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N A C I O N A L E S

La Habana, 16 de Noviembre de 2004

EN EL ANIVERSARIO 485 DE SAN CRISTOBAL DE LA HABANA
Esa magia única que aquí anida

POR LOURDES STUSSER y CONCHY PEREZ-FERNANDEZ —especial para Granma Internacional
FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ

LA Villa de San Cristóbal de La Habana vistió sus mejores galas para su cumpleaños 485 (16 de noviembre), exhibiendo sus joyas arquitectónicas, que recuperan el esplendor gracias a la maravilla de la restauración. Una de las más representativas es la del Convento de la Orden de San Francisco de Asís.


El Convento de San Francisco y su plaza aledaña, hermoso conjunto arquitectónico.
 


La Sala de Conciertos de la Basílica Menor de San Francisco de Asís, cumplió diez años de fecunda vida cultural.
 


El Caballero de París acompaña nuevamente a transeúntes y enamorados.

En 1575, la Orden de los Franciscanos solicitó del Gobierno colonial español en Cuba la concesión de un terreno para levantar un templo religioso. Hacia 1579, se colocó una cruz en el solar yermo donde tomaron posesión, a pocos metros de la Bahía de La Habana. Una edificación rústica fue levantada en el lugar para 1591, pero no fue hasta 1719 en que la Orden inició la reconstrucción y ampliación del Convento, que adquirió su actual fisonomía para el año 1739.

 La promulgación en España de la llamada “Ley Mendizábal” —dirigida a la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas masculinas— permitió al régimen colonial en la mayor de las Antillas hacerse cargo del inmueble, alrededor de 1846.

 La primera república cubana, nacida de la ocupación militar estadounidense, utilizó el Convento como sede de la Oficina Central de Correos y Telégrafos, inaugurada en 1907, y luego el edificio tuvo múltiples usos, desde almacén de la Aduana de La Habana hasta frigorífico.

 En 1964, se inicia el proceso para rescatar el inmueble, el exponente más importante del patrimonio inmobiliario del siglo XVIII cubano. Primero se instaló la Fuente de los Leones en la Plaza aledaña al edificio, en el cual se hicieron investigaciones arqueológicas y técnico-constructivas. En los años 80, ya con el aval de planos y hallazgos, se entró en la fase de proyectos, que se empiezan a concretar en 1990, con el apoyo del Centro de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), alojado en otra no menos espectacular edificación de La Habana Vieja: el antiguo Convento de Santa Clara.

 El CENCREM fue creado por la Oficina del Historiador de la Ciudad con un sustancial aporte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y la dirección técnica de la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura. La tarea de restauración del Convento de San Francisco de Asís fue apoyada también por la Agencia Española de Cooperación Internacional.

 Facetas de gran interés en el edificio son su techo abovedado, la portada en forma de arco abocinado y estriado y los dos claustros con sus respectivas galerías. También, un Museo de Arte Sacro y una Sala de Conciertos, instalada ésta en la antigua Basílica Menor del Convento.

 Dicen que cuando las luces se apagan, las puertas se cierran y dejan de sonar en la noche las notas de Schubert o de Brahms, entonces los espíritus salen de sus escondrijos y llenan el aire con sus danzas. Muy a gusto deben sentirse en la Sala de Conciertos, dedicada a la música antigua, de cámara y coral, inaugurada hace una década, el 4 de octubre de 1994. 

 Varios siglos después de su inicial construcción como monasterio, el impresionante edificio es en la actualidad un sitio generador de cultura y un espacio de participación que desde hace diez años ha seguido escribiendo su historia. Así lo afirma la directora del Convento, Gertraud Ojeda: 

 “El Convento se ha convertido en un centro cultural activo, que no sólo incluye el Museo o la Sala de Conciertos, sino que acoge con regularidad exposiciones y encuentros de intelectuales y artistas, verdaderos foros de discusión sobre problemas que afectan a nuestra sociedad y al mundo en que vivimos. Ejemplo de ello fue la Segunda Bienal de Arquitectura de La Habana, que celebramos en mayo de este año. Es por ello que este Convento es un lugar vivo, un lugar de intercambio.”

