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La vejez no es
etapa de sufrimientos
POR JOAQUIN ORAMAS
YA es
verdad como puño que se puede llegar a viejo sin
problemas de salud físicos ni mentales y aspirar a
extender la existencia a 120 años o más con calidad
de vida, todo depende del estado que mantenga
previamente una persona.
Si
bien es cierto que el proceso de envejecimiento no
está exento de problemas, igualmente lo es que la
enfermedad no es exclusiva de la vejez, como no lo
es la salud de la juventud.
Esta
es una pregunta que hacen algunos lectores; cuándo
comienza la llamada tercera edad.
Según
especialistas, se inicia alrededor de los 60-65
años, y en ella se producen cambios físicos debido
al desgaste propio de las células; cambios
emocionales, producidos por la pérdida de seres
queridos, a lo que se agrega que es la etapa en
donde ocurre la jubilación.
Sin
lugar a duda, esta etapa de la vida requiere de
capacidad de adaptación a estos cambios, voluntad y
la incorporación a ciertas prácticas cotidianas que,
en muchos casos, pasaban a un segundo plano.
Una de
ellas consiste en la importancia de la actividad
física para posibilitar una vida saludable desde
todo punto de vista, particularmente para ayudar al
funcionamiento del organismo, a fin de evitar los
riesgos coronarios y la presión arterial.
Alimentarse de manera adecuada es la primera
condición para resguardar la salud, en ésta y las
demás etapas de la vida. Tanto la mala nutrición
como la obesidad causan periódicamente la muerte de
muchas personas. Afirman científicos que pocos
obesos llegan a cumplir los 80 años de edad.
El
excesivo reposo puede debilitar los músculos y hacer
más lenta la circulación sanguínea. No es necesario
acudir a un gimnasio para realizar una actividad
física adecuada: una caminata diaria de al menos
unos 40 minutos ayuda notablemente a controlar la
presión arterial y los problemas de corazón.
Los
paseos en bicicleta, la natación, las actividades en
el jardín son buenas opciones para resguardar la
salud cardiovascular, indican los especialistas.
No hay
que olvidar que con el envejecimiento, las venas y
arterias se vuelven más sensibles y predispuestas a
ciertas enfermedades, por lo que las alteraciones
vasculares son frecuentes en la ancianidad.
Las
arterias son los vasos que llevan la sangre desde el
corazón a las demás partes del cuerpo, son grandes
distribuidoras de sangre que irrigan nuestro
organismo. En tanto, las venas son los vasos que
conducen la sangre desde todas las partes del cuerpo
hacia el corazón, constituyendo una red colectora.
El
envejecimiento de venas y arterias se caracteriza
por el engrosamiento de los vasos. Se producen
alteraciones en las capas interiores de aquéllas, lo
que provoca el endurecimiento y causa la disminución
de la luz interior que las arterias necesitan para
permitir una buena circulación de la sangre. Esto
produce un aumento de la tensión sanguínea que,
cuando se manifiesta en forma persistente, recibe el
nombre de hipertensión arterial.
La hipertensión es un factor de
riesgo muy importante en todo tipo de enfermedades
cardiovasculares, incluyendo el accidente cardio y
cerebrovascular.
La
cultura, consumista y exitista, ha colocado a la
juventud en un lugar privilegiado frente a las demás
etapas de la vida. Sin embargo, la felicidad, el
bienestar, la productividad se pueden desarrollar a
lo largo de toda la existencia. El mito de que la
vejez es una etapa de restricciones, privaciones y
sufrimiento debe ser desterrado, y así permitir que
nuestros ancianos puedan gozar de bienestar y salud
hasta el fin de la vida.
La
enfermedad puede aparecer en cualquier etapa de la
vida, no hay una edad fija. Mientras personas
jóvenes y aún niños padecen variadas enfermedades,
muchos viejos son saludables.
El
hecho de que aparezcan ciertas limitaciones no
quiere decir que no se goce de buena salud. Existe
un estado ideal, un bienestar propio en cada etapa
de la vida. Y si esas etapas se viven al máximo del
cuidado y prevención, se puede conservar una gran
proporción del organismo en forma saludable en la
última etapa de la vida.
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