevas de bibijaguas
y asfixiarlas, sin utilizar ni caros productos ni
combustible.
Hasta en Matanzas existen agricultores que
experimentan y han logrado cosechar papa con un
mínimo de productos químicos.
Con
un uso mínimo de productos químicos, la agricultura
cubana convive con plagas tan peligrosas como el
Trihps palmi, la Sigatoka negra en el plátano.
“Se
ha creado una conciencia para no dañar el ambiente”,
dijo el doctor Fernández. |