 Cuando hace casi tres siglos los artífices de entonces trabajaban en esta construcción y colocaban sobre tierra criolla las piedras que servirían de hogar al recogimiento y al silencio, no imaginaban cuánta emoción sería revivir la obra. El arquitecto y restaurador de la instalación, Daniel Taboada, Premio Nacional de Arquitectura 1998, comparte ese sentimiento:

 “La recuperación de la Basílica —dice— superó todas las esperanzas y todas las ilusiones que teníamos puestas en ella. Creo que fue una experiencia que todavía nos sorprende. Nos hemos dado cuenta que ya ha devenido en lugar habitual y preferido por el público, y que es un hito singular en el ámbito cultural.”

 Originalmente, el Convento era una planta basilical de tres naves. Una parte de su Basílica Menor fue derribada hacia 1850 para dar paso a la construcción de una calzada perimetral de la bahía de La Habana, hoy Avenida del Puerto. Pero un enorme mural en perspectiva, creado por el arquitecto y artista Juan Carlos Pérez Botello, cubre ahora aquel espacio y da la bienvenida al visitante sin que éste note de inmediato la sustitución de los muros originales:

 “Yo creo que el mural está en total armonía con el espacio arquitectónico, porque, más que una pintura, es un recurso de restauración que actúa como fondo neutral para resaltar la figura del Cristo que se encuentra delante.”

 El elemento de mayor complejidad para levantar el mural fue la inclinación de la pared. Explica su autor: “La pared no es totalmente paralela al eje de la nave central y entonces mi dibujo, diseñado de manera especial, permite percibir el plano de distintas formas según el punto de la Sala desde el que se aprecie”.

 Dentro del contexto urbano de La Habana Vieja, San Francisco de Asís reluce convencido de sus aportes y sus valores. La elegancia de sus muros, impregnados con vida propia, resalta en el entorno, asegura el arquitecto y restaurador, profesor Orestes del Castillo, Premio Nacional de Arquitectura 2004:

 “Por sus dimensiones y por su magnitud preside este espacio público abierto que es la Plaza de San Francisco. Es, de hecho, de todas las construcciones en el Centro Histórico de La Habana la de mayor relevancia, con su torre de campanario de 42 metros de altura, y Santa Elena, allá en la cumbre, que en una época llegó a constituir el sitial más alto de la urbe.”

 Daniel Taboada acota: “Al Convento se le han colocado piezas que conforman el Museo de Arte Sacro, que son valiosas muestras de nuestra cultura, de la imaginería y las creencias que viven en el sentir popular y que le confieren su carácter de hito en la vida de la ciudad”. 

 Por eso, cuando las luces se apagan y las puertas se cierran, sigue rezumando música, historia y leyendas. Una de éstas se personaliza en la de El Caballero de París, pintoresco personaje que recorrió durante años las calles de La Habana y cuyos restos reposan en la Basílica. Allí sigue, inmortalizado en una estatua que se yergue en la acera, acompaña a los enamorados y transeúntes como centinela de los días y las noches. 

 Caminar por los corredores y sentir que el misterio de las paredes nos está rozando; soñar que en una tarde de concierto se es parte de esa ciudad perdida en el tiempo; descubrir desde el campanario con cuánta ternura mira el Cristo a su ciudad; encontrar en uno de los jardines la figura en bronce de la Madre Teresa de Calcuta, llenas de flores siempre frescas las manos y el alma; ver cómo una niña da sus primeros pasos alborozada entre las palomas de la Plaza... todo eso basta para percibir en el Convento de San Francisco de Asís y en su Basílica Menor esa magia única que anida en el corazón colonial de La Habana.
 

 

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