Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


N O T I C I A S

La Habana. 30 de Septiembre de 2004

Cuba no claudicará en la defensa de su independencia

 Informe de Cuba sobre la Resolución 58/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas “ Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba
La Habana, 30 de septiembre del 2004

INTRODUCCIÓN

La acumulación de más de cuatro décadas de sufrimiento para el pueblo cubano, por su decisión soberana de resistir el bloqueo que le ha sido impuesto, preservando su independencia, y sin renunciar a su derecho de construir un modelo de desarrollo propio, es un asunto que la Administración del presidente George W. Bush maneja con absoluto desprecio.

La condena desde hace 12 años, que hoy es prácticamente unánime, por la Asamblea General de la ONU a ese engranaje genocida que eufemísticamente las autoridades norteamericanas llaman “embargo”, es continuamente burlada.

El gobierno del presidente George W. Bush tampoco presta atención al cuestionamiento que su política hacia Cuba genera en amplios sectores de la sociedad norteamericana que, cada vez con mayor determinación, exigen el cambio de la misma. Tal política no solo pretende asfixiar al pueblo cubano y afectar sus relaciones con terceros países, sino también prohíbe y restringe libertades esenciales para el pueblo estadounidense, incluso algunas de rango constitucional.

El período que analiza este informe (segundo semestre del año 2003 y primer semestre del año en curso), pasará a la historia como uno de los de mayor virulencia en el colosal crimen que lleva por nombre “Bloqueo”.

Las nuevas medidas articuladas durante este período por el gobierno norteamericano, se añaden al entramado de leyes y regulaciones que han conformado el bloqueo contra Cuba por más de cuatro décadas y evidencian su desesperación tras el fracaso de sus intentos de aislarla y rendir por hambre y enfermedades al pueblo cubano. Tienen el objetivo de hacer realidad el designio de dominación a la nación cubana que ha guiado por más de un siglo la actuación de los sectores de la ultraderecha norteamericana.

Tales medidas persiguen, además, saciar el odio y sed de venganza de un grupo minoritario y extremista de origen cubano que no repara en acudir a prácticas terroristas contra el pueblo de la Isla, y con el que el presidente George W. Bush mantiene una deuda de gratitud por su participación directa en la organización y consumación del fraude en las elecciones del año 2000 en el Estado de la Florida.

Entre los hechos más relevantes que marcan la etapa comprendida por este informe se encuentran:

• El 30 de septiembre de 2003, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió una regulación para prohibir la publicación de artículos científicos provenientes de aquellos países sujetos a un régimen de sanciones por el gobierno de los Estados Unidos, entre los que se encuentra Cuba. Lo hizo, bajo el pretexto de que el proceso de edición, es decir, “la revisión, modificación y publicación” resultaría en un “servicio” que suma valor a los artículos en cuestión, lo que violaría la Ley de Comercio con el Enemigo. Luego de fuertes presiones de la comunidad científica y académica estadounidense, la medida fue suspendida el 5 de abril del 2004.

• El 10 de octubre de 2003, el presidente George W. Bush anunció, desde la Casa Blanca, la creación de la llamada “Comisión de Ayuda a una Cuba Libre” y el incremento de los controles y mayor vigilancia para la aplicación de las prohibiciones de viajes a Cuba.

• El 9 de febrero de 2004, el Secretario del Tesoro norteamericano, John Snow, en una nueva medida de carácter extraterritorial, anunció en la ciudad de Miami el bloqueo inmediato por la OFAC de los bienes bajo jurisdicción estadounidense de diez empresas de “propiedad del gobierno cubano o controladas por el gobierno o nacionales cubanos”, que se especializaban en la promoción de viajes a Cuba y el envío de regalos. Ello incluía entidades organizadas y localizadas en Argentina, Bahamas, Canadá, Chile, Holanda y el Reino Unido.

Ese mismo día, dicho funcionario realizó un recuento sobre el grado de aplicación de la decisión del Presidente estadounidense de incrementar los controles a los viajes a Cuba, detallando el número de vuelos inspeccionados, las multas impuestas y los decomisos realizados.

