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Los signos del medio ambiente
POR JOAQUIN ORAMAS
EL cuidado del
medio ambiente ha ganado espacio en las concepciones
de individuos, grupos científicos e instituciones,
pues tienen que ver esencialmente con la vida.
Precisamente el medio favorable es una de las
condicionantes para que el ser humano pueda aspirar
a vivir 120 años.
Envejecemos tal
como hemos vivido, es una premisa que se va
generalizando porque expandir la vida requiere,
junto con la mejor nutrición con dieta adecuada,
ejercitarse físicamente, la atención facultativa, la
cultura, y vivir en un medio ambiente y estilos de
vida favorables. No resulta ocioso recordar que,
según investigaciones científicas, en la longevidad
activa los servicios de salud influyen, más o menos,
un 10%, los factores genéticos un 20%, el ambiente
otro 20% y las condiciones y estilos de vida el 50%
restante.
El Caribe
constituye un escenario de significación especial
por su notable diversidad biológica y su acontecer
socio-económico. No es por casualidad que en
Barbados, por ejemplo, se dan casos interesantes de
personas que sobrepasan los cien años. Sin embargo,
su biodiversidad se ve afectada por la pandemia del
SIDA, los huracanes, la deforestación con la
destrucción de bosques y la degradación de la
tierra, cuyo significado no es sólo el perjuicio a
la riqueza natural, con disminución de alimentos y
agua, sino que, también, está perdiendo material
genético para el futuro del desarrollo humano.
Esta situación
afecta al hombre en todas las edades, pero los más
vulnerables son los niños y ancianos. El
envejecimiento de la población es uno de los mayores
triunfos de la humanidad y como paradoja uno de sus
grandes desafíos.
En el año 2002
casi 400 millones de los adultos mayores que
existían en el mundo vivían en países en vías de
desarrollo, y según proyecciones demográficas, para
el 2025 esta cifra alcanzará los 840 millones de
personas mayores de 60 años. Asia será la región con
mayor número de adultos mayores.
Los países
desarrollados lograron enriquecerse con la
explotación colonial antes de envejecer su
población, mientras que los países del Tercer Mundo
envejecen sin lograr el desarrollo. Cómo van a
enfrentar el envejecimiento de su población, en una
época en que les coinciden patrones de enfermedades
transmisibles, con las crónicas, junto a las
discapacidades y fragilidad que generan.
No olvidemos que
la salud no es sólo la ausencia de enfermedades,
sino el goce de un bienestar físico, psíquico y
social.
La política de
envejecimiento activo debe tener en cuenta los
derechos de los adultos mayores, promulgados en 1991
por las Naciones Unidas que plantea su
independencia, su derecho a la participación, a
disponer de cuidados, a la autorrealización y a la
dignidad. Esta Declaración es muy importante porque
en la mayoría de los países del Caribe, los adultos
mayores, junto con los niños, son los más
vulnerables en los desastres naturales y en las
guerras. Y figuran entre los que no tienen acceso ni
equidad en los servicios de salud.
En cuanto a la
calidad de vida hay marcada falta de igualdad en la
región, donde la tercera edad presenta desventajas.
En la industria, tienen poca participación, porque
entre otras razones, las nuevas tecnologías los van
dejando a la zaga. En lo que corresponde al turismo
le dan pocas oportunidades, puesto que la imagen que
venden es la de la juventud. Así, en el sector de
servicios le queda al adulto mayor el mercado
informal de productos de poca influencia en la
sociedad y la labor agrícola.
En esta última la
densidad de población, la competencia y el desempleo
desempeñan un papel fundamental, porque, aunque
cuenta con la mayor experiencia, sus rendimientos,
por lo general, no se igualan a los de trabajadores
más jóvenes.
De ahí que sean
quienes en mayor número sufran los padecimientos de
enfermedades y la pobreza. Sin embargo, el adulto
mayor tiene mucha importancia en la utilización y
preservación de la diversidad biológica.
Principalmente
por la experiencia y la información que acumula
sobre cómo se ha estado afectando esta riqueza
natural, en particular por la propia actividad del
hombre, con la correspondiente pérdida en la calidad
de vida.
Los esfuerzos por
mejorar la protección del medio ambiente son
mutuamente complementarios con el resto de las
condicionantes enunciadas para alcanzar la
prolongación de la existencia y construir la base
del desarrollo sostenible futuro. Cuando tener 120
años no será una excepción.
(Más información
redac2@granmai.cip.cu).
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