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Escándalos azotan a
Premio Nobel, ex presidentes, OEA…
POR
PASTOR VALLE-GARAY —especial para Granma
Internacional—
DE la
noche a la mañana tres ex gobernantes de la Suiza
Centroamericana se han integrado al nefasto cartel
de mandatarios acusados de corrupción. Curioso. Tres
ex presidentes costarricenses, serviles a Washington
y enemigos acérrimos de Cuba muerden el polvo uno
tras otro. ¡Hay justicia en este mundo!
Hace
dos semanas la Procuraduría de Costa Rica formalizó
cargos contra el ex presidente Rafael Angel Calderón
Fournier (1990-1994) por el cobro ilegal de
“comisiones” al favorecer a inversionistas de
Finlandia con contratos farmacéuticos por 39,5
millones de dólares durante su presidencia.
La semana
pasada otro angelito costarricense, el ex presidente
Miguel Angel Rodríguez (1998-2002) renunció a su
puesto de Secretario General de la Organización de
Estados Americanos (OEA) al acusársele de corrupción
durante su período de mandato en la nación
centroamericana. La renuncia de Rodríguez se hará
efectiva el 15 de octubre. En esa fecha se vence la
inmunidad diplomática que le otorga la OEA al ex
Secretario General, y Costa Rica procedería a
formular cargos contra Rodríguez que se encuentra en
Houston.
José
Antonio Lobo, amigo de Rodríguez y director del
Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), en
cuyos turbios manejos también figura el Premio Nobel
de la Paz de 1987 y ex presidente de Costa Rica,
Oscar Arias, denunció a Rodríguez. Según Lobo,
cuando Rodríguez era presidente de Costa Rica éste
recibió una “mordida” del 6% por un contrato en
julio del 2001 en la licitación de un contrato de
149 millones de dólares por 400 mil líneas para
teléfonos celulares. Agrega Lobo que la tajada del
ex presidente ascendió a un poco más de un millón de
dólares en “comisión”.
Simultáneamente esa misma semana el ex presidente
Arias fue denunciado por su colega Rolando Araya, ex
candidato a la presidencia en los últimos comicios
por el partido socialdemócrata de Arias, de recibir
donaciones para su campaña presidencial provenientes
de Manuel Noriega, ex hombre fuerte de Panamá.
(Noriega
fue desalojado del poder, luego que los Estados
Unidos invadieran a Panamá en 1989, le capturaran,
le llevaran a Miami, iniciaran juicio en su contra y
le sentenciaran a prisión por corrupción. Durante su
presidencia Noriega actuó de representante a sueldo
de la Agencia Central de Inteligencia (CIA),
entonces bajo la dirección de George W. Bush, padre.
Al llegar Bush a la presidencia derrocó a su ex
socio).
Coincidentemente con las acusaciones contra el ex
presidente Rodríguez, el ex presidente Arias fue
acusado por Araya de beneficiarse de contratos
extendidos por el mismo Instituto Costarricense de
Electricidad (ICE) a favor del ingenio azucarero
Taboga, propiedad de la familia de Arias. El ex
presidente Arias, que recientemente anunció su
candidatura a la Presidencia en el 2006, también fue
candidato a Secretario General de la OEA. Como quien
dice, en la Suiza Centroamericana todo queda en
familia.
De un
tajo se empaña la ficticia imagen democrática de
Costa Rica y se reafirma la de la OEA como un
exclusivo club de ex gobernantes desocupados y de
aventureros políticos afiliados a Washington. Si la
OEA da la apariencia de la cueva de Alí Baba y los
cuarenta ladrones es merecida.
No fue
siempre así. En 1826 el sueño de Simón Bolívar de
una patria americana “unida de corazón” dio inicio
al Congreso de Panamá con el objeto de crear una
asociación de estados americanos. En 1880 se llevó a
cabo la Primera Conferencia Internacional Americana
en Washington. En 1910 se formó la Unión
Panamericana, que el 30 de abril de 1948 emitió la
Carta de la Organización de Estados Americanos,
desafortunadamente con sede en Washington.
Desafortunadamente, porque el sueño de Bolívar se
transformó en bastardo vehículo de oportunismo y
sumisión de políticos latinoamericanos que
responderían obedientemente a los caprichos de
Washington. Era un secreto a voces que, con raras y
honrosas excepciones, los embajadores de la OEA
esperaban la luz verde que anunciaba el voto de
Washington para votar según los diseños de la Casa
Blanca. El desprestigio de la OEA, que ahora culmina
con la renuncia de su Secretario General, se
consolidó desde sus comienzos, al codearse los
representantes de las dictaduras más criminales de
la América Latina con sus amos estadounidenses.
Se
reiteró en 1962 al expulsarse de su seno a Cuba a
instancias de la Casa Blanca y al cruzarse de brazos
ante las subsiguientes invasiones norteamericanas,
también en la segunda mitad del siglo XX, de Panamá,
Haití y Granada, los ataques de la Contra a
Nicaragua, el genocidio de indígenas guatemaltecos,
las brutales represiones militares en El Salvador,
Chile, Argentina y Paraguay y los más recientes
atentados contra la presidencia de Hugo Chávez en
Venezuela.
No para
ahí. Antes de enfriarse el cadáver político y
diplomático del ex Secretario General y ex
presidente Rodríguez, los tiburones ya se preparan
al festín. Nada menos que Francisco Flores, ex
presidentito de El Salvador y lamebotas oficial de
Washington en Centroamérica, pretende postularse al
puesto desocupado por el escándalo de Rodríguez.
Bolívar
debe revolcarse en la tumba. Aparte de los heroicos
esfuerzos de Chávez y del presidente Fidel Castro
por mantener viva la llama bolivariana, los vagos
profesionales de la OEA parecen dispuestos a
mantener el status quo de una institución
inútil, caduca y al vergonzoso servicio de los
intereses de Washington. ¡Pobre Bolívar! ¡Pobre
América!
PASTOR VALLE-GARAY es
profesor en la Universidad de York.
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