FALLECIO NESTOR
BAGUER
El disidente de Reporteros sin
Fronteras
ERA una imagen
fuerte que nadie ha olvidado: Néstor Baguer, en
medio de la inmensa sala de la lujosa residencia del
jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos,
James Cason, dirigiendo un taller de "ética
profesional" frente a unos 34 informantes rodeados
por oficiales de los servicios de Inteligencia de
Estados Unidos. Con casi 80 años, el viejo
periodista, veterano de tantas salas de redacción,
seguía en combate como nunca, infiltrado entre los
"periodistas independientes", mercenarios del
enemigo, a solicitud de los Organos de Seguridad del
Estado.
Néstor Baguer
Sánchez-Galarraga acaba de morir, a la edad
venerable de 83 años, dejando entre todos sus
colegas el recuerdo de este heroico personaje, el
agente Octavio, cubierto con su inseparable chapela,
que seguía apareciendo en los actos públicos con
aquella mirada tan viva y su cariñosa amabilidad.
Nacido en una
familia de origen vasco llegada a Cuba en 1940,
contaba que ya con 14 años de edad se dedicaba a
escribir en una revista llamada Siboney, que
había creado junto a un grupo de condiscípulos del
Instituto de La Habana. Luego, aprendió la profesión
redactando en El Crisol, donde su padre,
François, era cronista de espectáculos.
Al triunfar la
Revolución Cubana, participa de manera activa en la
organización de los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR).
Incorporado al
Ministerio del Comercio Exterior, se encarga de la
publicación diaria de un boletín informativo. Ahí
tiene sus primeros contactos con la Seguridad del
Estado, una relación que continuará durante 40 años.
Trabajará
sucesivamente en la radioemisora COCO y en Radio
Metropolitana.
Gran defensor de
la lengua española, se hace famoso en Juventud
Rebelde con su crónica titulada En defensa
del idioma, y se distinguió también por su
aporte como miembro de la Academia Cubana de la
Lengua.
Se destacó,
igualmente, como periodista en Trabajadores,
en Radio Habana Cuba y en Cadena Habana.
Hasta que, en
1990, la Seguridad del Estado pide su colaboración
para penetrar los círculos mercenarios.
Sorprendiendo a sus colegas que tenían para él el
mayor respeto, se declara entonces "disidente" y
hace contacto con Elizardo Sánchez Santacruz, el
tristemente célebre "Camaján", quien le facilita los
contactos con la SINA y otros proveedores de fondos
para la "disidencia" remunerada.
Así fue como
Néstor Baguer llegó a ser presidente de la
mercenaria Asociación de Prensa Independiente;
trabajó entonces para la radioemisora anticubana
Radio Martí, y con "agencias independientes"
financiadas por la USAID y la NED y vinculadas a la
CIA, tales como Cubanet y Cuba Press.
"Yo fui el
primer representante en Cuba de Reporteros Sin
Fronteras", contaba hace poco a Granma
Internacional el veterano periodista al recordar
cómo, en 1998, lo había reclutado, en un escenario
digno de una película de James Bond, el secretario
general de la ONG asociada a la CIA, Robert Ménard.
Así fue también
que dirigió aquel "inolvidable" taller de ética
mercenaria organizado en la residencia de James
Cason, en el cual los funcionarios de la SINA le
hicieron un homenaje por su "trayectoria en la
prensa independiente", entregándole un diploma.
Néstor Baguer
dominaba el idioma inglés, lo que, al parecer, le
facilitó esa exitosa penetración de la SINA donde
tenía acceso completo y permanente, día y noche,
hasta que fue revelado su trabajo como agente
Octavio de los servicios cubanos de Seguridad.
Su trayectoria
revolucionaria y periodística fue avalada con varios
reconocimientos, entre ellos, la medalla Eliseo
Reyes Rodríguez (Primera Clase), Félix Elmuza y 28
de Septiembre y la Unión de Periodistas de Cuba le
entregó el Premio a la Dignidad, en mayo del 2003,
en reconocimiento a su consagración y fidelidad
hacia la Revolución.
Al conversar
acerca de sus hazañas, Néstor Baguer confiaba que lo
más difícil de su tarea como agente fue perderse,
durante esos años de “disidencia”, la amistad y el
respeto de sus ex colegas decepcionados... una
amistad y un respeto que le fueron restituidos mil
veces después que se supo la verdad.
El viejo compañero, quien al momento de su deceso
laboraba en la Agencia de Información Nacional (AIN),
estaba trabajando en la redacción de un libro de
recuerdos titulado Octavio. Seguirá para
siempre en la memoria de sus innumerables amigos que
conservarán, de él, un recuerdo afectuoso. (Jean-Guy
Allard)
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