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Muchas enfermedades surgen
por la mala nutrición
POR JOAQUIN ORAMAS
CON el afán de lograr la
longevidad satisfactoria e incluso para hacer
realidad el propósito de que hombres y mujeres
alcancen los 120 años o más de vida activa,
especialistas vaticinan que en el siglo XXI la
promoción de la salud encontrará nuevos aliados
entre los consumidores, las comunidades y la
industria.
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Una gran parte
de las enfermedades se origina por la mala
nutrición que
nos provee la industria especializada.
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Y al analizar este
prometedor asunto preguntan que en esta época en
cuáles circunstancias se recibirá la salud. ¿Como un
recurso social, un artículo de consumo o una meta
última de la vida?, extienden las interrogantes.
La relacionan con el estudio
de las tendencias poblacionales y de mercado,
buscando una forma de prever el futuro. En ese
contexto examinan la situación poblacional, asunto
básico para todo lineamiento de trabajo en el campo
de la salud.
Tienen en cuenta la
explosión de la natalidad ocurrida en el mundo
después de la Segunda Guerra Mundial, los avances de
la ciencia que permiten el aumento notable de la
población mundial, con más de seis mil millones de
habitantes en el planeta, donde hoy día suman mil
millones las personas cercanas a la tercera edad.
Nuevos conceptos originan
esta situación acompañada de desarrollo
especializado en la industria alimenticia y de la
producción de medicamentos. Y lo que es igualmente
significativo, la ciencia médica habla hoy con mayor
énfasis de prolongar la longevidad de los seres
humanos, incluso por primera vez en los medios
masivos de comunicación, de la posibilidad de llegar
a los 120 años o más con independencia de
actividades.
Recordemos que en la segunda
mitad de la centuria pasada la industria creció en
muchos países, paralela con el incremento de la
población en el mundo. En los años 50 ocurrió la
explosión de comidas fabricadas para consumo de los
bebés; en los 60 la producción de juguetes y calzado
destinados a los niños. Se extendieron los alimentos
enlatados y aparecieron los productos de rápida
elaboración.
Ya en los años 70 y 80 surge
el mayor boom de la historia en relación con los
inmuebles, porque los nacidos después de la Segunda
Guerra Mundial eran jóvenes y necesitaban viviendas,
muebles y otros enseres.
La edad de los mil millones
de personas nacidas en esa etapa oscila entre 37 y
55 años, en un mundo donde las comunicaciones y la
informática marcan el hito de la avanzada en el
desarrollo. Nace entonces la industria del bienestar
con la esperanza de superar las consecuencias del
comercialismo indiscriminado en sectores
relacionados con la salud.
Durante ese período casi se
duplicaron los casos de diabetes infantil, se
triplicaron los de enfermedades biliares y
quintuplicaron trastornos de la respiración
vinculados con la obesidad. Gran parte de esos
problemas podían evitarse si no hubiese primado en
la gran mayoría de los países el comercialismo en la
atención médica, la producción de alimentos,
medicamentos y hábitos inadecuados en la nutrición.
En EE.UU., por ejemplo, 1,4
trillones de dólares que se gastaron en atención
médica representan la séptima parte de la economía
norteamericana. Están enfocados en los ya enfermos y
tratar los síntomas de la enfermedad, pero sin
prioridad en la prevención de éstas y la cultura
general sobre cómo cada cual debe alimentarse para
evitarlas.
Mientras la industria
alimenticia moderna representa en el planeta
trillones de dólares anuales, el negocio de la
enfermedad alcanza cifra similar. Ambas revisten
marcada relación, porque una gran parte de las
enfermedades se origina por la mala nutrición que
nos provee la industria especializada.
Cada vez más se levantan
voces de especialistas que exigen cambios en esta
situación. Y ven una esperanza en la industria del
bienestar. (Más
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