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DECLARACION
FINAL
Rechazamos la división entre
terroristas buenos y malos
DURANTE
cuatro décadas, mujeres y hombres de la prensa nos
hemos disputado ser designados para cubrir las
guerras como corresponsales, por estar donde la
metralla amenaza nuestras vidas en los frentes de
batalla del mundo. Esa oportunidad excepcional nos
permite conocer, de primera mano, los horrores de la
guerra; por ello, al reunirnos en La Habana,
encaminamos nuestro trabajo a la lucha por la paz,
hoy más amenazada que nunca.
Durante las últimas agresiones bélicas contra los
países del Tercer Mundo como Yugoslavia, Afganistán,
Iraq y Palestina, se ha hecho cotidiano el ataque
directo y abierto contra instituciones y
corresponsales de prensa, radio y televisión que han
intentado transmitir al mundo la realidad.
Como
resultado de ello, en los últimos meses han perdido
la vida o han sido heridos decenas de colegas
periodistas, algunos en circunstancias que apuntan
más al asesinato que a los llamados “daños
colaterales”, mientras los mandos militares se
niegan a realizar una verdadera investigación al
respecto.
Nos ha
tocado vivir el siglo XXI que debería ser un siglo
sin guerras y está resultando muy belicoso. Hoy, más
que nunca, son víctimas los pueblos de los países
débiles y subdesarrollados y los periodistas que
tratan de contar la verdad.
Hoy
estos peligros se ciernen también sobre Cuba
bloqueada y agredida por la mayor potencia militar
que ha conocido la historia, cuya actual
Administración la califica como su enemiga y
pretende la búsqueda de cualquier pretexto para
llevar a cabo su enfermiza obsesión de invadirla.
Rechazamos los nuevos planes de agresión contra la
Isla de la Dignidad, que lleva ya 45 años sometida a
un sistemático acoso, el cual, más que embargo o
bloqueo, es una verdadera guerra.
Hacemos un llamado urgente a la comunidad
internacional y a nuestros colegas en todo el mundo,
a solidarizarse con este esfuerzo común en defensa
de la paz. Una agresión militar a Cuba representará
dolor y muerte para los pueblos cubano y
norteamericano.
Una
manifestación mediática de ese belicismo lo
constituyen las campañas por revirar a la opinión
pública internacional manipulando la información
desde las más simples generalizaciones, hasta las
grandes mentiras, como lo fue la de engañar al mundo
diciendo que Iraq poseía armas de destrucción
masiva, que tenía vínculos con Al-Qaeda y que las
tropas norteamericanas serían recibidas como
libertadoras. La manipulación se ha convertido en un
terrorismo semántico, organizado, diseminado y
financiado desde Washington, contando con la
connivencia de la mayor parte de los medios de
comunicación para engañar a los pueblos. Tal es el
caso de los llamados “periodistas independientes”,
que únicamente responden a los intereses del
Gobierno estadounidense.
Esa
propaganda condiciona, incluso, a los propios
periodistas que llegan a utilizar ese lenguaje
tramposo, de frases hechas que criminaliza a las
víctimas y ensalza a los verdugos.
El
terrorismo, supuesto origen de estos conflictos
violentos, es también objeto de manipulación, y se
ha convertido en la coartada para estas guerras y
conflictos del siglo XXI.
Rechazamos la hipocresía a la hora de utilizar el
término terrorista, atendiendo únicamente a
conveniencias o apetencias políticas. Rechazamos la
división entre terroristas buenos y malos. No se
puede aceptar que se aplique el término a los árabes
y se mire complacientemente a los israelíes. No se
puede olvidar que Israel ocupa territorios
palestinos y sirios desde hace 37 años y
particularmente en Palestina desaloja, golpea y
asesina a sus naturales, mientras que Estados Unidos
paraliza la acción internacional con sus vetos ante
simples palabras de condena.
Reclamamos el cumplimiento de las resoluciones de
la ONU en el caso palestino, y el derecho al retorno
de los refugiados a su patria. Reclamamos también la
libertad de Los Cinco cubanos condenados en Miami
cuando infiltrados en grupos terroristas informaban
sobre sus actividades a fin de neutralizarlas.
Rechazamos, igualmente, las acciones
desestabilizadoras dirigidas desde Washington y
Miami contra el Gobierno libremente elegido en
Venezuela.
La
comunidad internacional no puede admitir una vuelta
al pasado, tanto la subversión con la sociedad civil
(que aún se usa contra Cuba y Venezuela), como las
intervenciones militares directas de Estados Unidos.
La
manipulación de la información puede adoptar
múltiples formas y es preciso estar alertas y
desenmascararla, pues se trata de instrumentos para
justificar las agresiones militares contra los
países que por designio imperial se conviertan en
nuevos blancos de su política.
Condenamos el asesinato a sangre fría realizado por
un tanque de las fuerzas de ocupación estadounidense
contra el balcón del hotel Palestina en Bagdad,
donde perecieron varios periodistas simbolizados en
el camarógrafo José Couso, cuya familia ha
denunciado valientemente la actitud servil del
Gobierno español de esa época y de la organización
Reporteros sin Fronteras. Llamamos en estos días a
analizar la guerra, nuestras responsabilidades y
experiencias para alcanzar la paz. Para ayudar a
salvaguardar a los pueblos, en especial a los
ancianos, mujeres y niños.
Rechazamos las acciones diversionistas que intentan
vincular e identificar la labor de los medios
alternativos con el terrorismo por el solo hecho de
informar sobre los legítimos movimientos de
liberación y de resistencia, como también divulgar
información veraz sobre los hechos que los grandes
consorcios multimediáticos al servicio de los
intereses hegemónicos imperiales tergiversan o
esconden.
Rechazamos los asesinatos de árabes palestinos,
africanos y latinoamericanos, en nombre de la
libertad y la democracia.
Proponemos la creación de un Tribunal
Internacional, formado por personalidades de
prestigio, para investigar los crímenes de guerra y
reclamar su castigo.
Reclamamos más respeto para el desempeño de nuestra
profesión, en especial en zonas de guerra y en las
cuales cada día perecen o sufren maltratos más
periodistas y se les dificulta más el cumplir con su
deber informativo.
Este
4º Encuentro Mundial de Corresponsales de Guerra ha
servido para compartir experiencias y reflexionar
sobre aspectos clave relativos a nuestra
responsabilidad social como periodistas en las
circunstancias actuales y futuras, conscientes de
que nuestra actividad contribuye también a conjurar
los peligros que asechan a la humanidad.
Convocamos a unirnos para luchar por el cese a los
ataques a nuestro trabajo, convencidos de que con
nuestra labor la paz forma parte de ese mundo mejor
que ya se vislumbra posible.
La
Habana, 20 de octubre del 2004
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