• El 26 de febrero de 2004, el presidente George W. Bush firmó la Proclama Presidencial 7757 que restringe la salida del territorio de los Estados Unidos de las embarcaciones que tienen intención de entrar a Cuba. Las regulaciones para su puesta en vigor, emitidas por el Servicio de Guar-dacostas el 8 de julio del 2004, declaran abiertamente que el objetivo que estas persiguen es “mejorar la aplicación del embargo contra el gobierno de Cuba”. Se prevén sanciones de hasta 25 000 dólares, o cinco años de prisión, o ambas, así como la confiscación de las embarcaciones de los infractores.

• En este período, el gobierno norteamericano desató fuertes presiones sobre instituciones bancarias de terceros países para obstaculizar e impedir las operaciones financieras cubanas. Cuba utiliza esos ingresos en divisas para realizar sus operaciones de importación de medicinas, alimentos y otros bienes de consumo y de los insumos necesarios para el funcionamiento de su economía y servicios sociales básicos.

En fecha reciente, el gobierno de los Estados Unidos impuso una multa de 100 millones de dólares a la entidad bancaria suiza UBS, por realizar transacciones financieras en dólares con determinados países, entre ellos Cuba.

• El 6 de mayo de 2004, el presidente George W. Bush aprobó en su totalidad el Informe de la llamada “Comisión de Ayuda a una Cuba Libre”, que incluye unas 450 recomendaciones y propuestas de nuevas medidas para derrocar a la Revolución Cubana  e instaurar un régimen títere bajo el control total de los Estados Unidos, que ejercería la completa dominación sobre la nación cubana.

• Finalmente, el 30 de junio de 2004, entraron en vigor las regulaciones que endurecen las medidas anunciadas el 6 de mayo, que constituyen una violación de la independencia y la soberanía cubana, y una escalada sin precedentes de las violaciones masivas y flagrantes de los derechos humanos de la población cubana, de los cubanos que residen en los Estados Unidos y de los propios ciudadanos estadounidenses.

El bloqueo económico, financiero y comercial que diez administraciones estadounidenses han venido aplicando y fortaleciendo contra Cuba, y que comprende hoy un complejo entramado de leyes y reglamentaciones, forma parte de toda una política de hostilidad y agresiones contra la existencia misma de la nación cubana, entendida esta como un proyecto de construcción soberano e independiente de los cubanos y para los cubanos.

La voraz apetencia de los Estados Unidos por Cuba y sus recursos naturales y humanos se remonta al surgimiento mismo de la Unión Americana, cuando se iniciaron esfuerzos por anexarse a Cuba a través de las vías más disímiles, que incluyeron desde fracasados intentos de compra, pasando por el estímulo y apoyo a fuerzas anexionistas dentro de la colonia española, hasta la intervención y ocupación militar directa.

Nunca los gobiernos norteamericanos del siglo XIX reconocieron a la República de Cuba en Armas. Por el contrario, obstaculizaron e interrumpieron en varias oportunidades los canales de envío del apoyo que su pueblo y los cubanos emigrados en ese país procuraron a la causa redentora del pueblo cubano.

Tras la intervención militar norteamericana en 1898, que arrebató a los cubanos el derecho ganado a ser libres tras 30 años de desigual batalla, nació una “república” en Cuba sometida al tutelaje humillante de una enmienda constitucional, la Enmienda Platt, que legitimaba la entidad neocolonial de la Isla. Durante más de medio siglo, las administraciones estadounidenses sometieron al pueblo cubano a su dominación imperial y a la explotación del patrimonio nacional por sus monopolios, gracias a la complicidad y sometimiento de sucesivos gobiernos corruptos. Asimismo, impusieron brutales dictaduras militares cuando fue necesario acallar con sangre las justas reivindicaciones y el profundo sentimiento antiimperialista que se consolidó en el pueblo cubano.

