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Una actuación
imperecedera
En el corazón
de cada cubano
COTO
WONG
Foto de Ricardo López
Hoy
regresa al país la selección nacional de ajedrez que
de forma colosal representó a nuestro Verde Caimán
en la recién concluida XXXVI Olimpiada Mundial,
celebrada en Calviá, Mallorca, España.
Toda la Isla
disfrutó a granel la soberbia actuación del elenco
masculino (y femenino por qué no) que se sumó a los
festejos por la victoria en las Naciones Unidas
contra el bloqueo yanki, y fue una muestra más de
que el deporte revolucionario, cubano y socialista
tiene, pese a la brutal medida, una salud
envidiable.
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Yaniet Marrero
logró otra
norma para el título de Gran
Maestra, en un desempeño
entre signos de admiración.
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Equipo varonil
este, grande entre los grandes, porque después de
cada derrota o empate se sentó a la mesa de juego
para mostrar una recuperación capaz de aspirar a la
victoria y tejer ese séptimo peldaño entre 127
conjuntos participantes, por encima de potencias del
juego ciencia en el universo.
Equipo grande
sí, porque cada individualidad puso su grano de
arena para el triunfo del conjunto; porque mostró
cada vez una capacidad competitiva distinta y
diferente; porque se enfrentó en casi más de un 75%
de las rondas a elencos de más alto ELO, derrotando
a varios de ellos, y porque logró, entre otras
cosas, la necesaria armonía estratégica válida para
obtener un resultado tan "fuera de serie" como el
alcanzado.
Ya se
encargarán los estadísticos de lo que ha significado
esta faena en términos de rendimiento. Algo que de
seguro pondrá cifras altas sobre el tapete.
Gran año el
2004 para el ajedrez cubano que ha tenido un
excelente protagonismo tanto en el plano
internacional como en el patio (El GM Leinier
Domínguez abrió la brecha en el Mundial de Trípoli).
Año de interesantes proyecciones y de la
consolidación de un desarrollo local que apunta a
metas superiores.
Inmerso en la
Batalla de Ideas y como parte de esa nueva
concepción del Comandante en Jefe sobre la Cultura
General Integral, el ajedrez ha mostrado su
potencialidad de cara a los nuevos retos.
La
universalización de su enseñanza mediante los cursos
de Universidad para Todos; los más de 700 alumnos
que continúan su preparación como profesores
emergentes; la creciente presencia en los Fórum de
Ciencia y Técnica; la producción de piezas y
tableros en los distintos municipios del país para
su práctica; el rescate de varios torneos nacionales
y la creación de otros, hablan a las claras de esa
nueva dimensión, real y palpable, del milenario
deporte mental en el archipiélago antillano.
Sin duda, la
visita de los Grandes Maestros, Maestros
Internacionales y otros trebejistas a los rincones
más apartados del país; el desarrollo del programa
de Ajedrez en las Escuelas; la totalidad de
jugadores jóvenes con varias normas para títulos; la
cantera que se desarrolla en la Escuela de Talentos
del Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez
(ISLA), entre otros aspectos, hacen pensar con
optimismo hacia el futuro.
El desempeño de
Calviá llegó en un momento de salutación para todo
el pueblo cubano. Y fue un tributo al genial
Capablanca, al Guerrillero Heroico y a los primeros
hombres y mujeres que labraron el camino.
Cada uno de los
integrantes de los dos conjuntos tiene desde ya un
lugar destacado en la memoria ajedrecística de la
nación y en el corazón de cada cubano. Por eso
Leinier, Bruzón, Nogueiras, Walter, Neurys y
Yunieski; Maritza, Suleinnis, Yaniet y Vivian,
reciban desde estas páginas el saludo y abrazo de
once millones de cubanos —me arrogo ese derecho—,
que como ustedes apostaron por el triunfo de un
deporte digno y honesto: el nuestro. |