Las caídas hay
que prevenirlas
POR JOAQUIN ORAMAS
EN más de una ocasión los profesores que
promueven la filosofía del cuidado permanente de la
salud a fin de prolongar la vida y poder llegar a
los 120 años se refieren a la necesidad de crear una
cultura de la actividad física.
Y reiteran la importancia de realizar ejercicios
con continuidad, cualquiera que sea la edad, pero
llaman la atención sobre el asunto, pues siempre
deben estar adecuados a la edad y condiciones de
cada cual. Si va a levantar pesas, por ejemplo, lo
razonable es asesorarse sobre el peso y la
frecuencia con que debe realizarlo.
También en ejercicios tan populares como correr o
las caminatas rápidas. Son muy buenos para el
corazón y ayudan a eliminar grasa en el organismo,
entre otros beneficios. Pero...¡cuidado¡ porque hay
otras partes del cuerpo que se pueden afectar si
estos ejercicios no se hacen con los zapatos
adecuados y la moderación necesaria.
Quienes rebasan los 60 años conocen el valor de
las rodillas, que quisieran sean más fuertes y dicen
sorprendidos: "Pero si yo corría".
Sin embargo, lo más probable es que no se
ajustaban a la regla elemental de ejercitarse sin
dañarlas. De ahí que los médicos reiteren la
necesidad de que tanto los jóvenes como los mayores
tomen las medidas para evitar accidentes. Hay ideas
instaladas en la sociedad que son falsas y
peligrosas. Una de ellas es considerar normal que
las personas adultas mayores se caigan
frecuentemente. Sin embargo, los especialistas
alertan sobre los cuidados que deben adoptar para
evitar este tipo de situaciones porque muchas de las
causas son modificables, mientras las consecuencias
comprometen seriamente la salud de las personas,
particularmente a los adultos mayores.
En el extremo de los peligros, las estadísticas
indican que en la población mayor los accidentes son
la quinta causa de muerte y el 70% de las mismas se
debe a caídas. En el resto de los casos ocasionan
desde heridas leves hasta fracturas o lesiones; y,
además, pueden ser el punto de partida de trastornos
psicológicos como ansiedad, restricción de las
actividades, temores, pérdida de confianza y
autonomía.
"Salvo que sea una causa externa (por ejemplo,
una persona que es atropellada mientras cruza una
calle), a la caída hay que tomarla como un síntoma.
Las personas mayores tienen más posibilidades de
caerse, pero no es normal que ocurra. Por eso, hay
que buscar las causas", afirma el doctor Hugo
Schifis, secretario general de la Sociedad Argentina
de Gerontología y Geriatría (SAGG).
En general, los parientes y los propios afectados
no suelen asistir a consulta ante una caída sin
complicaciones. Se la interpreta como una
consecuencia de la vejez. Sin embargo, los
especialistas aclaran que es tarea del médico
prestar atención e indagar ante los hechos. "Es
importante realizar una historia clínica detallada
de las circunstancias que dieron lugar a la caída y
un examen físico. Y se deben buscar los factores que
las predisponen para tomar las medidas de prevención
necesarias", amplía.
Está estudiado que un tercio de los mayores de 65
años se caen una o varias veces al año; y más del
50% lo hacen en forma repetida. Además, las
estadísticas indican que, de todos los que se caen,
el 15% necesita atención por lesiones o heridas
leves; el 5% tiene fracturas y, de ellos, sólo el 1%
es una fractura de cadera.
Sin lugar a dudas, la fractura de cadera es la
más peligrosa de las complicaciones y siempre exige
una operación.
Además de las complicaciones médicas en el caso
de las lesiones o fracturas, las caídas también
pueden originar trastornos psicológicos y sociales.
"El síndrome postcaída es muy importante porque la
persona que se cae, sobre todo el fracturado, tiene
miedo de volver a caerse. Al quedarse en casa,
aumenta la inmovilidad, se atrofian los músculos,
pierde fuerza, agilidad y se va aislando
socialmente.
Los cuidados para evitar estos accidentes
contribuyen a que haya menos obstáculos en el camino
de los 120 años.
(Para
más información
redac2@granmai.cip.cu)