Una oligarquía criolla dependiente y beneficiaria de las estructuras de control neocolonial del país, demostró su incapacidad para encabezar y ni siquiera acompañar un proyecto de genuino desarrollo nacional.

Con el triunfo de una profunda revolución social en 1959, los círculos imperialistas en Estados Unidos, que ejercieron el control de la Isla y que rápidamente percibieron el ejemplo de la Revolución Cubana como un claro desafío a sus planes de dominación hegemónica, decidieron utilizar su poder, a través de sucesivas administraciones republicanas y demócratas, para iniciar, sostener y recrudecer con el paso de los años, una guerra no declarada, destinada a reimponer su dominación a la nación cubana, y si ello no fuera posible, simplemente exterminarla en su rebeldía.

La guerra en las esferas económica, comercial y financiera se inició contra Cuba aun antes de que el gobierno revolucionario adoptara cualquier medida que afectara a las compañías norteamericanas, que controlaban la vida económica del país.

A la par del estímulo, organización y financiamiento de una invasión mercenaria por Playa Girón (Bahía de Cochinos), numerosos actos de terrorismo —incluidos sabotajes contra objetivos económicos y sociales, atentados para asesinar a los principales dirigentes, ataques armados contra poblaciones y familias indefensas, hasta acciones de agresión bacteriológica—, campañas mediáticas de mentiras furibundas contra la Revolución Cubana, aliento a la subversión y financiamiento a la contrarrevolución externa y en el interior de la Isla y el cruel estímulo a la emigración ilegal, fue tomando cuerpo la compleja y tenebrosa red de medidas, leyes y programas que hoy conforman el bloqueo unilateral de Estados Unidos contra el pueblo cubano.

En 1992 se aprobó la Ley Torricelli, que abruptamente cortó el comercio de medicinas y alimentos de Cuba con las subsidiarias de compañías estadounidenses asentadas fuera del territorio norteamericano, y estableció severas prohibiciones a la navegación marítima desde y hacia Cuba, institucionalizando con fuerza de ley, claras disposiciones extraterritoriales.

La aplicación de la Ley Torricelli significó un duro golpe al pueblo cubano. Fue concebida con el cínico y criminal propósito de dar la estocada final y arruinar la economía nacional, que atravesaba graves dificultades tras la abrupta ruptura de sus relaciones económicas, comerciales y de colaboración con la ex Unión Soviética y los antiguos países socialistas de Europa Oriental. Como esa apuesta por el colapso de la Revolución Cubana se convirtió en un nuevo fracaso de la política de hostilidad anticubana de los gobiernos de Estados Unidos, se decidió entonces escalar la guerra económica, política y diplomática contra la nación cubana a niveles sin precedentes en la historia de la política exterior de Estados Unidos.

En 1996 se adoptó la Ley Helms-Burton que, entre otras cuestiones perfecciona hasta el detalle los mecanismos de represión al más mínimo vínculo económico, comercial y financiero de empresas norteamericanas con la Isla; incrementa el número y alcance de las disposiciones de efecto extraterritorial con el objetivo de perseguir cualquier transacción o negocio que beneficie a la economía cubana; persigue y sanciona a los inversionistas extranjeros en Cuba; autoriza el financiamiento de acciones hostiles, subversivas y agresivas contra el pueblo cubano, entre ellas la guerra radioelectrónica de desinformación, perfeccionando las transmisiones de las mal llamadas Tele y Radio “Martí”; plantea un programa dirigido a destruir el sistema constitucional que se ha dado el pueblo cubano y a imponer un “cambio de régimen” que garantice la realización de los objetivos de dominación de los círculos imperialistas de Estados Unidos a la nación cubana.

A partir de entonces, se fueron sumando, una tras otra, en una larga lista, nuevas acciones y medidas de hostilidad y agresión, tratando de tapar cualquier orificio o grieta que se detectara en el cerco o muro de sanciones creadas para bloquear a Cuba.

