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ELAM: más de 8 000 alumnos
de 24 países
ANETT RÍOS JÁUREGUI
FOTOS: RICARDO LÓPEZ HEVIA
Siete de la mañana, hora de
levantarse. Ocho en punto, desayuno. Ocho y media,
comienzan las clases. Diez y quince minutos: en un
aula del ala Este de la escuela se aplica un examen
de Anatomía; los estudiantes corren por los pasillos
en el cambio de turno; en los dormitorios algunos
estudian o limpian; frente al mar, en los terrenos
de deportes, se juega fútbol.
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Las bolivianas
Mónica y Guisela
ocupan el tiempo libre estudiando
en el dormitorio.
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A la
salida de las clases un trío latinoamericano:
estudiantes de Bolivia, Venezuela y República
Dominicana.
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En la
preparación física la mayoría de los estudiantes
eligen la práctica del fútbol. |
Doce del día, almuerzo.
Durante toda la tarde continúan las clases. A las
seis, la cena. A partir de las siete de la noche,
tiempo libre para estudiar. A las once se apagan las
luces de los dormitorios, pero muchos se quedan en
la sala de estudio hasta bien avanzada la madrugada.
Al día siguiente habrá nuevas evaluaciones.
Esta es la breve descripción
de un día común en la Escuela Latinoamericana de
Medicina (ELAM) según el paraguayo Jorge Martínez,
quien cursa allí el primer año. Las clases y los
exámenes son rigurosos, la enseñanza es muy buena,
por eso vine a Cuba, porque aquí está la mejor
Escuela de Medicina, comenta Jorge.
Los fines de semana los
muchachos tienen pase para salir de la escuela.
Salen a la carretera de Santa Fe y viajan al Oeste,
hacia el cercano poblado de Baracoa, rumbo al Este,
al centro de la capital. Jorge viaja con su novia,
una estudiante boliviana. "No hay problema, Bolivia
me queda cerquita", dice con una sonrisa. La mayoría
de las parejas en la ELAM están conformadas por
muchachos de diferentes nacionalidades. "Vamos al
cine Yara y después a la heladería (Coppelia)".
Caminan por la ciudad como el resto de los habaneros
que ya conocen las rutas de los ómnibus, los
horarios de las películas, los mejores sitios donde
comer.
EL PRINCIPIO
En la ELAM siempre se ha
dicho que la escuela es hija de las catástrofes.
Fidel concibió la idea en medio del desastre que
dejaron los huracanes George y Mitch por
Centroamérica y el Caribe en 1998. El proyecto ELAM
formaría gratuitamente como médicos a jóvenes de los
países azotados, quienes luego retornarían a sus
comunidades para contribuir a la sostenibilidad de
los sistemas de salud nacionales, y para continuar
el trabajo de promoción y prevención de las brigadas
cooperantes de médicos cubanos en la región.
El 27 de febrero de 1999
llegaron los primeros estudiantes centroamericanos a
las instalaciones de la Academia Naval Granma,
transformadas en una escuela de Medicina. Un mes
después comenzó el curso premédico diseñado para
nivelar los diferentes perfiles educacionales de los
alumnos, y el 15 de noviembre de 1999 se inauguró
oficialmente la institución durante la Novena Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en
La Habana.
La matrícula inicial de la
escuela fue de 1 929 estudiantes de 18 países
latinoamericanos. Actualmente reúne a más de 8 400
alumnos de 19 países de la región, cuatro naciones
africanas y de Estados Unidos. La ELAM es como una
gran urbe cosmopolita donde lo más difícil para
todos, en los primeros tiempos, resulta adaptarse a
las diferencias culturales. Respetar y valorar la
identidad del otro, intercambiar tradiciones, esas
son las armas que nos permiten mantener un
equilibrio entre nacionalidades tan distintas,
indica Víctor Díaz, agregado de protocolo de la
institución. "Esta es una escuela de Medicina, pero
es, además, un centro promotor de cultura".
Carlos Camacho, profesor
fundador del proyecto, advierte que lo más
interesante del trabajo es la diversidad cultural de
sus alumnos. "Aprenden ellos y aprendemos nosotros,
todos los días. Son personas que no leyeron sobre el
capitalismo, sino que viven en él y nos pueden
narrar claramente cómo es la vida en sus
sociedades".
El Departamento de Historia
ha desarrollado un minucioso estudio de los grupos
étnicos que conviven en la escuela (los mapuches,
los garífunas, por ejemplo) para integrar ese
conocimiento al trabajo educativo del colectivo
docente. Según Daniel Fernández, jefe del
departamento, se prepara un libro sobre el impacto
de la ELAM a partir de la opinión de sus
protagonistas y otro texto acerca de la presencia de
las etnias en la escuela en homenaje a la primera
graduación que ocurrirá a mediados del 2005.
UN PROYECTO HUMANISTA
El doctor Juan Carrizo,
rector de la institución, señala que la ELAM más que
una escuela, es un proyecto formador de médicos que
no solo enmarca las instalaciones de Santa Fe, pues
a partir del tercer curso los estudiantes pasan a
las 21 facultades de Medicina del país. Hoy existen
alumnos en los seis años de la carrera y en todas
las provincias.
La primera graduación del
proyecto será una gran fiesta, como lo es su quinto
aniversario. El doctor Carrizo califica la
experiencia de estos años como la expresión más alta
de humanismo y solidaridad con los pueblos. Desde el
punto de vista profesional, un gran compromiso
porque los resultados del trabajo redundarán en el
futuro de las comunidades más necesitadas.
"Cuando el próximo año
salgan nuestros primeros graduados, trataremos de
ayudarles en su educación continua, autodidacta, y
quisiéramos que sigan sintiendo a esta casa de
estudios y a esta tierra como propia, por siempre." |