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Huracán Iván augura lo peor
Stephen Leahy
(Tomado de Juventud Rebelde)
El
huracán Iván, esa poderosa tormenta que mató a por
lo menos 120 personas en el Caribe y en el sur de
Estados Unidos, podría ser apenas uno de los
primeros en una serie de fenómenos climáticos
devastadores atribuibles al recalentamiento
planetario.

“Debemos esperar
más huracanes tropicales y ciclones a medida que la
Tierra se vaya recalentando”, alertó el científico
James McCarthy, profesor de Oceanografía en la
estadounidense Universidad de Harvard.
Vastas zonas
oceánicas del planeta se acercan a los 27 grados
centígrados, e incluso superan esa temperatura en el
verano, lo que aumenta las probabilidades de este
tipo de tormentas, dijo el experto a IPS. Cuando el
agua se calienta a tal grado, la evaporación es
mayor y propicia la formación de huracanes y
ciclones de gran intensidad.
En los últimos
cien años, la Tierra se calentó unos seis grados
centígrados, según el informe presentado en 2001 por
el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC),
organismo científico internacional que estudia el
vínculo entre la actividad humana y el
recalentamiento.
Tras atender
informes de más de 2 500 científicos de unos cien
países, el IPCC concluyó que la emisión de dióxido
de carbono y otros gases actúa como una sábana que
impide a gran parte de la energía solar que alcanza
la Tierra abandonar la atmósfera y disiparse luego
en el espacio. La energía retenida es absorbida por
los océanos y por los continentes, recalentando el
planeta y causando el llamado “efecto invernadero”.
El dióxido de
carbono es liberado en la atmósfera por la quema de
combustibles fósiles como los derivados del
petróleo, el gas y el carbón. Algunos gobiernos se
resisten a reducir esas emisiones por presiones de
sectores vinculados con la industria, el transporte
y la energía, advierten ambientalistas.
Una de las
pruebas del recalentamiento de las aguas planetarias
es que el nivel mundial de los océanos y mares
aumentó 3,1 centímetros en los últimos diez años,
señaló el jefe de la Sección de Análisis Climático
del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas
de Estados Unidos, Kevin Trenberth. Se calcula que
el nivel del mar del planeta aumentará unos 50
centímetros para el 2100.
Pero el aumento
de la temperatura de océanos y mares del planeta no
es uniforme. El Atlántico norte y el Pacífico norte
son los que se calientan más despacio, en tanto que
las aguas del Caribe se calentaron rápidamente en
los últimos años.
“El
recalentamiento planetario crea condiciones
favorables para la formación de huracanes, y cada
vez más fuertes. Esa es la conclusión lógica, aunque
pueda ser un poco polémica”, alertó Trenberth.
Hay abundante
evidencia de un aumento de fenómenos climáticos
graves en la última década en todo el mundo, dijo a
su vez McCarthy. En 1998, el huracán Mitch mató a
cerca de 20 000 personas en América Central. Más de
4 000 murieron en China ese mismo año por
inundaciones. Al año siguiente, Bangladesh sufrió
unas las peores inundaciones de su historia, al
igual que Venezuela. Europa fue azotada por
inundaciones sin precedentes en 2002, y una ola de
calor también única en 2003.
“Los registros
sobre el clima ahora cambian cada vez más rápido.
Estamos en una era de sucesos climáticos sin
precedentes”, subrayó McCarthy. El científico señaló
que los patrones históricos del clima son cada vez
más inservibles para predecir el futuro, pues el
recalentamiento planetario ha cambiado las
condiciones de la atmósfera y los océanos. “En 30 ó
50 años, el clima de la Tierra será por completo
diferente”, pronosticó.
Lo que no ha
cambiado en Estados Unidos es la falta de interés en
el cambio climático, señaló el periodista Ross
Gelbspan, ganador del premio Pulitzer y autor de dos
libros sobre el tema. Se necesita una urgente
reducción de al menos 70 por ciento de los gases
invernadero para minimizar el impacto en el
ambiente, sostuvo Gelbspan.
El periodista
lamentó que, a pesar de los últimos huracanes, el
recalentamiento planetario sigue fuera del radar de
la campaña electoral estadounidense.
Gelbspan atribuyó
este desinterés al poder de las industrias. “Las
industrias del petróleo y del cobre en Estados
Unidos reciben más de 20 000 millones de dólares al
año en subsidios. Imagine lo que se podría hacer si
ese dinero fuera invertido en energías limpias”,
señaló. (Fragmentos. Tomado de
IPS) |