Según cifras actualizadas en el 2004 por la Oficina Nacional de Estadísticas de la República de Cuba, el 69 % de la población residente en el país nació después de 1959, por lo que aproximadamente siete de cada diez cubanos han nacido y vivido bajo el régimen de sanciones unilaterales del bloqueo norteamericano.

La evaluación económica de los daños directos sufridos por el pueblo cubano por la aplicación del bloqueo, efectuada por el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, con la participación de especialistas de diversos ministerios, empresas y otras instituciones cubanas, revela que estos superan la cifra de 79 325.2 millones de dólares.

Debe destacarse que en dicho cálculo solo se contemplan los daños directos ocasionados a nuestra economía, no así la mayor parte de los perjuicios económicos indirectos que se derivan de estas afectaciones.1 Si el país hubiera podido disponer de esos recursos, los mismos habrían tenido un efecto multiplicador en la elevación del nivel de vida de su población.

No se incluye, por ejemplo, el valor de los productos dejados de producir por las restricciones, o las onerosas condiciones que se le imponen a Cuba para la obtención de créditos de inversiones, comercio, bancarios e internacionales. De haber podido acceder en los niveles y condiciones promedio al financiamiento otorgado a otros países de similar nivel de desarrollo económico en la región, la economía del país mostraría un grado muy superior de desarrollo.2

Resulta inconcebible que en una coyuntura en que la comunidad internacional aúna esfuerzos de cooperación para alcanzar esenciales e impostergables metas de desarrollo para todos, el país más poderoso económica y militarmente del mundo, por mezquinos intereses de política interna y de dominación mundial, insista en escamotear los escasos recursos que podrían hacer más pleno el bienestar y rápido el progreso de un pueblo, que ha demostrado de modo fehaciente, su voluntad de compartir, sin condicionamientos, sus modestos logros y realizaciones con cualquier otro pueblo del planeta.

Cuba no representa una amenaza o peligro alguno para los Estados Unidos. El mundo y amplios sectores de la sociedad norteamericana, lo conocen perfectamente. Tampoco son muchos los que siguen engañados por el falso y fariseo pretexto de acudir a la supuesta defensa de los derechos humanos para justificar la hostilidad feroz contra el pueblo cubano.

¿Cómo podría pretender arrogarse el título de defensor de los derechos humanos del pueblo cubano, el gobierno que es responsable de las más atroces y premeditadas agresiones contra las políticas y programas dirigidos a promover el desarrollo económico y social, el bienestar, la seguridad y el derecho a la vida de los cubanos y cubanas?

¿Cómo podría adelantar la “democracia” en cualquier parte del mundo, el gobierno que fabrica mentiras como pretexto a sus “guerras preventivas”, que en realidad son guerras imperialistas para el control de recursos y de zonas geográficas de elevada importancia estratégica?

¿A quién podría convencer de su apego al “estado de derecho”, el gobierno que pisotea las normas básicas del derecho internacional y desprecia los acuerdos alcanzados en espacios multilaterales tan importantes y universales como la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio, el mismo que reclama su inmunidad frente a las disposiciones de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, para asegurarse la impunidad por las brutales y humillantes prácticas instruidas por sus autoridades para el tratamiento a prisioneros en Iraq o a los que permanecen detenidos arbitrariamente en los campos de concentración establecidos en el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval estadounidense en la bahía cubana de Guantánamo?

¿Cómo podría “asistir” al progreso y bienestar del pueblo cubano un gobierno que ha agravado las desigualdades e injusticias al interior de la sociedad norteamericana, que ha apoyado el desmantelamiento de los programas de acción afirmativa a favor de minorías desfavorecidas y relegadas —como sus ciudadanos de origen latino y los afroamericanos— y que con sus políticas sociales y fiscales a favor de los ricos, ha incrementado el número de norteamericanos sin seguro médico a un ritmo de un nuevo millón cada año?

Resultaría imposible para la Administración de Bush sostener su política de hostilidad, bloqueo y agresiones contra Cuba en una supuesta necesidad de promover y proteger los derechos humanos en la Isla. El gobierno que más ha contribuido, en menos tiempo, al descalabro y descrédito del sistema internacional de promoción y protección de los derechos humanos no tiene ni credibilidad, ni moral, ni derecho para ello.

