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Surgen disputas legales por
intimidación, urnas que no llegan, muertos que
sufragan...
• Impera el "juego sucio" en
un proceso electoral que no garantiza transparencia
• Cada estado tiene sus propias normas y nadie puede
asegurar que "cada voto cuenta"
POR JIM CASON Y DAVID BROOKS,
CORRESPONSALES
(Tomado de La Jornada)
WASHINGTON Y NUEVA YORK, 2 de noviembre.—
Indígenas intimidados, votantes cuestionados,
demandas legales por denuncias de fraude, listas de
empadronados que no aparecen, y una mayoría de
estadounidenses que antes de llegar a las urnas ya
sabía que no todos sus votos serían contados y que
había grandes posibilidades de que, otra vez, se
"cayera el sistema".
Cuatro años después de la elección presidencial que
devino desastre democrático —el recuento y disputa
por los resultados duraron 36 días—, con la Suprema
Corte robando el derecho del electorado a determinar
el presidente e imponiendo a George W. Bush en la
Casa Blanca, poco se ha hecho para reparar un
sistema incapaz de garantizar un proceso electoral
imparcial y transparente.
Hoy
hubo multitud de ejemplos de los juegos sucios,
posible fraude y otras maniobras para viciar las
elecciones en el país que se autoproclama modelo
democrático para el mundo.
En
Dakota del Sur republicanos fueron acusados de
intimidar a indígenas que llegaban a las casillas.
Los rodeaban, se paraban muy cerca, tomaban notas en
libretas y apuntaban el número de las placas de sus
automóviles y los amenazaban con seguirlos a sus
casas. Un juez federal falló en favor de los
demócratas y ordenó que los republicanos cesaran
estas tácticas.
En
Michigan los republicanos denunciaron 30 mil muertos
en el padrón electoral estatal (al parecer, temen
que los muertos voten por los demócratas). Pero esta
es una antigua tradición estadounidense, los muertos
frecuentemente votan, y a veces representan el
margen de victoria para candidatos (además, es Día
de Muertos).
En
el condado de Broward, en Florida —lugar que
favorece a los demócratas— los republicanos
solicitaron a un juez ordenar la actualización del
padrón electoral local para evitar que los
ciudadanos votaran más de una vez. Argumentaron que
no existe ningún mecanismo para asegurar que los que
sufragaron en elecciones "tempranas" la semana
pasada, no acudieran hoy para intentar votar de
nuevo.
TRIUNFOS Y DERROTAS LEGALES
Pero
en Ohio los republicanos fueron favorecidos esta
mañana por un fallo de un juez federal que permite a
miles de sus militantes ingresar a las casillas para
preguntar a los votantes sobre si han cumplido los
requisitos para votar. Fue una derrota legal para
los demócratas, ya que consideraban que esto
intimidaría a votantes, particularmente de minorías.
Los republicanos insisten en que sólo desean evitar
el fraude, argumento que fue validado por el juez
después de una intensa disputa legal.
Los
republicanos en Ohio también han acusado a los
demócratas y sus simpatizantes de promover el fraude
con diversas acciones como llamar a votantes
republicanos y ofrecerles información incorrecta
sobre la ubicación de casillas, entre otras cosas.
Un
programa de radio liberal de Las Vegas difundió la
versión completamente falsa (hasta donde se sabe) en
el sentido de que en su mensaje Osama Bin Laden,
líder de Al Qaeda, habría dicho que aquellos estados
que no voten por Bush serán excluidos como objetivos
de atentados en el futuro.
En
Madison, Wisconsin, seis camionetas que estaban
listas para transportar a votantes republicanos a
las casillas fueron saboteadas cuando alguien
acuchilló sus llantas.
En
pleno Greenwhich Village, en Manhattan, una maestra
de primaria informó a este diario que al acudir
temprano a la casilla que le correspondía, ella y
cientos de votantes fueron informados que no había
llegado el padrón, y por lo tanto no podrían votar.
Se les ofreció llenar una papeleta provisional que
sería procesada en otro momento, o que podían
esperar por si llegaba el famoso listado.
La
primera disputa legal del día fue en Filadelfia,
donde los republicanos acusaron que varias máquinas
electrónicas de votación ya habían registrado varios
sufragios antes de que se abrieran las casillas.
Estos sucesos se repitieron a lo largo del país, en
zonas rurales, urbanas, suburbanas, ricas y pobres.
Ejércitos de abogados fueron desplegados por ambos
partidos para preparar las disputas legales que
inevitablemente surgieron de este sistema electoral
descompuesto y sujeto a manipulación de todo tipo.
Los
problemas fundamentales son: este país no tiene un
padrón nacional, ni un sistema uniforme para
registrar a votantes, resolver disputas, diseñar
boletas, garantizar el acceso a las casillas, contar
los votos ni hacer recuentos. Cada estado y cada
condado establece sus propias normas y procesos, o
sea, hay 51 sistemas diferentes (incluido el
Distrito de Columbia), con variaciones en normas y
reglas. Y en cada entidad hay sistemas diferentes
para votar, por ejemplo, sólo en Pensilvania se
emplean cinco tipos de máquinas para votar.
Tampoco hay una autoridad imparcial e independiente
para administrar elecciones nacionales, estas
instancias son controladas por demócratas y
republicanos, y sujetas al gobierno estatal en
turno. Fue por esto que el ex presidente Jimmy
Carter calificó de "tragedia" que el sistema
electoral estadounidense sea inferior al de muchos
países del Tercer Mundo, y que a falta de una
infraestructura electoral nacional uniforme, su
Centro Carter no pueda monitorear una elección en su
propio país.
Los
juegos sucios de todo tipo, como la intimidación de
votantes y otras maneras de suprimir el voto, así
como las dudas sobre imparcialidad y transparencia,
florecen. Lo que está claro, aun antes de concluir
el proceso, es que el fundamento de la democracia
electoral de un ciudadano, un voto, aquí no es
cierto, y menos aquella consigna de que "cada voto
cuenta", ya que no se garantiza que se cuente cada
voto aquí (o tal vez se cuentan más).
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