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La Habana, 29 de Noviembre de 2004

El ruido: España a la cabeza en Europa

POR JOAQUIN ORAMAS

HAY situaciones que perjudican la salud y pueden significar un obstáculo para la longevidad activa y por tanto en el propósito de alcanzar 120 años o más. Una de ellas es el ruido, multiplicado por la falta de una política que lo evite en la vida moderna.

El ruido es parte de la contaminación ambiental y afecta seriamente la capacidad auditiva de quienes lo sufren, a la vez que ejerce una influencia negativa y propicia otros trastornos del organismo. Los efectos nocivos del ruido sobre la salud van desde las alteraciones cardiovasculares y del sueño, hasta la disminución del apetito sexual. Pero, ¿qué es el ruido?

El ruido es un sonido carente de un significado, incapaz de aportar elementos de conocimiento o interés. En otros casos, sonidos significativos como la música, pueden convertirse en "ruido" por sobrepasar un nivel saludable para la audición.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 76% de la población que vive en los grandes centros urbanos sufre un impacto acústico muy superior al recomendable. Según las estadísticas, y después de Japón, España, por ejemplo, es uno de los países más ruidosos del mundo, y Madrid la ciudad más sono-polucionada de Europa. Muchas veces, sus habitantes sufren de estrés, irritabilidad, hipertensión, cefaleas, taquicardias, fatiga, sordera, aceleración cardíaca, problemas del sueño, molestias digestivas y disminución de la capacidad sexual, al tiempo que contribuye al aumento de accidentes.

El hombre moderno está sometido a la agresión de ondas sonoras que lesionan su capacidad auditiva. En Europa, por ejemplo, se estima que 80 millones de personas padecen alteraciones auditivas.

El tráfico es el principal responsable de la contaminación acústica de las grandes ciudades. Los otros focos causantes del ruido son las obras públicas, las cercanías de los aeropuertos y el ruido social y la actividad nocturna.

Las consecuencias del ruido suelen no manifestarse hasta años después de su acción, y su principal daño es la pérdida auditiva que puede derivar, en el peor de los casos, en una sordera permanente.

Los niveles de ruido constantes, aunque no superen los niveles máximos permitidos, aceleran el proceso de esta enfermedad, de tal forma que tenemos un oído mucho más viejo del que correspondería a nuestra edad fisiológica. En otras ocasiones, la exposición a ruidos de poca duración, pero de gran intensidad, precipitan este trastorno irreversible y para el que no existe tratamiento alguno. Los expertos recuerdan en este punto que los audífonos, aunque son una ayuda, no permiten oír con total claridad.

Muchos jóvenes de hoy sufrirán trastornos auditivos en el futuro. El uso excesivo de reproductores de CD y radios con auriculares, y el volumen de la música en las discotecas provocan cada vez más problemas auditivos en este grupo de la población. El oído tarda alrededor de 36 horas en recuperar la sensibilidad auditiva normal, después de estar sometido una noche a la música atronadora de una discoteca.

Todo esto tiene lógicas repercusiones, tanto en la salud integral como en el rendimiento, y por tanto, en nuestra productividad en el estudio o trabajo. Muchas personas soportan el ruido como una consecuencia inevitable de su actividad profesional. La legislación europea relativa a la prevención de riesgos laborales, fija en 85 decibeles el límite a partir del cual se deben adoptar medidas de prevención en las actividades laborales, mediante el uso de auriculares protectores. Sin embargo, muchas veces son los mismos trabajadores quienes no cumplen estas recomendaciones, siendo necesario reforzar la información preventiva.

El problema del ruido ha de ser tratado tanto con soluciones sociales como con medidas individuales. Todos podemos contribuir a controlar el nivel de ruido que llega a los oídos, haciendo de nuestro ambiente un medio más apacible.

Con respecto a las reacciones del sistema circulatorio, al percibirse el ruido, una de las reacciones más notables se produce en los vasos sanguíneos de los dedos y sienes. Estos se contraen inmediatamente, la musculatura del brazo se tensa y se producen simultáneamente otras reacciones en la piel y en los órganos motores.

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