El pueblo de Cuba rechaza el modelo de organización política y social que intenta restablecer en la Isla el gobierno de Estados Unidos para recuperar sus mecanismos de injerencia y dominación, así como las recetas neoliberales que pretende imponer a la reorganización y conducción de su economía. Los cubanos y cubanas consideran que el esquema que le proponen los círculos de poder de la superpotencia no resuelve los problemas, necesidades e intereses históricos de la nación cubana, ni responde a sus aspiraciones de seguir construyendo una sociedad más justa, democrática y equitativa.

Conforme a lo dispuesto en el inciso (c) del artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948, el bloqueo impuesto por el gobierno norteamericano contra Cuba califica como un acto de genocidio y, por consiguiente, constituye un delito de Derecho Internacional.

La condena a cualquier acto de genocidio y la necesidad de ponerle fin, no permiten posturas ambiguas. El pueblo cubano no puede comulgar con intento alguno de mediatizar el nivel de rechazo al bloqueo brutal al que es sometido.

Cuba confía en que una abrumadora mayoría de gobiernos de todo el mundo, como lo hacen los pueblos y las personas dignas y honestas de las más diversas latitudes, siga reconociendo la importancia vital de oponerse a la continuidad de una ilegal política de hostilidad y agresiones unilaterales, que socava los cimientos mismos del multilateralismo.

Aunque el pueblo cubano conoce perfectamente que su principal garantía de existencia y desarrollo como nación soberana e independiente, radica en su determinación de unidad, resistencia y victoria frente a cualquier amenaza o agresión, agradece sinceramente el apoyo y solidaridad de la comunidad internacional. Tal respaldo, además de servir de claro estímulo ético, moral y de derecho, demuestra que la batalla que hoy libra tiene una trascendencia universal y sirve al objetivo común de alcanzar un mundo mejor que, además de posible, resulta imprescindible para la supervivencia de la humanidad.

Este informe dedica un amplio capítulo a las nuevas medidas anunciadas el 6 de mayo y a las regulaciones de su implementación, dadas a conocer el pasado 16 de junio, por la trascendencia que estas poseen para el recrudecimiento del bloqueo. Asimismo, agrupa en otros seis capítulos, un conjunto de ejemplos que prueban de manera irrefutable que el bloqueo es un engendro vivo que afecta dolorosamente la cotidianidad del pueblo cubano.

1.- NUEVAS MEDIDAS CONTRA EL PUEBLO Y LA ECONOMÍA DE CUBA

Como si no fueran suficientes las pruebas presentadas por el gobierno estadounidense de su menosprecio por el presente y futuro del pueblo cubano, de su irrespeto a la voluntad de la comunidad internacional y de su burla al legítimo interés del pueblo norteamericano de establecer una relación normal y razonable con Cuba, el 6 de mayo de 2004 se anunciaron nuevas medidas, en la presentación que el presidente George W. Bush hiciera del Informe de la llamada “Comisión de Ayuda a una Cuba Libre”. Este informe  es un plan del gobierno de los Estados Unidos, dirigido a privar a Cuba de su independencia y soberanía mediante la intensificación de la agresión económica y política con el propósito de lograr la desestabilización interna, propiciar la intervención directa para destruir la Revolución y perpetuar la dominación de los Estados Unidos sobre el pueblo de Cuba.

El Informe contiene nuevas medidas descarnadamente injerencistas y humillantes para el pueblo de Cuba que recrudecen  de manera notable el bloqueo económico contra el país y las violaciones de los derechos humanos de sus habitantes, de los cubanos residentes en los Estados Unidos y de los propios ciudadanos estadounidenses.

Con ellas se incrementan las injustas y discriminatorias restricciones impuestas a los cubanos residentes en los Estados Unidos, el único grupo nacional respecto al cual el gobierno de ese país, en abierta violación de su Constitución, se arroga la facultad de determinar sobre las relaciones que puedan mantener con sus familiares y con su país de origen.

