Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


N A C I O N A L

La Habana. 25 de Octubre de 2004

DECLARACION FINAL

Rechazamos la división entre terroristas buenos y malos

DURANTE cuatro décadas, mujeres y hombres de la prensa nos hemos disputado ser designados para cubrir las guerras como corresponsales, por estar donde la metralla amenaza nuestras vidas en los frentes de batalla del mundo. Esa oportunidad excepcional nos permite conocer, de primera mano, los horrores de la guerra; por ello, al reunirnos en La Habana, encaminamos nuestro trabajo a la lucha por la paz, hoy más amenazada que nunca.

 Durante las últimas agresiones bélicas contra los países del Tercer Mundo como Yugoslavia, Afganistán, Iraq y Palestina, se ha hecho cotidiano el ataque directo y abierto contra instituciones y corresponsales de prensa, radio y televisión que han intentado transmitir al mundo la realidad.

 Como resultado de ello, en los últimos meses han perdido la vida o han sido heridos decenas de colegas periodistas, algunos en circunstancias que apuntan más al asesinato que a los llamados “daños colaterales”, mientras los mandos militares se niegan a realizar una verdadera investigación al respecto.

 Nos ha tocado vivir el siglo XXI que debería ser un siglo sin guerras y está resultando muy belicoso. Hoy, más que nunca, son víctimas los pueblos de los países débiles y subdesarrollados y los periodistas que tratan de contar la verdad.

 Hoy estos peligros se ciernen también sobre Cuba bloqueada y agredida por la mayor potencia militar que ha conocido la historia, cuya actual Administración la califica como su enemiga y pretende la búsqueda de cualquier pretexto para llevar a cabo su enfermiza obsesión de invadirla. Rechazamos los nuevos planes de agresión contra la Isla de la Dignidad, que lleva ya 45 años sometida a un sistemático acoso, el cual, más que embargo o bloqueo, es una verdadera guerra.

 Hacemos un llamado urgente a la comunidad internacional y a nuestros colegas en todo el mundo, a solidarizarse con este esfuerzo común en defensa de la paz. Una agresión militar a Cuba representará dolor y muerte para los pueblos cubano y norteamericano.

 Una manifestación mediática de ese belicismo lo constituyen las campañas por revirar a la opinión pública internacional manipulando la información desde las más simples generalizaciones, hasta las grandes mentiras, como lo fue la de engañar al mundo diciendo que Iraq poseía armas de destrucción masiva, que tenía vínculos con Al-Qaeda y que las tropas norteamericanas serían recibidas como libertadoras. La manipulación se ha convertido en un terrorismo semántico, organizado, diseminado y financiado desde Washington, contando con la connivencia de la mayor parte de los medios de comunicación para engañar a los pueblos. Tal es el caso de los llamados “periodistas independientes”, que únicamente responden a los intereses del Gobierno estadounidense.

 Esa propaganda condiciona, incluso, a los propios periodistas que llegan a utilizar ese lenguaje tramposo, de frases hechas que criminaliza a las víctimas y ensalza a los verdugos.

 El terrorismo, supuesto origen de estos conflictos violentos, es también objeto de manipulación, y se ha convertido en la coartada para estas guerras y conflictos del siglo XXI.

 Rechazamos la hipocresía a la hora de utilizar el término terrorista, atendiendo únicamente a conveniencias o apetencias políticas. Rechazamos la división entre terroristas buenos y malos. No se puede aceptar que se aplique el término a los árabes y se mire complacientemente a los israelíes. No se puede olvidar que Israel ocupa territorios palestinos y sirios desde hace 37 años y particularmente en Palestina desaloja, golpea y asesina a sus naturales, mientras que Estados Unidos paraliza la acción internacional con sus vetos ante simples palabras de condena.

 Reclamamos el cumplimiento de las resoluciones de la ONU en el caso palestino, y el derecho al retorno de los refugiados a su patria. Reclamamos también la libertad de Los Cinco cubanos condenados en Miami cuando infiltrados en grupos terroristas informaban sobre sus actividades a fin de neutralizarlas. Rechazamos, igualmente, las acciones desestabilizadoras dirigidas desde Washington y Miami contra el Gobierno libremente elegido en Venezuela.

 La comunidad internacional no puede admitir una vuelta al pasado, tanto la subversión con la sociedad civil (que aún se usa contra Cuba y Venezuela), como las intervenciones militares directas de Estados Unidos.

 La manipulación de la información puede adoptar múltiples formas y es preciso estar alertas y desenmascararla, pues se trata de instrumentos para justificar las agresiones militares contra los países que por designio imperial se conviertan en nuevos blancos de su política.

 Condenamos el asesinato a sangre fría realizado por un tanque de las fuerzas de ocupación estadounidense contra el balcón del hotel Palestina en Bagdad, donde perecieron varios periodistas simbolizados en el camarógrafo José Couso, cuya familia ha denunciado valientemente la actitud servil del Gobierno español de esa época y de la organización Reporteros sin Fronteras. Llamamos en estos días a analizar la guerra, nuestras responsabilidades y experiencias para alcanzar la paz. Para ayudar a salvaguardar a los pueblos, en especial a los ancianos, mujeres y niños.

 Rechazamos las acciones diversionistas que intentan vincular  e identificar la labor de los medios alternativos con el terrorismo por el solo hecho de informar sobre los legítimos movimientos de liberación y de resistencia, como también divulgar información veraz sobre los hechos que los grandes consorcios multimediáticos al servicio de los intereses hegemónicos imperiales tergiversan o esconden.

 Rechazamos los asesinatos de árabes palestinos, africanos y latinoamericanos, en nombre de la libertad y la democracia.

 Proponemos la creación de un Tribunal Internacional, formado por personalidades de prestigio, para investigar los crímenes de guerra y reclamar su castigo.

 Reclamamos más respeto para el desempeño de nuestra profesión, en especial en zonas de guerra y en las cuales cada día perecen o sufren maltratos más periodistas y se les dificulta más el cumplir con su deber informativo.

 Este 4º Encuentro Mundial de Corresponsales de Guerra ha servido para compartir experiencias y reflexionar sobre aspectos clave relativos a nuestra responsabilidad social como periodistas en las circunstancias actuales y futuras, conscientes de que nuestra actividad contribuye también a conjurar los peligros que asechan a la humanidad.

 Convocamos a unirnos para luchar por el cese a los ataques a nuestro trabajo, convencidos de que con nuestra labor la paz forma parte de ese mundo mejor que ya se vislumbra posible.

 

La Habana, 20 de octubre del 2004

 
 

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