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La Habana, 10 de Noviembre de 2004

Niños y ancianos se parecen

POR JOAQUIN ORAMAS

LOS especialistas coinciden en que hay una gran interrelación entre las características de la infancia y la longevidad satisfactoria.

Nada se parece más a un lactante que un anciano, aseguran desde que el primer geriatra que existió investigara la respuesta emocional y de salud de las personas de la llamada tercera edad y la reacción de un lactante frente a las infecciones.

Sobre la influencia que el asunto puede significar en las aspiraciones de prolongar la existencia hasta los 120 años, el profesor Raúl Riverón hace énfasis en la alimentación y la importancia que adquiere para la salud del niño y posteriormente en la longevidad satisfactoria. Destaca en ese sentido la lactancia materna, que facilita todos los nutrientes al niño en calidad y cantidad suficientes para lograr una alimentación óptima y adecuado crecimiento y desarrollo.

Subraya los cuidados iniciales para que la criatura no se enferme, y el papel que desempeña en tal propósito la cantidad elevada de inmunoglobulina existente en su organismo como protección ante las principales enfermedades virales, bacterianas y parasitarias.

Existe evidencia clara de que la lactancia materna exclusiva disminuye la incidencia y la severidad del listado de enfermedades que durante el primer año de vida por lo regular adquieren los niños. Lo cual, por supuesto, contribuye a que el infante se desarrolle lo mejor posible, dice el profesor.

Menciona la existencia de numerosos estudios que muestran el efecto protector de la leche materna contra las enfermedades, tales como la diabetes tipo uno, padecimientos digestivos y las afectaciones alérgicas, entre otras.

Cita igualmente la introducción de alimentos no lácteos a partir del cuarto o sexto mes de nacida la criatura. Decisión encaminada a ofrecerle cereales, vegetales, viandas y frutas e indica la incorporación de las carnes y los demás alimentos de acuerdo con la edad del bebé. Desde los primeros momentos, la alimentación del niño deberá encaminarse a aumentar los vegetales y las frutas, agrega.

 Asimismo, recomienda disminuir azúcares y la sal en la alimentación, mientras las proteínas deben ser de alto valor biológico, y las grasas, para preparar los alimentos deben ser preferentemente de aceite vegetal.

Estos hábitos alimentarios son importantes, pues el niño debe consumir la cantidad necesaria para el aumento de peso y de talla en relación con la edad, precisa. En ese contexto, el pediatra insiste en evitar la ingestión excesiva de alimentos, incluyendo la leche, lo cual sucede con frecuencia.

 Advierte sobre el consumo de alimentos chatarra, tales como golosinas y sodas, cuyo valor nutritivo es muy pobre y dan la sensación al niño de plenitud y, sin embargo, no lo alimentan debidamente.

 La adecuada nutrición desde la infancia contribuirá a reducir la obesidad y otras enfermedades vinculadas con ella, dice Riverón al citar trastornos que aparecen asociados. Son una serie de síndromes que forman parte de los que aparecen en el menor relacionados con la obesidad.

Entre ellas figuran, las alteraciones en el sistema nervioso central, el pseudotumor cerebral, la apnea del sueño y la hipertensión arterial que es la que acompaña generalmente a los niños obesos.

Se agregan la hipertrofia cardíaca, las cardiopatías isquémicas y la muerte súbita; en la metabólica, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo dos, la gota y otras muchas enfermedades que pueden prevenirse con la adecuada nutrición desde la infancia.

Abundando en el asunto, afirma el profesor Enrique Vega que cuando se insiste en la lactancia materna no debemos pensar nada más en la salud del lactante. Pues las consecuencias se extrapolan en edades posteriores y las enfermedades repercuten en el adulto mayor.

Menciona casos de infecciones del oído medio como la hipoacusia (disminución de la audición), que después en la ancianidad se pueden padecer. También la hipertensión arterial que predispone, entre otras cosas, la presencia de mayor infección urinaria que aparecen en la adultez cuando no existe una adecuada lactancia materna, y puede conducir a la insuficiencia renal crónica en la tercera edad y que suele comenzar desde los primeros meses de la vida o en los primeros años.

Es una concatenación de hechos a lo largo de toda la existencia, que no podemos obviar si queremos vivir con calidad 120 años.

(Más información redact2@granmai.cip.cu)
 

 

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