En seis capítulos y más de 450 páginas dicho Informe, además de recrudecer el curso agresivo de la política  contra Cuba, expandir el bloqueo y pretender aplicar el “cambio de régimen” viola groseramente la soberanía cubana al definir cómo deben ser sus estructuras estatal y económica, su sistema político, su organización social y su ordenamiento jurídico. Este no podría contener más mentiras, rencor, frustraciones e injerencia en los asuntos internos de Cuba.

Más restricciones a los viajes a Cuba

Entre las nuevas medidas anticubanas anunciadas el pasado 6 de mayo y cuya implementación la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos dio a conocer el 16 de junio, se incluyen varias acciones y disposiciones encaminadas a fortalecer aún más las ya draconianas restricciones de los viajes a Cuba de los ciudadanos norteamericanos y de  los cubanos residentes en territorio estadounidense, acrecentando las limitaciones a las relaciones familiares y a erosionar, aún más, importantes fuentes de ingreso para la Isla, en particular, aquellas vinculadas con su principal industria: la turística.

La Administración de Bush decidió:

• Continuar restringiendo el otorgamiento de licencias para viajes educacionales y de intercambio académico a ciudadanos e instituciones norteamericanas, limitándolos a nivel universitario, a más de diez semanas de estancia, y haciéndolas depender únicamente de que los proyectos académicos “apoyen directamente los objetivos de la política estadounidense” hacia Cuba, en otras palabras, el derrocamiento de la Revolución Cubana.

• Eliminar la posibilidad de que los ciudadanos norteamericanos viajen como “invitados con los gastos pagados” (fully hosted).

• Reducir las visitas a la Isla de cubanos residentes en Estados Unidos, de un viaje anual, a uno cada tres años. Se estableció, adicionalmente, la necesidad de un permiso específico para cada viaje, en lugar de la licencia general que funcionó hasta la aplicación de las nuevas restricciones. Ello constituye un ataque directo a la reunificación y relaciones de las familias cubanas.

• Establecer que  los cubanos recién llegados a Estados Unidos, solo podrán viajar a Cuba luego de tres años de haber emigrado.

• No se permitirían viajes excepcionales aunque haya situaciones apremiantes.

• Limitar la estancia de cubanos residentes en Estados Unidos en sus visitas a Cuba a 14 días.

• Limitar el número de cubanos residentes en Estados Unidos con derecho a visitar Cuba, a partir de una reducción arbitraria de las categorías de familiares que son aceptados legalmente como miembros de una familia cubana. El gobierno norteamericano decretó que los familiares que podrán ser visitados en Cuba se restringirán a: “abuelos, nietos, padres, hermanos, esposos e hijos”. Es decir, en lo adelante, un primo, una tía u otro familiar cercano, no serán considerados elegibles para ser visitados, independientemente del nivel de cercanía afectiva y emocional que tengan con los cubanos que residen en Estados Unidos.

• Disminuir la cantidad de dinero que podrán gastar los cubanos residentes en Estados Unidos durante sus visitas a Cuba, de 164 a 50 dólares diarios. Solo se autorizará el monto de 50 dólares para gastos de transportación interna en el país durante los 14 días de estancia.

• Eliminar la licencia que autorizaba a importar a Estados Unidos un máximo de 100 dólares en mercancías cubanas, solo para uso o consumo personal. Quedó entonces terminantemente prohibido a los viajeros procedentes de Cuba, ingresar a su regreso a Estados Unidos cualquier artículo adquirido en Cuba, independientemente de que el mismo haya sido comprado o recibido como regalo.

• Limitar a 44 libras (19,8 kg) el peso del equipaje permitido a un viajero autorizado a visitar Cuba, salvo que la OFAC le autorice expresamente a llevar un peso mayor.

• Eliminar las licencias generales otorgadas para la participación en competencias amateur y semiprofesionales organizadas en Cuba, con el auspicio de una federación internacional deportiva. En lo adelante, la OFAC autorizará tales actividades solo bajo una licencia específica y después de darles consideración caso a caso. También quedó eliminada la posibilidad de participar en talleres y clínicas especializadas, ya sean relacionadas con los deportes u otras actividades.

• Apoyar las acciones en terceros países emisores de turismo a Cuba, para desestimular las visitas de sus nacionales a la Isla.

Con las nuevas restricciones y prohibiciones de viajes a los ciudadanos norteamericanos y a los cubanos residentes en los Estados Unidos y a contrapelo de la voluntad mayoritaria del Congreso expresada en votaciones durante los últimos cuatro años,  el gobierno norteamericano socava, una vez más, derechos humanos básicos consagrados en la Carta Internacional de Derechos Humanos, tanto en la propia Declaración Universal de Derechos Humanos, como en ambos Pactos Inter-nacionales. Es flagrante la violación del Artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en lo que respecta a la libertad de viajar a la que son acreedoras las personas que tienen legalizada su situación en cualquier Estado, principio que fuera reafirmado por la Asamblea General mediante su Resolución 57/227, titulada “Respeto del derecho a la libertad universal de viajar e importancia vital de la reunificación de las familias”.

Por dicha resolución, el más representativo órgano principal de las Naciones Unidas exhortó a todos los Estados a garantizar “la libertad universalmente reconocida de viajar a todos los ciudadanos de otros países que residan legalmente en su territorio”, y reafirmó que “todos los gobiernos, y en particular los de los países de acogida, deben reconocer la importancia vital de la reunificación de las familias y promover su incorporación en la legislación nacional, a fin de que se proteja la unidad de las familias de los inmigrantes documentados”. 3

Ningún pueblo, como el cubano, ha sido sometido a tanta discriminación y manipulación política de sus relaciones migratorias por sucesivos gobiernos de Estados Unidos. En virtud de la criminal Ley de Ajuste Cubano y otras disposiciones gubernamentales, las autoridades norteamericanas someten los vínculos migratorios bilaterales a sus intereses de desestabilización y descrédito de la Revolución Cubana. Al cubano que logre arribar ilegalmente al territorio norteamericano —independientemente de que la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana le hubiese negado la visa para emigrar, o que hubiese cometido en el contexto de su travesía irregular hacia Estados Unidos algún delito contra las personas o los bienes— se le acogerá y reconocerá automáticamente su residencia legal en ese país.

Las recientes medidas adoptadas por la Administración de Bush, que agravan el tratamiento discriminatorio a la comunidad de emigrados cubanos, demuestran que el tan proclamado tratamiento preferencial que reciben los cubanos que emigran ilegalmente a ese país, así como aquellos que se benefician del número limitado de cuotas disponibles para la emigración legal y ordenada, no tiene una motivación humanitaria, sino de manipulación política.

Además de contrarias al ejercicio pleno de los derechos humanos, las restricciones y prohibiciones a los viajes que la administración norteamericana refuerza con estas medidas, son ilegales en el contexto de las propias leyes estadounidenses. La cuestión de los viajes a Cuba no se circunscribe al ámbito de jurisdicción administrativa que un presidente estadounidense pueda variar a su albedrío. Este tema quedó sujeto a ley en ese país desde el año 2000.

La Administración de Bush ha hecho mucho más férrea la aplicación del bloqueo a Cuba. Incluso, a finales del pasado año senadores y representantes norteamericanos denunciaron públicamente que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) empleaba cinco veces más agentes para perseguir e investigar las violaciones a las leyes del bloqueo contra Cuba, que los que dedicaba a rastrear las finanzas de Al-Qaeda.

Entre 1990 y el 2003, la OFAC inició solamente 93 investigaciones relacionadas con el terrorismo internacional, mientras desató 10 683 pesquisas para impedir que los norteamericanos ejerzan su derecho de viajar a Cuba. Luego de las 93 investigaciones sobre el terrorismo, la OFAC multó con un total de 9 425 dólares a los inculpados. En cambio, penalizó con un total de 8 millones de dólares a los ciudadanos norteamericanos que habían visitado la Isla sin las licencias del Departamento del Tesoro.

En un informe de fecha 9 de febrero de 2004, que puede ser consultado en su página web, la OFAC se felicitaba porque su División de Penalidades Civiles tenía en ese momento una lista de 200 acciones relacionadas con violaciones del bloqueo a Cuba y por el hecho de que la mayoría de ellas habían resultado en sanciones monetarias. Además, anunciaba que entre el 10 de octubre y el 30 de noviembre de 2003, habían notificado 348 nuevas acciones penales por actividades de esta naturaleza.

Resulta común encontrar en la prensa norteamericana reportes y artículos relativos a procesos legales a los que han sido sometidos ciudadanos norteamericanos por visitar Cuba. En abril de 2004, por ejemplo, dos jubilados del Estado de Vermont, Wally y Bárbara Smith, se vieron obligados a pagar una multa por valor de 55 000 dólares. La OFAC los acusó de haber viajado a Cuba en cuatro ocasiones, gastar dinero en la Isla, y haber escrito un libro titulado Bicycling in Cuba, publicado en el 2002.

La paranoia de persecución a sus propios ciudadanos no conoce límites. A inicios de febrero de 2004, a Fred Burks y a su novia la OFAC les notificó que debían pagar una multa de 7 590 dólares, por haber visitado la Isla en diciembre de 1999. Fred Burks, quien ha trabajado como intérprete de los presidentes William Clinton y George W. Bush, rehusó pagar dicha multa, y ahora está pendiente de una nueva sanción, probablemente más grave.

Ya en marzo de 2003, la OFAC había anunciado que no renovaría las licencias para los viajes de intercambios educacionales, o sea, los llamados intercambios “pueblo a pueblo”. Como consecuencia evidente de la aplicación de esa restricción, desde enero del año en curso hasta el mes de junio, viajó a Cuba un 26 % menos de ciudadanos norteamericanos, en comparación con los que viajaron en el 2003 durante el mismo período. En el mes de julio, después de las nuevas medidas aprobadas por el presidente George W. Bush, la reducción respecto a julio de 2003 fue del 52,4 %.

Es bien conocido que desde hace aproximadamente cinco años, el turismo se convirtió en la principal fuente de ingresos de la economía cubana, que el desarrollo de este sector ha dinamizado al resto de las actividades económicas del país, y que una parte considerable de la población cubana complementa su sustento y recibe servicios sociales financiados, de modo directo o indirecto, con el desenvolvimiento de esta industria. También es de dominio público que la actividad turística en el último decenio ha experimentado un crecimiento promedio anual del 10 %, a pesar de los perniciosos efectos del bloqueo y de la crisis económica mundial.4 No es casual el hecho de que las nuevas medidas intenten sabotear y crear obstáculos adicionales a este vital sector de la economía cubana.

Estudios preliminares realizados por el Ministerio de Turismo de Cuba acerca del impacto previsible de las restricciones anunciadas el 6 de mayo, indican que el número de viajeros norteamericanos al país se reduciría considerablemente. Según cálculos de ese Ministerio, la contracción de los ingresos por tal motivo se ubicaría entre los 27 y los 38 millones de dólares. 5

En el caso de los viajeros de origen cubano, a los que las nuevas medidas no solo limitan la cantidad de veces que pueden visitar su país (de una vez al año a una cada tres años), sino también el monto de sus gastos en Cuba, el estudio del Ministerio de Turismo estimó que al término de 2004, las afectaciones que tendría el país ascenderían a 66 millones de dólares.

En resumen, a causa de las abusivas medidas descritas, a partir del 30 de junio de 2004, la economía cubana dejará de ingresar entre 93 y 104 millones de dólares en la esfera del turismo, sin contar los daños que ocasionarán las acciones que en terceros países alientan las autoridades norteamericanas para desestimular el turismo hacia Cuba, perjuicios que por el momento no han podido ser cuantificados.

SEGUNDA PARTE
 

 

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